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11.

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Heather.

Abro los ojos de un sopetón y los fijo en el techo un momento. Todo el cuerpo me tiembla y estoy sudada. Hace calor, demasiado calor. Parpadeo varias veces aterrizando en la realidad.

Oh, mierda.

Yo no... no acababa de soñar eso, ¿verdad? ¡¿Verdad?!

No es posible. Es una completa idiotez. Yo no pude haber soñado que lo hacía con Cole.

Sí lo hiciste.

¡No lo hice!

Me levanto de golpe. Tengo el corazón acelerado y desgraciadamente, no es la única parte de mi cuerpo que me palpita. Mascullo mirando a un lado, a esa parte de la cama en la que Cole durmió la noche anterior y donde ya no está. Al menos cumplió y se fue antes de las seis.

Solo dormimos juntos. Literalmente, solo dormimos. ¿Por qué demonios soñé que... follábamos?

Es ridículo.

Trato de apartar esas escenas de mi cabeza y tomo el celular. Reviso la hora, son casi las siete, ya debo comenzar a prepararme para el colegio. Sin embargo, antes de hacer algo, le dejo un mensaje a Cole preguntándole como está, anoche no se veía demasiado bien.

Me levanto lanzando una maldición. Tomo mi toalla, mi champú y el jabón y me dirijo al cuarto de baño. No espero más y entro de lleno en la ducha fría, cerrando los ojos mientras el agua me recorre completamente.

Aprieto los labios reproduciendo la escena de mi maldito sueño en mi cabeza. Mascullo una maldición abriendo los ojos.

Esto no puede estar pasándome.

¡Ni siquiera me gusta Cole!

Me visto de mala gana, con el ceño fruncido y un humor horrible. Unto crema en mi cabello y lo dejo suelto mientras tomo mi bolso y mi celular, lo reviso por encimita para darme cuenta que no ha respondido mi mensaje. Ruedo los ojos. ¿Por qué quiero que me responda?

Cuando llego a la cocina, el olor a café recién colado invade mis fosas nasales despertando mi apetito. Tengo hambre. Sin embargo, cuando entro a la cocina me encuentro frente a frente con mamá, a quién he estado evitando todos estos días.

En ese momento, olvido el sueño con Cole y todo lo que pasó anoche. Mi humor solo empeora y el estómago me ruge hambriento exigiendo el desayuno, pero en vez de hacerle caso, me doy la vuelta tan rápido como puedo con la intención de huir de allí.

—Buen día —me detengo cuando la escucho.

Miro sobre mi hombre su expresión afligida.

—Voy tarde —miento.

—No es verdad, aún falta media hora para el autobús y debes desayunar.

—No tengo hambre —vuelvo a mentir, aunque la realidad es que mi estómago ruge con apetito porque los últimos días he estado tan concentrada en evitarla que no me he alimentado bien.

—Puedes estar molesta y lo entiendo, pero tienes que comer —me dice—, preparé sándwich, tu favorito.

Sostiene un plato en mi dirección al tiempo que sonríe con inocencia.

Deja tu orgullo y desayuna, maldita sea.

Suspiro dejando el bolso que llevaba en mi mano sobre la isla a mitad de la cocina y tomo asiento dejando que repose el plato frente a mí.

—Gracias —murmuro comenzando a comer.

—Escucha, Heather...—sostengo el sándwich en el aire para mirarla.

Perdiendo el control | Andy Roth MarieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora