Al día siguiente, en su camino a la escuela no dejaba de bostezar cada dos por tres. Después de todo se había tenido que quedar despierto un rato más para terminar las tareas, aunque no se arrepentía de las risas de anoche.
Su hermano a su lado le miró con curiosidad.
-¿De qué demonios estabas riéndote anoche?
-De nada que te intere... -No pudo concluir, pues había volteado a ver a su hermano y enseguida se le vino a la cabeza la fotografía. Se rio ligeramente.
-¡¿Qué es tan gracioso!? ¿¡Tengo monos en la cara o qué?!
-Monos no, pero tal vez abejas...
-¡¿Ah!?
Y ahí empezó la típica rutina de los Miya de perseguirse como a quien lo persigue el diablo, por toda la calle de camino a la escuela. A apenas a media cuadra, llegaron a una tregua temporal y se detuvieron. Mientras tomaban aire para recuperarse del cansancio, Osamu avistó a Suna.
Iba como siempre, bostezado, con cara de pereza y caminando encorvado, trasmitiéndole la misma ternura de siempre. Verlo, le recordaba lo adolorido que tenía el corazón, pero no había nada más al alcance de sus manos.
"¿Qué demonios te hizo pensar que podrías gustarme?"
"...¡Sólo olvídate de mí Osamu! No quiero que me mires de esa manera..."
Si era sincero consigo mismo, no odiaba a Suna, dudaba mucho que pudiese odiar a alguien que tanto quiso. Lo único que podría hacer por él, era respetar lo que le dijo y mirarlo con el respeto que debía de sentir por cualquiera de sus compañeros de equipo. Ya no más miradas fijas y sostenidas e silencio, o dedos que rozaban disimuladamente cuando caminaban cerca.
-Y ahí va la alegría mañanera de mi gemelito... -Insinuó Atsumu, dándole un golpe en el hombro pues también había visto a Suna.
Le devolvió una mirada nublada, al perecer debería también de acostumbrarse a eso, mientras pudiese evitar contarle a Atsumu que fue rechazado, aunque atribuyese un poco más de dolor a su pecho.
-No digas estupideces... -Le empujó la cabeza y adelantó en el camino.
Estar tranquilo, fue más difícil de lo que creyó. Durante todo el día, tuvo la sensación de tener encima una mirada pesada, pero siempre que volteaba no veía a nadie. Se estaba poniendo nervioso.
Cuando empezaron las prácticas se aseguró de no quedarse sólo, sino que se arrejuntaba y metía en cualquier mínimo grupo para evitar el contacto directo con Suna, pero aun así estaba esa sensación de tensión.
Ya era la hora de la práctica en donde la mitad del equipo se dividía para tener un partido. Era su turno de sacar. Kita le había dicho que no se intentase sobre esforzar por estar saliendo de un resfriado, pero su orgullo no le iba a permitir hacer un saque normal y soso.
Se colocó en la línea y sujetó el balón, lo miró distraído. Se le vio a la cabeza aquella conversación de anoche. Lo lanzó al aire... de veras quién era tan estúpido para sacar antes de que sonase el silba...
Se quedó congelado, pues ahora reaccionaba a que apenas había sonado y él ya lo había lanzado.
Todos se quedaron en un incrédulo silencio... ¿Osamu sacando antes de tiempo? ¿Eso era posible?
-¿¡Miya, qué demonios, no escuchaste acaso!? ¡Haz eso en un partido real y ya estuvieses aturdido por abucheos! –Regañó el entrenador.
-¡JA, JA, JA, JA! ¡Qué patético! –chilló Atsumu ahogándose en risas.
Ahí de pie estaba conteniendo lo mejor posible la vergüenza. Maldito Terushima... Le había contagiado la estupidez.
Kita lo llamó, le hizo un gesto de que se relajara.
-Está bien, después de todo, debes de seguir desorientado por el resfriado, no te preocupes y hazlo otra vez...
Suspiró, bendecido fuese ese ángel que tenían por capitán.
Se concentró y tomó aire, alzó el rostro, pero se encontró con Suna, mirándolo de reojo, con el mismo toque de brillo de siempre, hasta que se percató de que había sido descubierto y enseguida apartó la mirada. ¿Qué había sido eso? Esas cosas tan sencillas eran suficientes para llenarle la cabeza de dudas y hacerlo revivir recuerdos que dolían. Sonó el silbato, esperó e hizo un saque con demasiada fuerza.
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Algo tenía que estar pasando, algo muy extraño. Ese día Tersuhima no estaba siendo Terushima. Estaba demasiado calmado, demasiado paciente, incluso ahora que le tocaba sacar, se veía muy tranquilo.
Sonó el silbato pero no lanzó en el momento. Se preocuparon...
-Oye, Yuuji... ¿Si escuchaste el silbato?
De repente hizo el saque. Los compañeros al otro lado de la red, estando desprevenidos, pues muchas veces habían dudado si Terushima siquiera conocía la regla de los ocho segundos, no pudieron recibirlo, dándole un punto de saque directo.
Entonces, se permitió celebrar tan alocadamente como siempre. Osamu había tenido razón. Observó su palma... Tal vez, de alguna manera extraña, la paciencia estaba empezando a agradarle..., pero no podía esperar para volver a verlo reír.
Apenas terminaron las prácticas no pudo evitar escribirle.
¡Tenías razón! ¡Tensar al otro equipo es de lo más divertido!<<
>>...
>>No, aléjate, me vas a contagiar tu estupidez de nuevo...
Desde ese día, empezaron muchas más risas nocturnas.
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CAJA DE SORPRESAS - TeruSamu. Haikyuu!!
FanfictionUna vez empezaron a conocerse, tanto Terushima como Osamu empezaron a descubrir cosas uno del otro, así como de ellos mismos que ni siquiera sabían. -El otro día me estaba preguntando, Terushima... ¿A qué se supone que estamos jugando? -¿Estamos ju...
