Del odio al amor
La noche del Festival de Mayo cayó sobre el Real Colegio San Pablo como un manto de seda oscura, salpicado por las primeras y tímidas estrellas. Pero dentro de las fortificadas paredes de piedra, el mundo se había transformado.
La gélida capilla, los silenciosos pasillos y las austeras aulas habían dado paso a un torrente de luz dorada, música vibrante y el murmullo eufórico de cientos de jóvenes liberados, aunque sea temporalmente, del yugo de la rutina.
El gran salón gótico, normalmente reservado para ceremonias y exámenes solemnes, había sido metamorfoseado.
Guirnaldas de flores de papel y hiedra fresca trepaban por las columnas, ocultando parcialmente los severos santos de piedra en los nichos. Enormes arañas de cristal, normalmente apagadas, derramaban cascadas de luz sobre un mar de trajes de seda, terciopelo y satén.
El aire, pesado y dulce, olía a cera de abejas, a perfume caro y al prometedor aroma del ponche que burbujeaba en fuentes de plata en los laterales.
El quinteto de cuerda, elevado en una tarima forrada de damasco rojo, tejía valses y polcas que llenaban el espacio, una banda sonora de alegría contenida y ritmo medido.
En un rincón estratégico cerca de la entrada, un grupo de chicas formaba un corrillo de colores chillones y susurros envidiosos.
En el centro, Eliza Leagan hacía girar lentamente sobre sí misma, haciendo flotar las capas de su vestido, un confección de encaje blanco importado y satén azul celeste, con volantes que parecían olas congeladas.
—Este vestido le costó a mi padre un ojo de la cara—declaró, su voz lo suficientemente alta para ser oída por cualquier grupo cercano—. Fue traído expresamente desde Nueva York. La modista es la favorita de las Vanderbilts. Dice que el corte ‘princesa’ realza mi… delicadeza.
Las chicas que la rodeaban, ataviadas con vestidos menos exóticos pero igualmente costosos, asintieron con admiración forzada.
—Es hermosísimo,Eliza —dijo una, tocando el encaje con reverencia—. Pareces una duquesa de verdad.
—El azul hace que tus ojos parezcan más claros —añadió otra.
Eliza sonrió, satisfecha.
Su mirada escudriñaba la sala, buscando no admirar, sino comparar. Su satisfacción aumentó al no encontrar un rastro de pelo rojo cobrizo ni de un vestido que pudiera rivalizar con el suyo.
Sin embargo, su complacencia se vio interrumpida por la llegada de su hermano, Neil , que se acercó con el ceño fruncido y el traje de smoking impecable pero la corbata ligeramente torcida, como si hubiera sido ajustada con nerviosismo.
—¿Y Candy? —preguntó Neil, sin preámbulos, su mirada también escaneando la multitud—. Me dijiste que esta noche podría bailar con ella, que era mi oportunidad de hacer que aceptara salir conmigo. La he buscado por todos lados. Ni en la lista de los Espíritus de la Flor, ni entre las demás…
Eliza puso los ojos en blanco con fastidio.
—Ya la busqué yo también,hermanito. Y nada. Creo que la pobre no encontró un vestido a la altura, o quizá la tía abuela ogro no le dio permiso. Lo que sea —dijo, encogiéndose de hombros con fingida indiferencia—. Significa que yo seré la que más luzca en la pista de baile. Y la que tendrá más pretendientes. Puedes relajarte.
Neil frunció el labio, decepcionado. Había invertido tiempo (y el dinero de su padre) en un traje nuevo y en ensayar conversaciones ingeniosas frente al espejo.
—Sí,como digas —murmuró, su entusiasmo por la noche evaporándose—. Iré a matar el tiempo en la mesa del comedor. A lo mejor el ponche está decente.
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Del Odio al Amor
Romantik(Terminada).Terry, heredero al título de Duque, y Candy White, joven de noble linaje, están unidos por un compromiso impuesto desde la infancia. Lo que comenzó como una obligación indeseada pronto los enfrentará a una convivencia forzada, donde el r...
