¿Me recuerdas?
Soy el amor de tu vida.
Ya no crees en eso, ¿verdad?
No soy el amor de tu vida.
O... No puedo prometer que lo sea.
Si embargo, te puedo asegurar que haré latir tu corazón con tanta fuerza, como si fuese tu primer amor de la infancia.
Haré lo que esté a mi alcance para hacerte sentir segura, feliz, y motivada a seguir adelante.
No seré la razón de tu existencia (tampoco es que me considere tan importante), pero me conformo con tener un espacio en tu corazón, por más diminuto que sea.
Lamento decirte esto; desilusionarse con decir que "soy el amor de tu vida". Pero está bien. No lo soy.
Sólo sé que tal vez te amo un poquito, sólo un poquito. Y eso es más que suficiente.
Te atrapé.
No... Al contrario.
Me atrapaste.
