Es tan frustrante este dolor en mi pecho. Sentimientos que se desbordan, han sido recubiertos con una gruesa capa de amargura y oscuridad.
"Yo no quería amarte, tú me enseñaste a odiarte". Cuando resuena esa parte es inevitable pensar en lo mucho que hice por ti y lo poco que recibí a cambio (que fuese positivo).
Me fastidia, me enoja, y aumenta aquella sensación que amenaza otro eterno ataque en donde mi cuerpo deja de ser mío y mis lágrimas muestran su rebeldía al aparecer sin invitación alguna.
No me mal entiendas, en verdad yo no diría que te odio, más sí te amé sin así quererlo. Y ya no sé si queda algo de eso, pues ya no creo estar dispuesta a seguir manteniendo esta cruda amistad que trae consigo mas problemas que beneficios.
Me usaste. Me usaste de la peor forma posible.
Como un saco con el cual descargar tus problemas, como un objeto para tu complacencia, como una cruel mentira facilitando la manipulación.
No sé en verdad si todo eso fue lo peor, o que yo lo haya permitido dizque por ese cariño pisoteado que no siento que permanezca ni siquiera en lo más mínimo.
Estoy tan cansada de todo y de todos: de la vida, del dolor, de la rutina repetitiva, del sueño sin reparo alguno, de llegar a la adultez sin grandes sabidurías, de sentirme tan insignificante en este planeta que abarca tantos talentos y personas brillantes.
Me aterra que mis pensamientos me sigan atormentando por ésta y las siguientes noches.
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