Espacio Gris

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Penúltimo capitulo correspondiente a esta primera parte de la trilogía. Recomiendo escoger bien el momento para leerlo.

Un relámpago rompió el cielo en varios pedazos, mientras que Ruka caminaba en dirección a la entrada de ciudad Crimson. El camino, así como el Valle Rojo y el Bosque Negro, se encontraba manchado de sangre como un recuerdo de los últimos enfrentamientos durante el transcurso de dos largos años. La respiración caliente finalmente se tranquilizaba junto con sus instintos de supervivencia, el cual había estado manteniéndola en alerta durante las batallas sin sentido, por lo que, Ruka guardo sus garras de hueso. Todo estaba ahora en calma; la batalla sin sentido finalmente había acabado mientras observaba a los arcángeles sobrevivientes salir del inframundo. Escucho el aleteo característico de Mikel quien, aterrizo justo a sus espaldas. Ella simplemente le miro por sobre su hombro derecho, notando la inmediata reverencia de respeto que el demonio alado le dirigió. Cuando tenia seis años de edad, nunca hubiera esperado llegar a recibir tal cosa por parte de ese hombre, pero ahora con sus doce años y luego de todo lo ocurrido, parecía que obtener aquel respecto era simplemente irrelevante, pues no sintió nada por ello, ni siquiera un poco de felicidad al saber que había logrado engañarlo con su comportamiento, lo que implicaba quitárselo de encima y que ya no estorbara en sus planes futuros. La voz de Mikel, se escucho transmitiendo el mismo respeto que su reverencia

Mikel-si así lo desea puedo impedirles salir. Podríamos ser capaz de exterminarlos completamente-

Ruka-no me interesa. Si saben lo que les convienen no regresaran aquí y mucho menos se les ocurrirá atacar demonios en el mundo terrenal. Yo no tengo más tiempo para perder con insectos-

Expreso con firmeza para dejar claro que no quería tomar ninguna medida al respecto. Pero, Mikel insistió en el asunto por medio de un tema diferente

Mikel-tengo entendido que le pidió a Sara mantener a uno cautivo. ¿A qué se debe? -

Ruka-Quiero que haga de mensajero. Los ángeles fueron los que se equivocaron, aunque pagaron por ello debido a que tienen más descensos que nosotros. Aun quiero exigir que emitan una disculpa a un demonio en el mundo terrenal. Ahora, ve a asegurar los portales cuando todos se hayan ido-

Mikel-Como usted ordene, princesa-

Expreso el demonio alado antes de abrir sus alas y alejarse inmediatamente del lugar. Ahora sola, Ruka se encontró pensando en la situación recientemente acabada. Era extraño que los ángeles atacaran asumiendo que los incidentes eran culpa de ellos, porque un actuar tan imprudente y carente de evidencia, contrastaba mucho con lo que había experimentado con Jessica. La verdad era que, no le gustaba pensar que se debía simplemente a que eran arcángeles. Era realmente molesto pensar en ello. Detestaba las diferencias que se usaban como excusa para pelear, detestaba los conflictos que sentía innecesarios o injustificados, pero no tenía forma de evitarlos en su posición. Se preguntó si alguna vez había tenido forma de evitarlos y para su dolor, la respuesta era negativa. ¿Cuál era la diferencia? No lo sabía, por lo que, solo pudo suspirar pesadamente antes de seguir su camino. Si lo pensaba con detenimiento, el reciente comportamiento de Mikel hacia ella, aseguraba que por parte del demonio alado ya no existieran cuestionamientos a sus decisiones, incluso si no eran lo que el hombre hubiera querido exactamente. Por lo que, era posible que esto aplicara a la población de demonios en general y eso era bueno. Se recordó que, durante su estancia en el campo de batalla, su estrategia de usar sus garras cubiertas con poder elemental de fuego, mientras tenía presente solo la idea de que la situación tenía que acabar habían resultado efectivas para lograr sobrevivir entre todas las batallas y la sangre. Logro que sus oponentes no se desangraran. Se aseguró de no recordar sus rostros hasta el punto de que, aquellos a los que enfrento resultaban simples fantasmas pululando sus pensamientos; fantasmas que no le dejaban soltar la sensación de arrepentimiento residual, la cual era capaz de mezclarse con su creciente postura ante haber hecho algo malo. Sabia que tales sensaciones no desaparecerían, mientras ella no recibiera un castigo acorde. Por lo que, la necesidad de volver a su habitación creció considerablemente, después de todo, era el único sitio donde podía recibir el castigo acorde. Alzo la mirada al oscuro cielo, deseando encontrar algún aliciente mientras caminaba, pero en su lugar fue sacada bruscamente de sus pensamientos ante una mano sobre su hombro derecho. Al dirigir la mirada al dueño, su mirada naranja rasgado encontró el rosa pálido de Gaito; una mirada que brillaba satisfecha y venia acompañada de aquella desagradable sonrisa de placer. Aquella sonrisa solo era capaz de hacer que su estómago se revolviera, empujándola a sentirse peor de lo que ya se sentía, pero no podía dejar que Gaito se diera cuenta de tal cosa en primer lugar. La voz del demonio de cabellos grises, le ocasiono la misma sensación de repudio que su mirada

Verdadera Naturaleza IHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora