Capítulo 30

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-Sí. Que yo sepa no se pueden casar sin anillos ni testigos nupciales ¿no?---preguntó una mujer con una gran sonrisa en la cara, que acababa de entrar---.

Nerea no pudo evitar reír, reconocería esa voz aunque pasaran mil años era su hermana Maribel.

-Bueno llegamos a tiempo ¿no?---preguntó Maribel---.

-Impuntual pero a tiempo---dijo Rafael---.

-Querido deberías callarte, seré tu testigo así que yo que tu no tentaría al fuego no vaya a ser que te quemes.

-Créeme ya estoy jugando con fuego al dejar que tu seas mi testigo de bodas---comentó Rafael mientras sonreía  burlonamente---.

-¡Ay Rafael!---suspiró---.Tu como siempre tan simpático y agradable---Maribel le dió levemente en la cabeza como venganza por el comentario anterior---.

-¡Ouch!---se quejó este---.

-¡Bueno ya! ¡Paren!---ordenó Nerea---. Ya me veo ni me he casado y mi marido muerto---.

-¿Por favor podemos continuar?---habló el juez por primera vez desde que la hermana de Nerea llegó---.

-Claro, claro---dijimos a unisono todos los presentes, aunque una voz masculina se nos unió---.

-¡John!---exclamó contento Rafael---.Hermano hacía tiempo que no te veía.

-Lo mismo digo granuja---le habló cariñosamente su hermano pequeño---.

-Bueno señores prosigamos por donde nos quedamos, luego tengo que celebrar otra boda y la tradición es que la novia se haga esperar no el juez

---.

-Lo entendemos---dijeron a la vez tanto Nerea como Rafael---.

Nuevamente el juez empezó a hablar:

- Así pues, os pregunto: Rafael ¿quieres contraer matrimonio con Nerea Steven y efectivamente lo contraes en este acto?

-Sí---asintió él---.

Nerea: ¿quieres contraer matrimonio con Rafael Collins y efectivamente lo contraes en este acto?

-Sí---contestó ella---.

- Ahora podéis proceder al intercambio de anillos:

Maribel se acercó con las alianzas de oro depositadas en un cajita blanca que por fuera era de color roja.

- Yo, Rafael Collins, te tomo a ti, Nerea Steven, como esposa y prometo serte fiel y cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

-Yo, Nerea Steven, te tomo a ti, Rafael Collins, como esposo y prometo serte fiel y cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

-Yo, Robert Done, alcalde de este ayuntamiento, en virtud de los poderes que me confiere la legislación del estado americano, os declaro unidos en matrimonio. Enhorabuena, podéis besaros.

Nerea y Rafael sin dudar se besaron, por fin eran oficialmente marido y mujer.

Después del emocionante beso, la hermana de Nerea y el hermano de Rafael se acercaron a firmar el documento civil de la boda que habían presenciado.

Cuando las firmas terminaron todos los presentes que allí se encontraban salieron afuera y se dieron las felicitaciones por las nupcias.

-¡Felicidades hermanita!---la abrazó Maribel---.

-Gracias---contestó sonriente Nerea---.

-Y tú cuñado como le hagas algo a mi hermana ya puedes ir buscando dónde esconderte porque removeré tierra y cielo con tal de encontrarte---amenazó a Rafael---.

Como los trenes ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora