-Sí. Que yo sepa no se pueden casar sin anillos ni testigos nupciales ¿no?---preguntó una mujer con una gran sonrisa en la cara, que acababa de entrar---.
Nerea no pudo evitar reír, reconocería esa voz aunque pasaran mil años era su hermana Maribel.
-Bueno llegamos a tiempo ¿no?---preguntó Maribel---.
-Impuntual pero a tiempo---dijo Rafael---.
-Querido deberías callarte, seré tu testigo así que yo que tu no tentaría al fuego no vaya a ser que te quemes.
-Créeme ya estoy jugando con fuego al dejar que tu seas mi testigo de bodas---comentó Rafael mientras sonreía burlonamente---.
-¡Ay Rafael!---suspiró---.Tu como siempre tan simpático y agradable---Maribel le dió levemente en la cabeza como venganza por el comentario anterior---.
-¡Ouch!---se quejó este---.
-¡Bueno ya! ¡Paren!---ordenó Nerea---. Ya me veo ni me he casado y mi marido muerto---.
-¿Por favor podemos continuar?---habló el juez por primera vez desde que la hermana de Nerea llegó---.
-Claro, claro---dijimos a unisono todos los presentes, aunque una voz masculina se nos unió---.
-¡John!---exclamó contento Rafael---.Hermano hacía tiempo que no te veía.
-Lo mismo digo granuja---le habló cariñosamente su hermano pequeño---.
-Bueno señores prosigamos por donde nos quedamos, luego tengo que celebrar otra boda y la tradición es que la novia se haga esperar no el juez
---.
-Lo entendemos---dijeron a la vez tanto Nerea como Rafael---.
Nuevamente el juez empezó a hablar:
- Así pues, os pregunto: Rafael ¿quieres contraer matrimonio con Nerea Steven y efectivamente lo contraes en este acto?
-Sí---asintió él---.
Nerea: ¿quieres contraer matrimonio con Rafael Collins y efectivamente lo contraes en este acto?
-Sí---contestó ella---.
- Ahora podéis proceder al intercambio de anillos:
Maribel se acercó con las alianzas de oro depositadas en un cajita blanca que por fuera era de color roja.
- Yo, Rafael Collins, te tomo a ti, Nerea Steven, como esposa y prometo serte fiel y cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.
-Yo, Nerea Steven, te tomo a ti, Rafael Collins, como esposo y prometo serte fiel y cuidar de ti en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.
-Yo, Robert Done, alcalde de este ayuntamiento, en virtud de los poderes que me confiere la legislación del estado americano, os declaro unidos en matrimonio. Enhorabuena, podéis besaros.
Nerea y Rafael sin dudar se besaron, por fin eran oficialmente marido y mujer.
Después del emocionante beso, la hermana de Nerea y el hermano de Rafael se acercaron a firmar el documento civil de la boda que habían presenciado.
Cuando las firmas terminaron todos los presentes que allí se encontraban salieron afuera y se dieron las felicitaciones por las nupcias.
-¡Felicidades hermanita!---la abrazó Maribel---.
-Gracias---contestó sonriente Nerea---.
-Y tú cuñado como le hagas algo a mi hermana ya puedes ir buscando dónde esconderte porque removeré tierra y cielo con tal de encontrarte---amenazó a Rafael---.
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Como los trenes ©
RomanceComo los trenes, es una novela basada en una historia de amor, donde los sentimientos nunca se acaban, jamás desaparecen. "Miserable, ese es tu nombre; idiota, ese es tu apellido; desdichado, tu corazón y hundido, por fuera. " Un paseo común, unos s...
