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twenty five: get out of here, now!

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El arreglo de Hailey fue rápido, a diferencia de las fiestas que tenían sus amigos como Lucrecia o Carla, estas eran mucho menos sofisticadas que las antiguamente mencionadas. En otras circunstancias, Hailey se sentiría a gusto en un ambiente como ese. Disfrutaba la libertad de esas fiestas, no la juzgaban, nadie esperaba nada de ella, la trataban como una adolescente más. Una adolescente que quería vivir su vida, sin preocuparse del dinero, de los problemas de su vida o de los chicos que le presentaba, una adolescente que se sentía normal. Ninguno, o por lo menos casi ninguno, de sus amigos la entendían. Todos vivían en su pequeño mundo de riqueza, dejaban que el dinero o la fama les quitase lo humano que tenían. Convirtiéndolos en criaturas de corazón frío, aunque algunos con sus excepciones. Pero, en la circunstancia en la que se encontraba, solo sentía pena.

La música traspasaba la puerta de entrada del apartamento de Ernesto. Las voces, los gritos, las risas, la música se mezclaban entre sí. Todas dependían de la otra para llevarse, y todas eran esenciales en fiestas de este tipo. El ruido de la fiesta impedía que se escuchase cualquier otra cosa fuera de esas cuatro paredes. Los hermanos de León esperaban ansiosos por entrar, no por ganas de fiesta, si no para acabar las ilusiones de una vez. Tocaban, tocaban y tocaban, y nada ocurría. Hasta que después de unos minutos, la puerta se abrió. Dejando ver al pecoso con una sonrisa.

- ¡Eduardo! —Dijo Ernesto abrazando a Eduardo— ¡Hailey! —Dijo mirando de arriba a abajo a Hailey, para luego abrazarla— Te ves hermosa.

- Gracias. —Contestó Hailey, intentando no ser cortante— Tú tambi-

- ¿Llegue a tiempo? —Preguntó Marina, quien venía caminando aceleradamente, y recostó su brazo del hombro de Hailey— Perdón, ¿interrumpí algo?

- No, para nada. —Río Ernesto con incomodidad— Pasen.

Con un poco de duda, entraron al lleno apartamento de Ernesto. Habían muchas personas, muchas que no eran reconocidas por ninguno de los chicos. Eran pocas las caras reconocidas. A diferencia a la fiesta en casa de Samuel, esta estaba aún más llena, con más gente. Aunque, para beneficio de Hailey, esto le convendría para huir de Ernesto. Para ganar mas tiempo sin el, sin escuchar la sorpresa tan grande que el chico le tenia.

- ¡Por fin te encuentro! —Dijo Ernesto, quien llegaba con una cerveza— Por un momento te perdí de vista. Tengo algo que decirte, pero aquí hay mucha gente. —Contestó— ¿Vamos al balcón?

- Claro que tienes que decirme algo. —Murmuró bajando su mirada— Claro.

Ernesto tomo la mano de Hailey y comenzó a dirigirla al balcón del apartamento. En el camino cruzó miradas Marina, ambas sabían de lo que se trataría esa platica, o al menos tenían una idea. El chico se mostraba nervioso, sus labios temblaban un poco cuando se dibujaba una sonrisa. Su copa temblaba un poco, y sus manos dejaban un frío sudor den la cerveza. Sus ojos evitaban encontrarse con los de la chica, y cuando se encontraban, se calentaban un poco las mejillas del chico. Sus pequeños gestos confirmaban más la teoría que Hailey tenía, lo cual causaba más abruma en ella. Sabía que la contestación que ella tendría no sería del agrado de Ernesto, y eso, era lo que más le daba miedo.

- No se ni como empezar. —Rio Ernesto carraspeando su garganta— Nunca e hecho algo así y me asusta mucho como puedas reaccionar.

- Me estas... intrigando, bastante. —Contesto Hailey con incomodidad, pero no lo suficiente para que Ernesto lo notase— ¿Es algo malo?

- Es algo muy bueno, de hecho. —Afirmo dibujando una ligera sonrisa en su rostro, para luego acercarse sutilmente hacia la chica— Solo dejate llevar.

MURDER | ÉLITEHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora