Echándote de menos, enloqueciendo

59 0 0
                                        


Sentada en el banco, agarrando su mochila. No podía dejar de llorar, gritando para sofocar, levemente, mi dolor. Me balanceaba, aferrando el pequeño bolsito rosa donde Rosie guardaba sus juguetes favoritos y su chupete. ¿Cómo había pasado? ¿Cómo lo había permitido? ¿Cómo seguía allí sin perder el control sobre mí?

Todos querían acercarse a mí, pero la culpa me apresaba demasiado. No quería escuchar a nadie decir que no era mi culpa. Porque lo era. Tenía que haberla metido en casa conmigo. ¿Pero por qué no lo había hecho? Porque tenía miedo de que hubiese alguien dentro y que la hiriesen. Había escogido la peor decisión... era la peor madre del mundo.

-Dy... Dy, por favor, no te tortures más...

Reid intentaba acercarse a mí. Levanté la mirada, y vi a todo el grupo, en semicírculo, mirándome. Reid, miraba a los demás nerviosamente. Dio un paso adelante hacia mí. Me levanté y me puse frente a él. Notaba los ojos hinchados y que me picaban. Pensé rápidamente cuántas miles de veces había sentido aquello, y cómo nunca había sentido dolor por haber sonreído mucho. Era realmente injusto.

-Dy... no ha sido tu culpa...

Enloquecí. Empecé a gritar, a querer marcharme corriendo. Spencer me detuvo, aprisionándome con sus brazos. Quizás, cuando había entrado al equipo, no habría podido sujetarme. Ahora, que estaba más ejercitado, me agarraba con fuerza. Le pegaba en los hombros, para que me dejase irme. Toda la rabia que me movía y me daba fuerzas para escapar... se desvanecía poco a poco. Me detuve lentamente. Le miré a los ojos, y ante su expresión, le abracé con fuerza, llorando una vez más, fuerte y gritando. Él me abrazaba fuerte también, para calmarme.

-Spencer... es mi niña... la perdí... la perdí...

-Shhh... no te preocupes... la traeremos de vuelta...

Me soltó, cuando estaba más calmada. Saqué de la mochila de Rosie su peluche, BiBi, un perrito de felpa, y me fui. Empecé a caminar, hacia nuestro columpio. Me senté allí, acurrucando mis piernas, y cogiendo el peluche, como si Rosie estuviera allí conmigo. Allí, empecé a llorar de nuevo, desconsoladamente. Ahora, sabía lo que había sentido mi madre. Y realmente, era el peor sentimiento del mundo. Empecé a balancearme en el columpio, y sin poder evitarlo, comencé a susurrar la canción que siempre le cantaba a Rosie: Esa canción, con un significado tan dulce... que por detrás, escondía otro significado más, que en ese momento, era el único que podía leer en mi mente...

-'Maybe sometimes we got it wrong...

(Quizás a veces nos equivoquemos...)

You're gonna find yourself somewhere, somehow...

(Te encontrarás a ti misma, en algún lugar, de alguna manera...)'

... Encontrarte... Rosie...

Abracé el peluche una vez más. Aguanté mis sollozos. Solo pensaba en ella. Mi casa, llena de policías, investigadores... y Ron. El hombre al que amaba, y al que no era capaz de mirar a la cara. Por mi culpa, nuestra hija había desaparecido. No soportaba la culpa. Era una carga enorme. En plena noche, con el frío de Febrero... sentí unos pasos que se acercaban.

-Te vas a resfriar...

Miré a la persona que venía. Ron, con una gruesa manta, se acercó a mí. Me sentí morir.

-Ron... Ron...

Me puso la manta sobre mis hombros. Él también estaba llorando. Y eso, si que no lo soportaba. Se arrodilló en el suelo, se desplomó. Dejó su cabeza caer sobre mi regazo, y comenzó a llorar.

-Ron... es mi culpa... es todo mi culpa...

-Por favor, Dy... no quiero discutir por quién tiene la culpa...

Criminal mindsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora