Quedarnos, hasta envejecer juntos

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Los días de mi vida, donde todo era dolor, trabajo, resentimiento, miedo, angustia... parecían tan lejanos. Lo único que parecía existir en París era esa felicidad, esa libertad de salir, divertirme, vivir mi vida. Salir con Ron, dar vueltas y pasear, compartir mi tiempo con él y no con mi trabajo, sentir que estaba a mi lado en todo momento...

Ya llevábamos en la capital francesa casi dos semanas. Habían aprovechado el tiempo, siempre fuera de casa, visitando museos, parques, plazas, yendo a fiestas, de compras, de paseo, conociendo gente... Pero al llegar a casa, por las noches, pensaba en como estarían todos en casa. ¿Estarían bien? ¿Por qué no llamaban? ¿Acaso aún no habían cogido a mi padre? Estaba bastante dudosa, por lo que decidí llamar un día a Hotch.

Era por el mediodía. Estaba sentada en el pequeño jardín de la casa, en una tumbona, y cogí el teléfono. Marqué su número, y esperé. No contestaba. Volví a intentarlo y nada. Pensé en llamar a Derek, y tampoco contestaba. Empecé a preocuparme. Nadie me cogía el teléfono. Eso era muy extraño. Me levanté de la tumbona, y busqué a Ron.

-¡Ron! ¡Ron!

-¿Dime?

-¿Dónde estás?

-En el baño, ¡me estoy dando una ducha!

-Está bien... cuando salgas, tenemos que hablar...

Fui a la habitación, y esperé sentada en la cama a que Ron saliese del baño. Me tumbé hacia atrás, y veinte minutos después, entró en la habitación con una toalla a la cintura.

-¿Qué ocurre, cariño?

-Está ocurriendo algo extraño...

-¿Que? ¿A qué te refieres?

-Ron, está pasando algo raro...

-¡Bueno, mujer! Que no es tan raro que me bañe...

-Ron, por favor, no estoy para bromas...

Al verme tan seria, dejó de sonreír. Se acercó a la cama, y se sentó a mi lado. Me rodeó con los brazos, moviéndome un poco.

-Hey... ¿qué pasa Dy?

-He llamado a Hotch... y no ha respondido...

-¿Y?

-Que he llamado a Derek, y tampoco responde...

-Pero...

-Ni Emily, ni JJ, ni García... nadie responde...

-Tienes razón, eso es muy extraño...

-Creo... creo que quizás no quieren que volvamos...

-¿Que? ¡No seas tonta Dy! ¿Como no van a querer que vuelvas?

-No lo sé... entonces... oh...

Me llevé una mano a la boca.

-Y si... ¿ha pasado algo?

-No lo sé...

-Oh Dios...

Me cubrí la cara con mis manos, mientras Ron acariciaba mi espalda. Después de unos minutos imaginándome lo peor, Ron decidió hablar.

-Dy... si quieres... podemos volver...

-No... aquí todo es tan maravilloso... y somos felices... pero...

-Necesitas volver... te conozco... sé que quieres volver...

-Ron...

Abracé a mi pelirrojo, mi marido, mi amigo, mi todo. Él me comprendía, y sabía apoyarme.

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