Parte cuatro: uno que se va, otros que vienen

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-¡Mira Rose! ¡El tren!

Mi hija me miraba como si estuviera loca.

-Está bien... ¿prefieres el avión? ¿El coche?

Nada. No había manera.

-Por favor Rosie... ¡mira el avión, el autobús, el barco!

Ni asi. Empecé a bufar. Era imposible con esta niña. Cuando se le metía en la cabeza, pues no abría la boca, y me pasaba la tarde allí sentada. ¿Por qué no habría salido a su padre en eso?

-Rosie, cariño, tienes que comer...

Empezó a sacudir la cabeza a los lados, negando enérgicamente. Estaba exhausta, aburrida, hasta me tiraba yo de los pelos, y no soportaba darle de comer. Me quitaba todas las penas, pero a la hora de comer... ¡era un suplicio!

-¡Abre la boca! ¡Abre la boca, Rose!

Apretó la boca, y empezó a agitar su cabeza.

-Rose Jane Weasley, ¡abre la boca ahora mismo!

Y ahí estaba otra vez. Mamá ogro. La niña empezó a llorar, y como siempre, a la misma hora, como un reloj, coincidía que mi marido, Ron, entraba por la puerta de casa, y Rosie se ponía a llorar. Ron se acercó a nosotras, y como siempre, le preguntó a su hija qué ocurría.

-¡Hey, Rosie! ¿Por qué lloras, pequeña? ¿Ya estás haciendo guerra con tu madre?

Se acercó a la silla donde estaba su hija sentada, la cual extendía los brazos para que la cogiese en brazos. Y lo hizo. Empezó a arrullarla para que se calmara.

-Rose, tienes todo el plato sin comer... eso no se hace... tienes que comer, para ser guapa y fuerte como mamá...

Se acercó a mí, que ya tenía la cabeza escondida entre mis brazos, apoyada en la mesa. Me acarició el pelo, y me dio un beso en la nuca.

-Hola cariño... No te preocupes, ya lo doy yo ahora de comer, ¿verdad Rosie?

Me levanté de la silla, y simplemente, me tiré en el sofá. Respiré hondo, y sentí cómo el dolor de cabeza volvía lentamente. Los domingos eran agotadores por la mañana. Ron salía a buscar el pan, y yo me quedaba con Rose.

A veces, tenía la sensación que los domingos eran su día de venganza, por no poder estar con ella durante la semana. Casi siempre se quedaba en casa de Hotch, con Hayley y Jack, mientras yo estaba en Quantico, aunque algunas veces me la llevaba conmigo para que viese a Penélope y a los demás. Aunque ya no estaba en 'misiones' como antes, y siempre volvía para cenar, pasaba poco tiempo con ella, y los domingos, que la tenía todo el día, parecía que ella se volvía imposible conmigo durante el mediodía.

Pero, ahora que ya sabía caminar, siempre me buscaba. Su primera palabra: mamá. Y siempre me daba besos y abrazos. Después de todo, yo era su mami. Y la quería con locura. Hacía poco más de un año que había llegado a mi vida, y sin duda, era lo mejor que me había pasado.

Ron se acercó al sofá, cuando le dio de comer a la pequeña. Los dos me miraban, curiosos, con sus bonitos ojos azules y castaños.

-Hey Dy... ya se terminó el plato... ¡Dile Rosie! 'Mamá, terminé mi plato'

Levanté la cabeza y le miré. Rosie sonreía y empezó a aplaudir con sus manitas. Los tres sonreíamos. Nos sentamos en el sofá juntos, y Ron puso a Rosie en sus rodillas. Les miré, y Rosie pedía venir a mis brazos. La cogí, y se acomodó en mi pecho, apoyando su rubia cabecita sobre mis hombros, cerrando los ojos para tomar su siesta diaria. Cuando sentí que ya estaba dormida, miré a Ron, que observaba embelesado a su hija.

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