La madre que falló por amor

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En uno de los coches, Ginny, Prentiss, Reid, JJ y yo seguíamos el otro vehículo, donde iban Hotch, Rossi, George, Ron y Harry. Nos dirigíamos calle abajo, al pasar de Ottery, por donde García nos indicaba.

-¡Chicos, chicos! ¡El muchacho, acaba de subir un video a la red!

-¿Qué dices?

-Sí... Acaba de subirlo. Repite muchas veces lo de las deudas, dice que siempre tiene lo que quiere... blabla... y le pega a los chicos de nuevo y... esperad... por una de las ventanas se ve... fuego... ¡Oh Dylan, ahí estás tú! ¡Con tu pelirrojo bombón!

-¿Qué?

Me sonrojé, mientras el resto de ocupantes se reían silenciosamente. Le pedí a García que se callase, ya que todos estaban escuchando, y probablemente, también en el otro coche.

¿¿El chico había estado en el barrio todo el tiempo?? Entonces, primero había incendiado el jardín, y volvió a su casa.

-¡García! ¿El sitio parece una casita, de madera gastada, pero con muebles, que parecen nuevos?

-Déjame ver.... ¡así es!

-No hay duda. Incendió el jardín y regresó a su casa. Seguramente, ya sabría que íbamos por él. Regresaría por Fred y Neville y... ¿En donde están ahora García?

-He conseguido ver en las imágenes la dirección aproximada, pero se adentró en el bosque y ahí es más difícil de localizarlo... pero aún así, no puede estar mucho más lejos

-Bien... gracias Penélope, eres la mejor

-¡A mandar!

El coche conducía por la calle, hasta que empezamos a distinguir donde terminaba la hilera de casas, y se mostraba una gran explanada, y al fondo, tras una valla, el comienzo del bosque. El coche se detuvo de golpe. ¿Qué demonios...?

Bajé a toda prisa. No lo podía creer...

-¡RON! ¡GEORGE! ¡GINNY! ¡HARRY! ¡Bajad de los coches!

Allí estaban. Con los ojos vendados, llenos de moratones, intentando dar palos de ciego y agarrados de la mano para no perderse. Fred y Neville.

-¡¡LLAMAD UNA AMBULANCIA!!

Los hermanos bajaron del coche. Varias patrullas, avisadas por García, llegaban a nuestro encuentro. Y como siempre, nuestra rubia analista había pensado en todo y ya había llamado a la ambulancia, por lo que llegaron en segundos.

Por fin había terminado la pesadilla. O casi. Pero ahora los hermanos estaban juntos de nuevo. Miraba la escena, con una gran sonrisa. Había mucha gente a su alrededor, por lo que decidí hablar con ellos al final. Hotch, se me acercó.

-Lo has conseguido...

-Sí. Y estando fuera del caso

-Lo sé. Y lo siento... ya sabes que Strauss no te quita ojo de encima...

-En el fondo, creo que es envidia.. 

-Sí, puede ser...

Hotch, como pocas veces, sonreía sin estar su hijo Jack presente. De broma, siempre decíamos que su sonrisa curaba cáncer.

-Supongo... que ahora no podrás negarle nada al pelirrojo... si tú quieres

-¡Vamos Hotch! No sé qué sucederá...

-Creo haberle escuchado a alguien decir que hablaría con cierto pelirrojo...

-¿Lo escuchaste?

-No, pero hubo alguien que si...

Sonreí. Hotch, mi jefe, mi mentor, el que me enseñó a usar el arma igual que a Reid, el que me enseñó que el mejor trabajo es en grupo, mi 'hermano' mayor.

Criminal mindsHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora