-Epílogo dos-

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Llevaba horas intentando recordar el caso. Sentada en mi escritorio, con miles de papeles, bolígrafos, plumas, y borradores. Intentaba concentrarme, en silencio en mi escritorio.

-¡Mamá! ¡¡Mamá!!

Oh, por Dios... ¿qué pasaría ahora?

-¿¡Qué!?

-¡Mamá! ¡Baja! ¡¡Necesito tu ayuda!!

Me levanté de la silla, revolviéndome el pelo. Suspiré. Seguramente, Rosie estaba reclamando mi ayuda de nuevo, porque su hermano estaba molestándola mientras hacía sus deberes. Ya era la tercera o cuarta vez que bajaba a controlar que no se liasen a golpes.

Hugo era un pequeño huracán, que solo se calmaba cuando jugaba con su padre o cuando yo le daba mimos. Pero el segundo caso no se daba muy a menudo, ya que todo lo que hacía eran travesuras, que aunque fuese un niño muy tierno... su lado Weasley salía a relucir muy a menudo, igual que su primo James. Dejé mis pensamientos, al escuchar gritos más fuertes. Escuché a Rose gritándole a su hermano, y al pequeño defendiéndose. Bajé corriendo las escaleras, y vi a los dos, enganchándose de los pelos, de pie en el sofá. Corrí hacia ellos para separarlos, y vi cómo Ron entraba corriendo junto a mí desde la puerta del jardín. Yo sujeté a Rose mientras Ron cogía a Hugo.

-¿¿Se puede saber qué pasa con vosotros?? ¿¡Tengo que estar como un gendarme para controlaros!?

-¡Mamá! ¡Hugo me tiró un vaso de agua en mi redacción de Arte!

-¡¡Hugo!!

-¡Lo ziento, mami! ¡Fue un aczidente!

-¡Mentira! Mamá, le dije que tuviese cuidado ¡y no me hizo caso!

-¡No ez verdad!

Hugo ponía pucheros, cara de niño bueno, mientras su hermana lo miraba con mirada asesina. Ron, con cara aún de susto, puso a Hugo sobre su hombro, como si fuera un saco de patatas, mientras ayudaba a Rosie a peinarse.

-¿Estás bien, princesa?

-Sí, papi

-¿Y yo qué, papi? ¿Me vaz a dejar azí todo el día?

-Cállate, gamberro... ¿Como le tiras agua a los deberes de tu hermana?

-¡Fue un aczidente!

-Ya... ya sabemos todos cómo son tus 'aczidentes'

Ron no era capaz de enfadarse con los niños, y Hugo lo sabía bien. Lo dejó en el suelo, revolviéndole el pelo pelirrojo. Yo miraba a Rosie, que cogía sus papeles emborronados, casi al borde del llanto. Miré a Hugo, muy severa.

-Pídele disculpas a tu hermana, Hugo. Si te dijo que tenías que tener cuidado, tenías que haber prestado atención

-Lo ziento, Rozie... Ez que me tropezé con la alfombra...

El pequeño también se puso al borde del llanto. Señaló la alfombra, que estaba un poco levantada. Parecía que esa vez sí había sido un accidente, y no una excusa. Le abrí mis brazos, y él me abrazó. Aun no daba suficiente altura, me llegaba por la cadera. Le revolví el pelo, y le di un beso en la cabeza. Me arrodillé a su altura, levantando su mentón para que me mirase a los ojos y viese que no estaba enfadada.

-Hugo, no quiero que llores. Mamá no está enfadada, y si fue un accidente, pues no pasa nada, ¿si? Bien. Ahora cada uno por un lado, venga... y nada de hacer travesuras, Hugo

Me dio un beso en una mejilla, sonriendo. Pasó por de lado de su hermana, que le dio un abrazo. Chocó los cinco con Ron y se fue a su habitación. Quedé pensando, mientras le veía subir las escaleras, la primera vez que le habíamos escuchado hablar así, con Z. Creíamos que Rose le había enseñado a hablar así. Pero finalmente, resultó ser una característica más del pequeño. Con siete años, era un niño muy activo. Aunque no tenía las mejores notas como su hermana, estaba apuntado a todos los clubs de deporte. Ron y yo estábamos ayudando a Rose a limpiar la mesa, cuando pensé en papá pelirrojo.

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