Jane Granger estaba anudando mi corbata. Con los ojos rojos, muy hinchados, que no habían dejado de llorar en los últimos días, agradecí a la que seguiría siendo mi suegra a pesar de todo, que me ayudase.
Echaba de menos que Dy me atase la corbata, y me pusiera bien la camisa. A veces, pensaba que volvería a entrar por la puerta de casa, contándome lo mal que se había portado Strauss, lo cansada que estaba, y lo mucho que me quería. Solo habían pasado cuatro días. Cuatro intensos días. Y ya echaba de menos su voz. Pero ahora quedaba el resto de mi vida, mi vida vacía que no sería capaz de llenar por muchos años: ni con mujeres, ni con cariño, ni amor, ni dinero, ni trabajo... nunca volvería a ser feliz.
Mi felicidad había muerto en mis manos, cuatro días atrás. Mi felicidad tenía nombre y apellidos, mi felicidad era la mujer más maravillosa del mundo. Y ya no estaba.
-Vamos Ronald... es hora
James se asomó a la puerta de nuestra... de mi habitación, y me indicó que era hora de irnos. Pasando por la cocina hacia la puerta, volví a ver el sobre que había recibido el día anterior y que había dejado en la mesa. Desde que había abierto esa carta, mi desgracia solo había aumentado, y me había sumido en la total miseria.
No solo había perdido a Dy, mi esposa, la mujer de mi vida... sino que había perdido a nuestro hijo. Estaba embarazada... y no lo supo. Murió sin saber que esperábamos un hijo. No podía evitar llorar, cada vez que pensaba en aquello.
Sólo Jane, James y Rose, fueron capaces de sacarme de aquel apartamento, y continuar nuestra ruta. Antes de salir, me acerqué a la estantería de Dy, donde guardaba todas sus fotos. Cogí el álbum de fotos de París, y escogí una para llevarla al funeral. Escogí su favorita: frente al Moulin Rouge, los dos compartiendo un beso... quién nos iba a decir en aquellos maravillosos días, que su vida acabaría como su personaje favorito... trágicamente, en manos del destino ambicioso.
Salimos del apartamento, en el que aún vivía, pero que tendría que abandonar si no quería volverme loco con su recuerdo. Yo no podía conducir, no tenía corazón suficiente. James llevó el coche, en donde fuimos con su madre y su hermana. Primero fuimos al velatorio, donde el féretro permanecía cerrado. Por expreso deseo de Dy, pidió que lo cerrasen, en el quirófano. El quirófano...
Tirada en el suelo, muriéndose en mis brazos. Intentaba hablar con ella, que se mantuviese consciente, pero no fui capaz. Me dijo que me quería, que nuestro amor había sido como el de Christian y Satine. El Moulin Rouge. Esa gran película, que sin esperarlo, se había convertido en el final de Dy. Había perdido mucha sangre. La ambulancia llegó muy tarde y yo estaba fuera de control. Cuando sentí que ya no se movía, empecé a gritar. La apreté suavemente contra mí, y la miré a los ojos. Mis lágrimas corrían por mi cara, y por última vez, la besé. Un beso suave, corto. Y se la llevaron. Se la llevaron de todas maneras, quitandomela de mi brazos. Decían que aún tenía pulso, por lo que quizás había esperanza. No me dejaron ir en la ambulancia, asi que fui con Derek, Emily y Dave en coche hasta el hospital. Allí nos indicaron la sala de espera donde pasamos varias horas de desesperación. Hotch, Prentiss, Reid, JJ, García, Morgan y Rossi me acompañaban. Jane y sus hijos, llegaron más tarde, uniéndose a la larga espera. Después de varias horas, una enfermera, vino y llamó a Derek. James me animaba diciendo que todo saldría bien, que su hermanita era fuerte. Pero Morgan regresó, tiempo después. Tenía los ojos acristalados. Y no pude esperar más a imaginármelo. García, dejó escapar un sonido en su voz, que empezaba a quebrarse...
-Han hecho todo lo posible... ha sido muy fuerte, pero no pudo aguantar... ella... ella...
No pudo acabar la frase. Pero aún así, todos comprendimos. Mi mundo se destruyó en diez segundos. Sentí como mi corazón estallaba, matándome por dentro. Dylan me había abandonado. Me había dejado solo, con tantas promesas por cumplir, tantos sueños por lograr, un futuro por construir... sin ella. Todos comenzaron a llorar. Jane abrazó a sus hijos, llorando sin consuelo. Rossi, por primera vez había mostrado sus lágrimas, igual que JJ. Emily y García se abrazaban llorando si parar. Reid, estaba en shock, y parecía que no respiraba. Miré a mi alrededor, incrédulo. No. Dy no había muerto. ¡No podía haber muerto! No así, ¡¡no era cierto!! Me levanté de aquella silla que me había acompañado en las últimas horas. No estaba dispuesto a creer que estaba muerta. Pero Derek me detuvo cuando intenté salir por la puerta.
ESTÁS LEYENDO
Criminal minds
FanfictionDylan Rose James es una famosa psicóloga, reconocida en Estados Unidos, que trabaja en el FBI, en la Unidad de Análisis de Conducta (UAC). Con su equipo, investiga crímenes y secuestros, ayudando a la gente a resolver sus asuntos. Lo que ella no s...
