Nothing New
I know someday I'm gonna meet her, it's a fever dream / The kind of radiance you only have at seventeen / She'll know the way and then she'll say
La cafetería no era el mejor lugar para que tres chicas que se creían investigadoras se reunieran. Demasiado ruido, olor a grasa recalentada, y un enjambre de animadoras riendo como si la vida fuese un musical perpetuo. Detesto los musicales.
Me senté frente a Allison, que ya tenía el ceño ligeramente fruncido. Reconocí el gesto: incomodidad mezclada con cautela. Sus dedos jugaban con el borde de su vaso de cartón, y su espalda no tocaba del todo el respaldo del asiento. Sospechaba que no me traía buenas noticias.
—¿Bien? —pregunté, sin rodeos, clavando la mirada en ella como si pudiera leer sus pensamientos. Spoiler: no puedo—. ¿Hay información?
Cher, a mi lado, cruzó los brazos y se inclinó hacia adelante con los ojos encendidos como una periodista a punto de citar una fuente anónima.
—Por favor, cuéntanos todo. Sin adornos —dijo con ese tono entre serio y fan de documentales de crímenes reales.
Por un momento me sentí como en uno de esos episodios donde el asesino resulta ser el narrador. Bonito giro.
Allison suspiró. Apretó los labios antes de hablar. Otro gesto. Tensión emocional reprimida. La gente suele ignorar esas señales, pero yo las observo como quien analiza una fachada mal diseñada.
—Es curioso —dijo al fin—. No encontré nada tuyo. Ningún registro entre tus dieciséis y tus dieciocho. Literalmente, cero. Pero encontré un montón de información sobre Caín.
—Tiene sentido —respondí, encogiéndome de hombros—. Él era el golden boy del pueblo. Jugaba bien, entrenaba como si la beca universitaria dependiera de su capacidad pulmonar, y tenía abdominales que merecían su propio código postal.
Allison soltó una risa breve, pero no tan auténtica. Evitaba mirarme directo a los ojos. Eso también lo noté. Siempre lo noto.
—Pero tú... eras como un fantasma —añadió, bajando la voz, como si eso le quitara peso—. No hay fotos, ni menciones, ni publicaciones tuyas. Ni siquiera en las listas escolares.
Cher me miró. Su mirada decía "te lo dije", aunque no había pronunciado esas palabras en ningún momento. Había hecho el trabajo sucio por mí. Hurgó donde yo ya me había rendido.
—¿Y eso qué significa? ¿Que fui un experimento secreto del gobierno? ¿O que soy un glitch en la Matrix? —pregunté con mi tono habitual.
—No bromeo —replicó Allison con suavidad, aunque sin perder firmeza—. Tal vez... deberías dejar eso atrás. Avanzar. A veces las respuestas no valen lo que cuesta encontrarlas.
Sus palabras fueron suaves. Pero algo en mí se tensó. No porque me doliera —recordemos: alexitimia, gracias—, sino porque racionalmente entendía lo que implicaban: rendirse.
La miré fijamente. Analicé su postura, la forma en que evitaba volver a tocar el tema, cómo desvió la atención hacia su café.
Cher intervino, pero yo levanté una mano. No necesitaba que me defendieran.
—Te agradezco, Allison. En serio —dije con un tono que sonaba educado, casi cálido, aunque en realidad lo había ensayado muchas veces frente al espejo—. Pero avanzar es un lujo que uno se gana después de cerrar capítulos. Yo ni siquiera tengo un prólogo. Así que con tu permiso, voy a seguir buscando. Cher es una buena periodista y me ayudará igual.
La conversación quedó en pausa por unos segundos. Las animadoras seguían riendo. Afuera llovía.
—¿Sabés qué es lo más gracioso? —añadí, dejando caer la servilleta sobre la bandeja—. Que aún sin recuerdos, puedo decir con seguridad que esa parte de mi vida fue una mierda. El vacío no se siente neutro. Se siente... sucio. Como si algo estuviera mal.
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Teen FictionCuando Isabella llega a Inglaterra, los ecos de un pasado fragmentado la persiguen. Hay años de su vida que no logra recordar, vacíos que laten con fuerza tras la fachada perfecta de su realidad. Al reencontrarse con Caín McFeller, su enigmático y m...
