Capítulo 28: Recuerdos - parte II

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Los días pasaban lentamente, como había prometido Thanos, él personalmente se encargaría de proteger a Iris, sin embargo el poder que ella y Selene emanaban se había sentido en los rincones más profundos del universo. Atlas dormía sumergido dentro de la oscuridad, sus ojos se habían abierto de nuevo, la furia crecía al pensar en todo lo que estaba sucediendo, no podía sentir el poder de Caos o Nix. Se dejó atraer hacia la energía que lo logro despertarlo, sin embargo mientras cruzaba el cielo nubes negras y rayos de un color púrpura se interpusieron en su meta de alcanzar el cielo, gruño, sintió rabia al verse detenido, no sabía quién era la persona logro frenar su avance, pero su viaje no se detuvo en ese momento. Atravesó con su poca energía el espacio, su acción habia sido vigilada por Apolo, quien conocía el camino que Atlas había tomado, Caos se encontraba encerrado más allá de su hogar, en un planeta oscuro casi imposibles de atravesar.

— Apolo. — La voz de Hades logro interrumpir el hilo de sus pensamientos. — Ve con Selene.

— No puedo, no es momento. — Elevó su arco apuntando una de sus flechas doradas a un punto vacío, aunque él estaba consciente de que si lograba tener suerte su flecha acabaría con Atlas.

Ella te necesita. — Aquella sola palabra lo hizo mirar al astro lunar, su brillo suave le provocó una calidez en su pecho. Se apresuró en ir con su amada diosa, una vez logro atravesar la barrera invisible que protegía su reino del exterior, logro sentir el aura cálida de su amada extenderse por todo el lugar, parecía que aquel hermoso brillo hacia lucir más hermoso los campos florales que le rodeaban, la servidumbre corría de un lado al otro, una de las mujeres llevaba varias mantas entre sus brazos. Iris se acercaba a él, Apolo la recibió en sus brazos sonriente, amaba a su hija, era su orgullo, su luz brillante junto a su madre.

— Padre, has venido antes. — Él asintio, tomo su mano llevándolo hacia el palacio. — Hay una hermosa noticia.

— ¿Qué sucede? — Iris sonrió aún más al oír el llanto proveniente de la habitación de su madre. Apolo soltó su mano antes de ir corriendo a la habitación, pero su paso se vio detenido al ver a una de las nodrizas salir sosteniendo un pequeño envuelto entre sábanas. Sus piernas temblaban mientras se acercaba, un jadeo escapó de sus labios al ver a la pequeña niña en sus brazos, su cabello plateado apenas se notaba, su piel rosada. La sostuvo entre sus brazos sintiendo en ella la misma energía que su hermana.

— Madre quería avisarte pero no podía. — Tocó sus pequeños dedos sintiendo lo frágil que era. Iris se hizo a un lado dejandolo pasar.

Mientras el brillo lunar crecía, la desesperación de Atlas aumentaba, su poder se escapaba de sus manos mientras más duraba su viaje, las nebulosas le eran difíciles de atravesar en su condición, aún así se esforzaba por llegar al lugar donde Caos y Nix se mantenían encerrados, sellados por mil años más. Su viaje acabó al paso de los días, su cuerpo se encontraba cansado, el páramo desértico dónde se encontraba era completamente oscuro, no podía ver sus propias manos entre tanta oscuridad. Sus pasos eran guiados por la energía débil que aquellos dos seres durmientes.

— Caos. — Se estremecio al verlos  dentro de obeliscos de cristal, Caos dormía con sus brazos cruzados a la altura de su pecho, una daga estaba clavada en su pecho. Se arrodilló ante él. — Tomaré el cristal creado por Selene, abriré la puerta a su reino y juro que volverás a la vida, tu cuerpo será regenerado.

"— Debes lograr que los Titanes le den la espalda a su padre."

La voz de Caos en sus pensamientos le causó un extraño escalofrío, miro el cuerpo del dios aún inconsciente siendo consumido por la daga en su pecho de una forma lenta. Un destello de energía oscura escapa del obelisco, Atlas extendió sus brazos recibiendo la rayo de poder en el pecho, sonrió al sentir como su cuerpo se recuperaba por completo. No espero una orden o sugerencia de Caos, cerro sus ojos dejando que el poder lo envolviera antes de salir nuevamente disparado al espacio, era su momento de recuperar su lugar.

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