CAPITULO 5.

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*Jared*

 Después de conducir el Mustang de Alex por dos horas y media con destino a East Hampton, al fin llegamos a Montauk en Long Island. Alex mira por la ventana hacia todas partes, con los ojos bien abiertos y con la boca entre abierta. Me resulta graciosa y sonrió solo de mirarla, parece niña pequeña. Diez minutos más de trayecto, estaciono el auto de Alex en la parte trasera de “La Cueva”, el bar de mi padre. Debido a que son casi las ocho de la noche, ya hay algunos autos estacionados, sin duda clientes de mi padre.

 Alex y yo bajamos del auto y ella me sigue de cerca. Ella sonríe cuando salimos directos al muelle, y aun sonriente me sigue a la entrada del bar. Al igual que Alex me sorprendo al ver la cantidad de gente que hay en el bar, a pesar de ser lunes. Tal vez se deba a que lunes y martes, mi padre ofrece todas las bebidas a mitad de precio. Por la expresión el rostro de Alex, noto que le gusta el bar y cómo no si es grandioso pero sencillo. Todo el bar esta hecho, prácticamente, de piedra caliza al igual que la barra principal, que solo está recubierta de madera noble en las orillas. La misma madera de la que están hechas las sillas, mesas y los taburetes. La luz tenue y cálida hace que parezca acogedor y de la impresión de estar en una cueva.

 Abriéndonos paso entre la gente, Alex y yo llegamos a la barra y tomamos asiento en unos taburetes. Al verme, mi padre sonríe y se acerca. Al ver a Alex, a mi lado, la sonrisa de mi padre se hace más grande. Sin duda, mi padre se está imaginando cosas que no son.

― ¡Hijo, que sorpresa verte por aquí! ―exclama mi padre sin dejar de sonreír―. Creí que estarías trabajando.

 Al escuchar la palabra «hijo», Alex voltea a verme con las cejas elevadas.

―Sí, estaba trabajando, pero decidimos darnos un descanso―le informo a mi padre.

― ¿Decidimos? ―pregunta mi padre con picardía―. ¿Acaso esta preciosa señorita viene contigo? ―pregunta mirando a Alex.

―Papá, ella es Alex. Alex, él es mi papá, Jack―los presento―. Mi papá es dueño del bar―le digo a Alex―. Ella es mi nueva compañera de trabajo―le digo a mi papá.

―Mucho gusto en conocerlo, señor Miller―dice Alex educadamente y con una sonrisa amigable y cálida. Ella nunca me ha sonreído a mí así.

―El gusto es todo mío, Alex―le dice afable, mi padre―. Sobre todo porque eres la primera chica que mi hijo trae al bar―Alex se pone roja, mi padre le guiña un ojo y luego se dirige a mí―. ¿Qué les sirvo?

―Cerveza estará bien―digo yo.

―Oh, no. No para mí―dice Alex rápidamente―. No me gusta la cerveza.

 Sorprendido como nunca antes, volteo a ver a Alex con los ojos abiertos y las cejas elevadas. ¿Qué no le gusta la cerveza? ¿A qué persona en el mundo no le gusta la cerveza? Mi padre, por otra parte, sonríe con… ¿con cariño? ¿Por qué?

―Entonces… ¿qué se te antoja? ―le pregunta mi padre.

―Mmm… ¿tendrá tequila?

―En seguida te lo sirvo―dice mi padre y se va por las bebidas.

― ¿Te gusta el tequila? ―le pregunto a Alex, una vez que estamos tan solos como se puede estar en un bar lleno de gente.

 Ella está por responderme, cuando llega mi padre y me da una botella de Heineken que acaba de abrir, luego pone frente a Alex un vaso tequilero y abre la botella de Patrón que lleva en la mano. Pero antes de que pueda servir el tequila, Alex le quita la botella de la mano, se sirve, se lleva el vaso a la boca y se toma todo el tequila de un solo trago. Repite el mismo procedimiento tres veces más.

Anhelo y Deseo.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora