Takuya, un adolescente japonés de 16 años, vivía una vida común hasta que gracias a un proyecto escolar se hace amigo virtual de una chica italiana que vive al otro lado del mundo.
La rubia miraba su teléfono con cierta melancolía. No entendía por qué Lucio no contestaba sus mensajes ni llamadas. Era cierto que habían discutido por una tontería pero no tenía que ignorarla por completo, ¿o sí? Rayos, quizás no debió negarse cuando le pidió ayuda para repasar historia, pero ella tenía otras cosas que hacer. Aún así se sentía culpable. Si su novio tenía problemas con una materia, ella quería ayudarlo sin chistar...
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Lo llamó cerca de 10 veces para disculparse pero él seguía sin contestar. Zoe pensaba en qué podría estar haciendo, aunque en general siempre que discutían él reaccionaba igual. -Por supuesto que tiene derecho a estar molesto- pensaba. Cualquier otra chica en su lugar hubiera aceptado ayudarlo y luego fue tan frío con la pobre, que dejó su corazón y mente congelados.
Necesitaba distraerse... 10 llamadas perdidas le parecían suficiente interés por solucionar las cosas, además no podía dejar que se le fuera el resto del día en eso así que tomó su cámara profesional, obsequiada por su madre y pensó, ya tenía suficientes fotos de paisajes naturales, ahora buscaba algo diferente. ¡Eureka! En la sala de música de su hogar estaba la nueva atracción, su nuevo talento a desarrollar, su más reciente y melodiosa inspiración: el piano. Era perfecto y tenía muchos ángulos distintos que podía retratar.
Luego de tomar bastantes fotografías, Zoe las traspasó a su computadora, de entre todas, eligió la que más le gustó. Era perfecta pero ¿qué haría con ella ahora? Lucio no le contestaba, sus padres estaban con sus asuntos y la verdad, sus amigas, que eran bien pocas, no solían apreciar su esfuerzo tomando fotografías, si es que se dedicaban a observarlas.
Sentía que necesitaba hacer nuevos amigos, alguien que pudiera interesarse por las cosas que despertaban su pasión por la vida. Lucio compartía sus gustos y apreciaba su arte pero tenía ese afán de corregir cada pequeño detallito o de hacer notar que él lo habría hecho... no mejor, solo de otra forma. Mejor así, ella no soportaría estar con un adulador que le hiciera creer que lo hacía genial, cuando no fuera verdad. Le gustaba la honestidad con que su novio criticaba su arte, aunque por algún motivo, últimamente no se lo quería mostrar.
De pronto recordó haber leído algo que llamó su atención. Revisó su correo.. ahí estaba, el primer correo del chico japonés: "...a veces también toco la guitarra y me gusta mucho cantar." -Quizás le gustaría saber que me regalaron un piano... porque le gusta la música- Revisó el segundo correo donde Takuya le respondía qué instrumento podría tocar. -¡Claro! Esta fue su idea, entonces, sí le voy a escribir...- Dudó. Se sintió patética. ¿En serio no podía conocer a gente de otra forma? Claro, con sus padres todo era privado. Clases de piano, privadas, clases de pintura, privadas... así nunca conocería a nadie. Incluso se le hacía bastante raro tener un novio que no fuera de su escuela pero así son las cosas ahora.
"Da igual" pensó. -si no le agrado, pues no me contesta y ya. ¿Qué podría salir mal?-
Luego de enviar el correo bajó a la cocina para servirse un vaso de agua. Luego de beberlo, lo dejó en el lavaplatos. Dio un suspiro y se dirigió a su habitación. Su correo seguía abierto así que lo vio: El japonés había respondido. Sintió una extraña emoción recorrer su cuerpo, y abrió el mensaje.