Capítulo XXVIII

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Interludio Madara

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Madara estaba confundido.

Acaba de entrar en los terrenos de su casa y de repente un maravilloso olor suave y ligero como los campos primaverales inundó sus fosas nasales.

Madara incluso podría jurar que tembló por un momento mientras respiraba aquel aroma.

Como si fuera un instinto Madara se dirigió hacia el patio trasero de la casa buscando el origen del maravilloso aroma.

Mio susurraba su alfa interno.

Camino suavemente tratando de hacer sus pasos lo más silencioso posible, cuando llegó a la esquina de la casa observo como Ryota caminaba junto a Izuna por el engawa y entraban a la casa. 

En otra ocasión Madara se hubiera dirigido hacia sus amados hermanos menores, desde que Ryota casi muere a manos de aquellos Cazadores de Doujutsu Madara nunca los dejó solos, ni a Ryota ni a Izuna. Siempre asegurándose de tenerlos a la vista y si es posible, hacer sus misiones con ellos.

Pero en esta ocasión Madara no pudo, Madara quería y necesitaba saber quien era el dueño de ese aroma.

¡Necesitas Cazar y reclamar! 

Madara trató de ignorar a su voz interna a pesar de que podía sentir una gran ansiedad en su pecho, ni siquiera sabía a quién iba a cazar o ¿porque tendría que cazar a alguien en primer lugar?

¡No los quitaran! el alfa interno le gritó 

Frunció el ceño con molestia y frustración. Cuando Madara llega a la entrada al patio de su casa su cuerpo se congela y su respiración se vuelve inestable.

Era un ángel, Madara parpadeo ¡Había un ángel sentado en su estanque Koi!. Tenia un hermoso cabello negro que caia sobre sus hombros y espalda, junto con un flequillo hacia el lado izquierdo de su rostro y sus ojos..¡Oh dios sus ojos eran hermosos!, eran grandres y de color negro y brillaban como el cielo nocturno, acompañados de unas largas y rizadas pestañas.

Madara se mordió el labio para evitar gritar de emoción y siguió observando, el ángel tenía los labios más bonitos que hubiera visto, eran gruesos de color rosa claro. De repente vio con conmocion como una risa dulce salía de ellos.

Un sonrojo invadió el rostro de Madara, ¡Maldición! Su risa era divina..el chico llevaba un sencillo Kimono negro y un Obi rojo, Madara se pregunta si sus brazos podran rodear su cintura pequeña perfectamente.

Madara sacude la cabeza y camina silenciosamente.

Hay que cazar

Necesitaba saber su nombre, si tenía pareja, tal vez era un Omega masculino. No espera, los Omegas están extintos, el último fue su Okaa-chan.

Se detiene a unos metros de el ángel y suspira de manera entrecortada “...¿Quién eres?” Dios Madara quería golpear su cabeza contra el muro de piedra del estanque hasta que sangrara. ¿por qué demonios su voz tenía que sonar tan débil y patética?, él debe demostrarle al ángel que es fuerte, que puede protegerlo, que él puede…tal vez..

Ser su alfa/Ser su alfa.

El ángel desvía su atención de los peces del estanque y lo mira a los ojos, Madara cree que al mirar aquellos ojos no solo ve las estrellas sino también galaxias enteras. El chico inclina la cabeza hacia un lado y sonríe, precioso. “Uchiha Obito...es un placer conocerte”

Uniendo lo PerdidoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora