Capitulo LX

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Los guardias los saludaron con una reverencia a la cual Obito sonrió cortésmente al igual que Haruka.

Algunos otros Nobles los saludaron en el camino, muchos de ellos Obito ya los conoció y aquellos que no, se presentaban aprovechando estar en presencia de un príncipe; incluso si dicho príncipe es considerado como el más débil en poder político, todavía era de la realeza y tenía un poder mayor que el resto de Nobles.

A medida que entraban el bullicio de la fiesta disminuyó y la atención se centró en las grandes escaleras de mármol al final del salón, donde apareció el Daimyo acompañado de su Harén Oficial de concubinas, un total de 14 mujeres y 3 chicos bastante lindos a la vista, entre ellos el dulce Omega peliverde.

Y todo aquel Harén vestía con lujosos Kimonos decorados con joyas costosas, oro y plata, peinados hermosos sin duda hechos por los mejores estilistas de la nación, su maquillaje algunos oscuros y otros con un toque más suave y natural.

Eran personas bastante bonitas, tenía que admitirlo. Obito examinó disimuladamente a las mujeres, todas ellas con cuerpos exageradamente curvilíneos, peinados extravagantes y mostrando más de lo que deben, lo dice por las dos favoritas del Daimyo que literalmente parece que llevan los pechos casi por fuera del Kimono.

Contuvo una mueca ante el vulgar espectáculo

En cuanto a los tres chicos ellos vestían Kimonos solo que más recatados y elegantes, con delicadas telas de seda envolviendo sus cinturas y sus cabellos largos atados en delicados moños con pequeñas joyerías.

"Hahaha" el Daimyo rió alegremente, su vientre grande y redondo rebotó con cada risa. Obito pensó que su Yukata rojo se reventaría con lo apretado que se veía aquel nudo dorado "¡Que se inicie esta magnífica fiesta!" grito alzando las manos hacia arriba y mientras la gente aplaude y grita por el inicio de la fiesta, el Daimyo termina de bajar las escaleras con sus manos en los traseros de sus dos concubinas favoritas.

Que asco.

Obito desvió la mirada del grotesco espectáculo y observó como Haruka parecía helado mirando hacia el Daimyo, o más en específico hacia el Omega peliverde que era parte del Harén del Daimyo.

Al ojo exterior el muchacho parecía tranquilo e imperturbable pero a los ojos de Obito, una persona que creció yendo a reuniones políticas y comerciales rodeado de personas hipocritas y oportunistas, era como un libro abierto.

Haruka era bueno disimulando pero no era perfecto, sus hombros estaban demasiado rectos, sus manos descansaban firmemente contra su ropa, apenas conteniendo de apretarlas. Su rostro a pesar de estar estoico tenía un leve tic en la ceja y el movimiento de sus pies por muy leve que fuera el joven estaba a punto de saltar y correr hacia aquel Omega.

Hubo una tos falsa y una sombra apareció a su lado "Creo que seria mejor si me encargara a partir de aquí"

Obito se giró hacia el asistente que conoció hace sólo unos minutos "¿Si Haruka-Sama lo desea?" pregunto mirando al príncipe.

"Si" suspiro cansado y sonrió débilmente a Obito "espero verlo de nuevo después Obito-san"

"Me asegurare de venir con Nao en su próxima visita" lo miró con amabilidad y el rostro del joven se iluminó brevemente.

Ambos hombres se despidieron y se alejaron rápidamente, con el asistente empujando la silla de ruedas de Haruka al otro lado de la habitación donde se encontraban los mayores y aliados del joven.

"¿Desea una copa mi Lord?" un mesero Rubio de ojos rojos lo saludo con respeto, Obito levantó una ceja y sonrió.

"Claro"

Uniendo lo PerdidoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora