Isabella Rosier siempre ha soñado con salir de Hogwarts y dedicarse a lo que más le gusta. Sin embargo, sus padres tienen otros tipos de planes para ella; unir su vida a la de Draco Malfoy.
𝐃𝐨𝐬 𝐚𝐥𝐦𝐚𝐬 𝐜𝐞𝐠𝐚𝐝𝐚𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐚𝐫𝐫𝐨𝐠𝐚𝐧...
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Draco se había despertado temprano, con un humor pasable. Quería ir a la casa de los Rosier y planear junto a Bella la despedida de solteros para ambos.
Él terminó de bañarse y se vistió. Decidió cambiar un poco su outfit; en vez de vestirse con su típico traje negro, Draco decidió ponerse una simple playera blanca, unos jeans negros y lentes de sol.
Bajo por las escaleras de su casa hasta llegar abajo.
— Buenos días — lo saludó su madre —. ¿Tienes planes?
— Iré a ver a Isabella.— informó Draco, sin darle mucha importancia.
Su madre se sorprendió y una sonrisa apareció en su pálida cara.— Me alegro. ¿Harán algo?
— Tal vez planear nuestra despedida.— se encogió de brazos.
— Me parece bien. ¿Desayunas? — su madre se sentía alegre.
— Creo que desayunaré con Isabella.
— Entonces, cuídate y me saludas a Isabella.
— Bien.— Draco se despidió de su madre con un beso en la mejilla y salió por la puerta. Apareciendo en la Mansión Rosier.
La Mansión Rosier tenia ese ambiente tan diferente a la Mansión Malfoy. Su jardín bien cuidado, rosas, flores de muchos colores, haciendo que la gran Mansión luciera tan sencilla pero a la vez tan hermosa.
Su ambiente era cálido, familiar y alegre.
Draco caminó por el camino hacia la puerta de la mansión, respiró hondo y tocó dos veces con sus nudillos.
Esperó un momento y después de dos minutos la puerta se abrió; dejando ver a uno de sus Elfinas domésticas. A Draco le parecían graciosas esas Elfinas, pues, a diferencia de los otros Elfos y Elfinas, estas estaban bien vestidas, con moños y vestidos.
— Buenos días, señor.— lo saludó la Elfina haciendo una reverencia ante él.
— Buenos días. ¿Está Isabella?
— La ama Isabella está en su dormitorio — informó la Elfina —, pero puede pasar y la llamaré en un momento.— se hizo a un lado dejando pasar a Draco. Draco entro echando un vistazo a la Mansión.
— Gracias.— le dijo Draco.
La Elfina hizo otra reverencia y comenzó a caminar, hasta perderse de la vista de Draco.
— ¡Oh, querido! — Draco escucho la voz chillona de Ivy, y volteó a verla forzando una sonrisa amable.
— Hola, Ivy.— la saludo Draco.
— No esperaba verte por aquí.
— Bueno... tengo cosas que hablar con Bella.
— Bien, bien. Ven, por favor.— la mujer comenzó a caminar y Draco la siguió, llegando al jardín trasero; había una mesa y, Ivy le pidió que tomara asiento; Draco lo hizo.— Le pediré a la Elfina que traiga el desayuno para ti y Bella.