(Música ambiental)
De nueva cuenta lo que queda después de tanto tiempo es aquel mismo sonido insistente y constante, ese goteo cercano que por como suena parece venir de kilómetros de distancia, incluso esa sonata de poca pero notoria melodía y de una intensidad tan tenue, parece poder ocultar los murmullos casi imperceptibles de aquello frente a tus ojos, con esa misma expresión confusa, con lágrimas surgiendo de sus ojos, encharcándose como manantiales en las cuencas de sus globos, su cabello negro como el petróleo, enmarañado como arbusto sin podar, siendo recorrido con cierta tensión por sus manos, la de carne callosa y magullada y la de metal escoriada y agrietada, su único ojo funcional coloreado de ese rojo espectral se enfoca entonces en ti, te mira como un niño mira a su madre cuando lo deja solo en la escuela por primera vez, es una mirada sincera y expresiva, te está rogando ayuda, algo, lo que sea, todos los recuerdos que te fue contando en las últimas 3 semanas han sido demasiado para una mente fragmentada y traumatizada como la de este hombre, te acercas con cuidado, le tomas de la mano de carne con el mayor cuidado que puedes, su piel es muy rasposa, pero, ello no te impide bajar su mano hasta apoyarla en la pequeña mesa de madera, ahí con tu otra mano le acercas su taza, él la toma con mucho cuidado, tomas de la tetera humeante, dejándote maravillar un segundo de la fragancia antes de servir un chorro generoso al envase del preso, con un cuidado más propio del de un niño con su juguete favorito, el hombre acerca la taza a sus labios, con lentitud tuerce las comisuras hacia la izquierda, dejando al líquido cálido entrar por la parte sin daños de sus labios, por un segundo se estremece, luego continua dando sorbos tímidos hasta que al tener un tercio de su taza la eleva para beber todo el líquido restante, te mira devuelta, esta vez su expresión más relajada, aunque con las lágrimas aún en su rostro:
—Gracias— Te expresa con una entonación casi dulce a pesar del amargor de su tono natural de voz.
—No hay de qué, para eso es que trabajo.
—Y tú trabajo ha sido excelente, la terapia que me has dado sin duda me sirve para aclarar mi mente, realmente que lo hace, y no me cansaré de decirlo, este té de jengibre es lo mejor del universo, quien no lo pruebe se perderá de una vida completa.
—Es una receta de una tía, le agrega media cucharada de canela molida, una de azúcar y media de regaliz por cada cucharada de jengibre, es bueno para la digestión y para el ánimo.
—Sin duda que lo es, aunque sobre todo lo que más ánimo me da es el mero hecho de tenerte frente a mi escuchando mis desvaríos...— Por un momento el tipo se queda congelado, como tantas veces antes parece murmurar cosas a alguien que no se ve, un segundo después voltea a mirarte como si nada —Disculpa, hablaba con Corros, tengo en serio que pedirle que no me interrumpa cuando ando en medio de algo, aunque obviamente no me hará caso.
—¿Tú relación con él es tan complicada?— Le cuestionas mientras das un sorbo a tu propia taza de té, dejándolo pensativo un momento, acabando por mostrar en su rostro destrozado una literal media sonrisa agradable.
—No, ya te lo he comentado, ese cabrón es mi más grande amigo ahora, me hace compañía en mis peores momentos y me ha ayudado mucho más de lo que suelo reconocerle, es otro de los factores por los que no me he perdido.
—Todo esto es muy confuso de entender, todo lo que me haz dicho, todas esas vivencias extraordinarias, el que justamente no te perdieras luego de eso, me intriga, porque, tu estado es complicado— Él se queda un segundo mirando hacia abajo, parece frustrado, le vuelves a llenar su taza, ante lo que la sonrisa en su rostro vuelve, elevando su mirada hasta chocar con la tuya.
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La cruzada de Crew
Fiksi PenggemarEsta es la primer novela que publico, no creo que sea una obra maestra ni mucho menos, pero aun así espero que la disfruten. La historia inicia con un chico relativamente normal al que todos llaman de cariño Crew, durante su vida el chico va perdien...
