El trato

17 9 2
                                        

(Música ambiental)

El doctor Morgan entró a su oficina luego que acabó finalmente con su último paciente, listo para distenderse en leer un libro en la página a la que había llegado, bebiendo su tasa de sangre con normalidad, sin embargo, el hombre escuchó unos golpes en su puerta, con lo que sin tomar mucha importancia se levantó de su asiento y abrió la misma, sin muchas ganas se dirigió a sus contrarios:

—Está cerrado hasta las tres, ¿Qué no vieron el letrero?— El doctor miró a sus visitantes, quienes se dio cuenta eran justamente las personas que no quería que viniesen a su consultorio.

—Buenas tardes Doctor Morgan Morbius, es un gusto poder estar aquí con usted en este momento— Dijo el mas imponente de ellos, quien entró sin encontrar resistencia del doctor, aquel hombre con su brazo de metal y su mirada fría era mejor conocido como el cazador.

—¿Cómo carajos me encontraron?— Expresó el doctor Morgan alterado.

—Ohh ¿No escuchó el memo? Mire, se lo voy a poner claro, todo mundo ya sabe que se oculta por aquí doctor.

—¿Y que? ¿Qué vienes a hacer exactamente? Dime que buscas, maldito hijo de perra.

—¿Que busco? Es gracioso que preguntes eso, tú ya has tratado muchas veces conmigo y los míos, estoy completa y absolutamente seguro de que sabes a que vengo, así que quiero que seas claro y no te andes con rodeos, dime, ¿Dónde está él?

—Como si yo pudiese decir algo importante sobre eso.

—Doctor Morgan no se intente hacer el listo conmigo, ambos sabemos quien tiene la ventaja en esta situación, así que, no sea testarudo y dígame ¿Dónde diablos lo tiene escondido?

—¿Tener que? Yo no tengo nada, nada, ¿Me entiendes? no cuento con nada de lo que sea que busques, nada de lo que piensas que tengo, nada, aquí solo es mi pequeño negocio, un pequeño refugio en el que resguardo mis viejos proyectos y ayudo a la gente.

—Y una pocilga a mi parecer.

—Ya te dije, no es nada, si no quieres acabar con mis garras metidas en tu yugular por favor aléjate de aquí, ¿Me entendiste?— Acotó con enojo creciente el doctor, mientras que sus uñas crecían y se afilaban hasta estar al tamaño de las de un tigre, mientras que su de por si blanquecina piel se volvía pálida y áspera, mostrando afilados colmillos en su boca y rasgos marcados casi bestiales en su rostro.

—Ohh ¿Me estas amenazando?, ¿Estas amenazándome?, ¿En serio me estas amenazando tú?, cielos, no es por ofenderte, pero en verdad es un poco estúpido de tu parte el intentar darme una amenaza, digo, no sé si conozcas a quien me respalda.

—Yo no conozco nada de quien o que te respalde y si por mi fuera incluso si te respalda algo grande, por mí se pueden ir al carajo, lo único de lo que tengo certeza ahora es que si en algún momento llegas a mover un musculo más hacia mí, voy a desollarte vivo, así que te pido el gran favor de que salgas de mi consultorio de una vez.

—Doctor, se lo pido de gran favor, seamos razonables, ambos sabemos que esto puede terminar mejor, lo único que debe hacer es entregárnoslo.

—Ese sujeto me salvó la vida, aunque lo tuviese conmigo yo jamás lo entregaría, pero ese no es el caso, así que, si es tan amable, por favor lárguese de aquí, no quiero verlo ni un segundo más por aquí.

—Bien doctor Morgan, eso puedo dejarlo pasar, pero, recuerde que también aun no nos hace entrega de el suero de esencia vampírica, así que antes de irme quiero que me dé eso.

La cruzada de CrewHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora