Extras: Las noches más oscuras

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(Música ambiental)

La oscuridad del alba, tal vez algunos se sientan cómodos embadurnados por ella, lejos de la luz, de la vista de otros, trae la calma del descanso, del sueño, pero, no siempre la noche resulta placentera, ni siquiera es tolerable en veces, en ocasiones, cosas que no podemos ni imaginar se esconden en la penumbra, el dominio de la noche en veces es tomado por lo escabroso, por lo que da más miedo a la humanidad desde tiempos inmemorables, el miedo a lo que uno no tiene constancia, el miedo a lo desconocido, hay de todo en la viña del señor, por su parte, la joven Alana parecía que podría disfrutar del sueño más placentero de su vida, uno reparador en todo sentido, la chica acababa de cumplir no hacía mucho los 15 años y esos días lo había pasado genial, algo esperable, pues, su familia era adinerada por montones, nada de lo que ella quisiera le faltaba, las suaves sabanas del más fino algodón y lana lo confirmaban, sin embargo, algo le tenía inquieta, a través de los mechones castaños tintados en carmín que le cubrían un poco los ojos, podía ver algo, ni ella estaba segura de que, ante la penumbra de la noche hasta la más inocente de las formas se deforma al pasar a nuestra cabeza, no era distinto para ella, pues al encender la luz, nada cambiaba, todo igual que como lo dejó.

Los minutos pasaban, pero esa sensación no dejaba de picarle la espina, algo no iba bien, pero, ella misma no podía decir con certeza alguna que exactamente era lo que estaba saliendo mal, un ruido como de un golpe, a lo lejos, no era nada seguramente, a cada rato las ramas de los árboles del jardín golpean cosas por el viento, los guardias a veces hacen ruidos raros en la noche, pero, jamás es señal de nada malo.

Lo que en verdad sería malo es escuchar un ruido viniendo de la ventilación, aquel hueco en el techo de su cuarto cubierto solo por una rejilla que no oculta para nada la absurda penumbra de aquel conducto, sin embargo, un ruido ligero proviene de ahí, como un crujido, como de una lámina doblándose, Alana toma su linterna con una mano y su pequeño celular con la otra, marca al número de su padre, un botón y la llamada se iniciaría, la pantalla le ilumina el rostro, la linterna enfoca su fulgor en el inmenso hueco, espera unos segundos, pero, ese ruido simplemente fue una excepción, allí no hay nada, no como otras veces, que esa ventilación la ha recibido con un rostro desconocido mirándola fijamente, no un fantasma, un demonio o nada del estilo, algo más aterrador, otras veces ha sido víctima de gente terrible que se metía a su habitación, personas que al contrario de los demonios o los fantasmas, estaban ahí en carne y hueso, pudiendo dañarla, cortarla, maltratarla, ocasiones en que por suerte, gracias a su padre y los guardias de la casa no tuvieron éxito; por suerte, esta no parece una de esas ocasiones, allí no hay nada, solo un tubo de metal hasta donde su linterna alumbra, más allá solo hay oscuridad, el ruido fue solo una falsa alarma, la cabeza sin embargo, no le deja de dar vueltas, ¿Puede haber algo ahí? esa incertidumbre es más poderosa que cualquier monstruo real o imaginario.

La joven se toca los piercings de la oreja, hace muy poco que se los puso, sentir el ligero piquete en su lóbulo le calma, causa un pequeño hormigueo a su cabeza, al menos lo suficiente lo siente para ignorar un poco el temor en su cabeza, sus colchas a su vez le invitan a acurrucarse, perderse en el sueño, la chica ya no quiere dudar, con sus pequeñas manos de algodón toma de sus cobertores, el frío otoñal invitándola a acurrucarse otra vez y olvidar lo que sea que fuese el sonido de antes.

La suavidad a su alrededor la invitaba al más placentero de los sueños, sin embargo, algo empezó a incomodarla, de a poco sintió que el aire le faltaba, no fue un cambio brusco, no fue algo que notara de una inhalación a otra, poco a poco, el aire se fue volviendo más pesado, cada vez los pulmones se le vaciaban más rápido, con cada aspiración un poco más que la anterior, tan poco que hubiera sido notarlo para cualquiera y Alana no fue la excepción, cuando por fin el cambió era evidente, era demasiado tarde, cada aspiración le dolía más que la anterior, no podía respirar y lo peor era que el cuerpo lo sentía como con asfalto encima, intentó levantarse e la cama, pero no pudo, los brazos no le querían responder, apenas y pudo apartar la sábana, lo que ello la dejó ver la hizo incapaz de moverse, en aquel maldito conducto en el techo había una figura, una que se perdía con la oscuridad a excepción de una luz intensa que le apuntó a los ojos, cegando a la pobre chica, cuando los ojos se acostumbraron a la luz pudo observar ferente suya como aquel ser se había acercado, deforme, torcido y asqueroso, en la oscuridad, su expresión más horripilante que ninguna cosa que Alana hubiera visto, intentó gritar, llorar, pero ni ella misma podía escuchar su propia voz, la falta de aire ahogó cada sonido en su garganta y antes de que pudiera moverse un pinchazo en el cuello fue seguido de que todo se le pusiera negro.

La cruzada de CrewHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora