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Fallon subió las escaleras dirigiéndose al despacho de Dowling, en las últimas horas se había ido reuniendo con todos, a excepción de Sky, que había recibido, como ella, un sermón y un agradecimiento por parte de Silva al haberle salvado la vida. Pero aún así, dirigirse al despacho de la directora, la hacía recordar viejos tiempos en los que ella estaba metida en problemas y, siendo sinceros, no la gustaba mucho.
—Fallon, pasa.— Sonrió Dowling mientras la hacía pasar, para sentarse frente a su escritorio. —Supongo que tus compañeras te habrán dicho de lo que han hablado conmigo, ¿verdad?— Fallon asintió.
—Silva me ha dado un sermón, siento decirlo así pero es como se ha sentido. Y de sermones se un poco.— Sonrió mientras jugaba con la cremallera de su cazadora.
—¿Qué te inquieta?— Preguntó Dowling dándose cuenta que la pasaba algo.
—Sentí al quemado acercarse, como la atacaba a usted y como me obedecía. Sentí como pedían ayuda. Y eso me aterra, me aterra el hecho de que les atraigo y de que pueda poner en riesgo a todos. No quiero que nadie salga herido por mi culpa.— Explicó haciendo que Dowling sonriera.
—Bueno, he de decir que estoy impresionada con lo que hiciste anoche. Ya no solo la forma de luchar, sino por el control de tu magia, Fallon. Pero ambas sabemos que hay más.— Fallon suspiró mientras alzaba la cabeza y la miraba.
—Hay muchas cosas que no tienen sentido. Mi vida por ejemplo, o quien me dejó en el Primer Mundo. Bloom tiene su respuesta, ¿pero qué pasa conmigo?— Dowling la miró entendiendo porque tenía tantas preguntas, mal o bien, Bloom las iba descubriendo, pero no era el caso de Fallon.
—¿Qué crees que significarian esas respuestas para ti?— Preguntó Dowling con curiosidad.
—Saber que alguien me va a esperar. Todos tienen a alguien, Bloom a sus padres adoptivos; pero yo... Yo no tengo a nadie que espere en casa, la única persona que tenía era mi abuela y está muerta. Mis padres adoptivos, desaparecidos. Al final, voy a ser Harry Potter, pero sin vivir bajo una escalera.— Bromeó haciendo que Dowling comprendiera el miedo de la joven, era un miedo comprensible, el miedo a quedarse sola.
—Es entendible que a veces necesitamos a nuestra familia para no caernos, pero he visto a muchos que han venido aquí sin ese apoyo, con una gran fuerza de voluntad y han caído. No es tu caso, Fallon. Se que recurres a los malos sentimientos para hacer magia, pero puedes recurrir a los buenos, ¿verdad? ¿Qué hay de ese collar que me contaste que te ayudaba a no perder el control los días antes de llegar aquí?— Fallon mostró el collar, el cual estaba sobre su cuello.
—Fue el último regalo de mis padres. Cuando se iban a las competiciones, me decían que por la noche veríamos la misma estrella, la estrella polar. La cual me llevaría hasta ellos.— Sonrió mientras sus ojos brillaban a raíz de las lágrimas. —Pero es una tontería. ¿Qué tiene que ver eso con lo sucedido?— Preguntó Fallon confundida.