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En una realidad paralela:
Beatrix caminó con sigilo por la habitación que ella y su hermana compartían, desde que habían sido admitidas en Alfea, sus padres se habían empeñado en que ambas compartieran habitación, no es algo que las importará, pero sus progenitores querían que estuvieran listas, sobretodo por lo impulsivas que ambas solían llegar a ser a veces.
—Si quieres escaparte, haz menos ruido. Levantarás a los muertos.— Murmuró Fallon mientras se acomodaba sobre su almohada al mismo tiempo que Beatrix se daba la vuelta soltando un suspiro, jamás conseguiría hacer algo sin que su melliza se llegara a enterar.
—Solo quería divertime antes de ir a Alfea.— Murmuró mientras cerraba la ventana y se sentaba en el diván que había debajo de él. —Mamá está como loca desde que nos aceptaron, y conociendo a papá estaremos tan vigiladas como Stella y Stefan.— Añadió mientras Fallon se acercaba a ella y se sentaba a su lado, bajo la luz de la luna llena.
—Ambos quieren que vivamos esa experiencia que ellos dos tuvieron, no tiene nada de malo, Trix.— La recordó intentando ponerse del lado de sus padres, por supuesto en Alfea debería de ocultar su naturaleza como un fénix y guardar de esa manera el secreto familiar, pero tampoco quería ser la hija de sus padres.
—¿De verdad?— Inquirió mientras la miraba con una expresión de pocos amigos al mismo tiempo que se acercaba a la cama de su hermana. —Te recuerdo que no podremos salir a divertirnos, que no podremos tener vidas normales.— Se quejó sabiendo que las vidas de ambas siempre estaban bajo el ojo de mira, sobretodo por la relación que su familia compartía con la familia real de Solaria.
—Nunca hemos tenido vidas normales, solo las tenemos cuando nos vamos a las zonas bajas para ir a pubs a beber.— Puntualizó la hada de fuego en señal de que jamás podrían saber lo que era ser adolescentes normales en un mundo mágico. —Además, en Alfea, las únicas personas que nos observarán serán los profesores y algunos alumnos cotillas. En cuanto pase la moda de quienes somos dejarán de prestarnos atención, solo tenemos que hacerles creer que somos dos hadas aburridas y poderosas.— Insistió sabiendo que en cuanto dejarán de ser el centro de atención podrían hacer todo cuando siempre habían querido sin temer hacer enfadar a sus padres.
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El primer día en Alfea podría ser algo idílico para cualquiera, pero para las hermanas Daniels era algo que en definitiva las aterraba, ninguna de las dos había estado en un internado antes, siempre habían estudiado en casa con los mejores profesores y aprendiendo gracias a sus padres, pero aquello era nuevo, aquella sería la primera vez que dejarían de ser las hijas de Bastian y Dominique, aquel día serían solamente Fallon y Beatrix dos hermanas tan opuestas como el día y la noche.
—Mamá no bromeaba cuando dijo que esto sería impresionante.— Murmuró Fallon maravillada mientras entraban por el gran pórtico, atrayendo la atención de varios estudiantes.