22. Béisbol

13.4K 1.5K 114
                                        

—A mi mamá no le gustó mucho el Jeep —comenté—

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

—A mi mamá no le gustó mucho el Jeep —comenté—. No se opuso, pero vi que se ponía nerviosa. No es una persona de riesgos.

—Sí, pensé que no la dejaría muy contenta, pero era necesario. El camino por el que iremos es un poco difícil —explicó—. Y supuse que no te apetecería correr todo el camino.

—¿Correr todo el camino? ¿Quieres decir que una parte sí la vamos a recorrer a pie?

Él sonrió ampliamente, virando en la siguiente calle.

—No serás tú quien lo haga.

—¿Ah, no? —pregunté, confundida.

Él negó con la cabeza.

—Ya lo verás.

El semáforo se puso en rojo justo a tiempo, porque se inclinó para besarme la mejilla lentamente. Quise voltear la cara y besarlo en los labios, pero me contuve.

Entre la penumbra y el diluvio, no sé cómo encontró el camino, pero de algún modo llegamos a una carretera secundaria, con más aspecto de un camino forestal que de carretera.

La conversación pudo haber resultado imposible durante un buen rato, dado que yo iba rebotando arriba y abajo en el asiento como un martillo pilón, pero eso no me impidió sacarle plática, pues el movimiento brusco no me molestó en lo más mínimo; me sentía como en un juego mecánico y lo encontré divertido (en esos momentos agradecí mi baja estatura, pues ni una vez corrí el riesgo de golpearme con el techo). Además, Emmett parecía disfrutar del paseo y la plática, ya que no dejó de sonreír en ningún momento.

Y entonces fue cuando llegamos al final de la carretera; los árboles formaban grandes muros verdes en tres de los cuatro costados del Jeep. La lluvia se había convertido en llovizna poco a poco y el cielo brillante asomaba entre las nubes.

—Desde aquí tenemos que ir a pie.

Se acercó tan rápidamente a mi lado del coche que apenas pude apreciar una imagen borrosa. Abrió la puerta y empezó a desatarme el arnés. Antes de que pudiera reaccionar, me sacó del Jeep y me puso de pie en el suelo. Apenas había un poco de niebla.

Extendió los brazos hacia mí. Mi corazón reaccionó. Procedió a ponerme sobre su espalda, con poco esfuerzo por mi parte. Cuando ya estuve acomodada, lo rodeé con brazos y piernas con tal fuerza que hubiera estrangulado a una persona normal.

Era un alivio el recuerdo de él cargando una roca como si se tratara de una enorme pelota llena de aire. Yo no era una chica de peso ligero, y dejarme ser cargada me habría avergonzado si él no tuviera súper fuerza.

—Tal vez sea mejor que cierres los ojos —me advirtió severamente.

Hundí la cabeza entre sus omóplatos y cerré los ojos con fuerza.

No podía decir realmente si nos movíamos o no. Sentía la sensación del vuelo a lo largo de mi cuerpo, pero el movimiento era tan suave que igual hubiéramos podido estar dando un paseo por la acera. Estuve tentada de echar un vistazo, sólo para comprobar si estábamos volando de verdad a través del bosque, pero me resistí. No merecía la pena ganarme un mareo tremendo.

beastly | emmett cullenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora