¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Charlie se acercó con pasos más lentos esta vez, su linterna colgando del cinturón y el rostro tallado por la preocupación. Se agachó un poco frente a mí, con la misma paciencia que se tiene con una niña asustada, pero sin condescendencia. Solo respeto. Solo cuidado.
—Ophelia —dijo, su voz profunda, pero suave—. Quiero que estés tranquila. Con tu declaración y los hechos, esto se resolverá. Vamos a encargarnos de él. Si sobrevive... será procesado por intrusión y por intento de asesinato. Me sostuvo la mirada, esperando que yo lo creyera. Y lo hice.
Asentí en silencio, respirando hondo contra el pecho de Emmett. Sentía el calor de su cuerpo envolviéndome, anclándome, como si hubiera pasado años bajo el agua y él fuera el primer respiro verdadero.
—No van a poder quedarse aquí esta noche —añadió Charlie, enderezándose un poco para dirigirse también a mi madre—. El equipo forense tardará hasta la madrugada en terminar de procesar todo. Se volvió hacia April—. Quiero que ambas vengan a mi casa. Al menos por esta noche.
Mi madre asintió con la mandíbula tensa. Sus brazos cruzados contra el pecho eran un escudo visible. No confiaba en nadie más que en ella misma cuando se trataba de mí. Pero entonces, sus ojos se deslizaron hacia donde yo estaba, aún envuelta en el abrazo de Emmett.
Lo observó con atención.
Muy despacio, se acercó. Sus pasos no eran agresivos, pero tampoco suaves. Eran firmes. Con intención. Se detuvo frente a él, con las cejas alzadas y la barbilla ligeramente al frente.
—No la pierdas de vista —le advirtió, con voz baja, clara, y ese filo que solo tenía cuando hablaba en serio de verdad—. Porque si le pasa algo más, el siguiente en terminar en el hospital vas a ser tú. ¿Estamos?
Emmett no titubeó. Su postura se mantuvo recta, protectora, sin rastro de ego ni amenaza. Solo seriedad. Sus ojos, dorados y furiosos, buscaron los de mi madre.
—Te lo juro. No la voy a soltar ni un segundo. Está a salvo conmigo.
April lo miró durante un largo momento. Como si buscara mentiras en sus pupilas. Como si intentara decidir si le creía o no.
Finalmente, suspiró por la nariz y asintió. Se volvió hacia Charlie.
—Vamos. Enséñame dónde firmo.
Ambos se alejaron, cruzando por debajo de la cinta amarilla, con las linternas del equipo forense recortando sombras móviles en la sala.
Me giré hacia Emmett, con los ojos aún húmedos, la piel ardiendo por dentro. Lo miré a los ojos. Los suyos eran inquebrantables. Fijos. Como si el mundo entero se pudiera desmoronar y él no parpadearía mientras me sostuviera.
Solté el aire despacio y, con esfuerzo, separé los brazos de su cuello. No porque quisiera alejarme... sino porque necesitaba caminar. Salir de ahí. Sentirme viva en otra parte.