45. Entre lobos, pan y secretos

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Embry abrió la puerta del monovolumen y olfateó el aire

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Embry abrió la puerta del monovolumen y olfateó el aire. Bella bajó en silencio. Yo la seguí. Jared saltó de la parte trasera del vehículo y se dirigió hacia la puerta.

—Qué bien, Emily está cocinando.

El interior era cálido, impregnado de olor a pan recién horneado y a leña. La cocina estaba a la izquierda, abierta, con una barra rústica y una olla humeante sobre la estufa. El comedor, al fondo, tenía una mesa larga de madera con varios platos ya servidos. Todo era hogareño. Familiar.

Y allí, de pie junto al fregadero, estaba Emily.

Su piel era cobriza, lustrosa, como la de los demás chicos de la reserva. Su cabello, largo, negro y liso, caía sobre su espalda con elegancia natural. Era hermosa. Lo supe al instante. Pero mi mirada se detuvo, inevitablemente, en el lado derecho de su rostro.

Tres cicatrices profundas recorrían su piel desde la frente hasta la barbilla, como si unas garras enormes hubieran decidido marcarla para siempre. Una de ellas jalaba hacia abajo el párpado derecho, deformando levemente el contorno de su ojo. Otra le bajaba la comisura del labio. Y aún así... había algo en ella que no podía llamarse otra cosa más que fuerza. Fortaleza. Como si llevara ese rostro con una dignidad feroz que desafiaba cualquier lástima.

Me obligué a no mirar demasiado. Solo el tiempo justo. Solo con respeto.

—Oh —dijo, su voz clara pero sorprendida—. ¿Quiénes son?

—Bella Swan y Ophelia O'Neil —respondió Jared, encogiéndose de hombros como si ya hubieran hablado de ella antes—. ¿Quién querías que fueran?

—Así que... ustedes son las chicas vampiro.

Bella se irguió ligeramente, no con soberbia, sino con dignidad. Yo me encogí, pensando que tal vez no estábamos siendo bienvenidas. Después de todo, habíamos llegado sin avisar, sin invitación.

—Sí —respondió Bella por las dos—. ¿Y tú eres la chica lobo?

Una risa brotó de los labios de Emily, y los chicos la siguieron. Por un momento, el ambiente se alivianó. La parte izquierda del rostro de Emily se suavizó con una sonrisa verdadera, aunque el lado derecho apenas se movía.

—Supongo que sí —dijo. Luego, girándose hacia Jared, preguntó—: ¿Dónde está Sam?

—Digamos que Bella sacó de sus casillas a Paul —dijo Jared con una mueca burlona.

Emily puso los ojos en blanco.

—Ay, este Paul... —suspiró, volviendo hacia la cocina—. ¿Creen que tarden mucho? Estaba a punto de ponerme a cuajar los huevos.

—No te preocupes —dijo Embry—. Aunque tarden, no dejaremos que sobre nada.

Emily se rio entre dientes mientras abría el refrigerador.

beastly | emmett cullenHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora