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El trayecto desde la casa de los Black hasta la de Emily fue más largo de lo que imaginé, no en distancia, sino en sensación.
Embry condujo la camioneta de Bella por un sendero irregular, casi oculto entre la maleza y los árboles altos que parecían tragarse el camino. El vehículo botaba con cada piedra, cada raíz oculta bajo la tierra húmeda. Yo iba en el asiento del copiloto, con las manos apretadas sobre las piernas, observando el perfil de Embry mientras sus ojos seguían el camino como si lo conociera de memoria.
Bella, en el otro extremo, miraba por la ventana sin decir una palabra. Su rostro seguía pálido, pero ya no por la sorpresa: ahora era una mezcla de incredulidad y algo más profundo. Algo más roto.
En la parte trasera, escuchábamos los movimientos de Jared cada vez que la camioneta brincaba sobre un bache. No se quejaba. Solo se acomodaba como podía.
Embry rompió el silencio primero. Su voz fue baja, casi temerosa de molestar el frágil equilibrio que había entre los tres.
—Gracias por no gritar.
Lo miré de reojo, alzando las cejas. Él mantuvo la vista en el camino, pero su mandíbula se tensó.
—Cuando Paul se transformó. Cuando viste a Jacob hacerlo también. Tú... no gritaste. No entraste en pánico.
Me encogí de hombros lentamente. "No podía", dije con señas, acompañando el gesto con una sonrisa leve.
Embry soltó una risa breve y sin humor, pero no se burlaba. Su mirada se suavizó apenas.
—Igual... gracias.
—Oye —dijo, sin mirar a nadie en particular—. ¿Cómo consiguió Jake burlar el requerimiento?
Bella parpadeó, volviendo en sí.
—¿El... qué?
—La orden —aclaró Embry, con una ceja arqueada y una nota de verdadera curiosidad en su tono—. Ya sabes, lo de no decir nada. ¿Cómo es que te habló de esto?
Observé a Bella girarse un poco hacia él. Había algo en su expresión que no era ni culpa ni orgullo, solo... una resignación tranquila.
—No lo hizo —respondió—. Lo adiviné.
Embry soltó el aire por la nariz y se mordió el labio inferior, visiblemente sorprendido. Sus dedos tamborilearon apenas sobre el volante, y lo miré de reojo, esperando que dijera algo más.
—Mmm... supongo que es posible —musitó al fin, como si aún lo estuviera sopesando.
Sus ojos buscaron los míos por un instante, como si esperara que yo también dijera algo. Me limité a encogerme de hombros.
"Yo no lo sabía hasta que Paul..."
Embry asintió.
—¿No deberíamos volver? ¿No les preocupa lo que les pueda pasar? —preguntó Bella de pronto, la voz baja, pero cargada de tensión.