40. Face Punch

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Después de la caída de Bella, las motos dejaron de ser un juego emocionante y pasaron a ser una rutina: una que no incluía mi participación directa

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Después de la caída de Bella, las motos dejaron de ser un juego emocionante y pasaron a ser una rutina: una que no incluía mi participación directa.

Yo aún las acompañaba a La Push, claro, pero ahora llevaba conmigo una mochila con revistas de repostería y un cuaderno de recetas. Prefería leer sobre glaseados perfectos, rellenos suaves y bizcochos aireados antes que montarme en una máquina que podía lanzarte contra el suelo sin previo aviso.

Bella seguía decidida a aprender. Jacob seguía dispuesto a enseñarla. Y yo, bueno... yo observaba desde la banca improvisada, con las piernas cruzadas y un lápiz entre los dedos, subrayando técnicas de batido mientras los escuchaba discutir sobre frenos y equilibrio.

En el fondo, sabía que las motos no eran para mí. Ni la Ophelia de antes ni la de ahora se sentían identificadas con ese mundo de velocidad y ruido. Yo prefería la seguridad de un auto. Uno como el Jeep de Emmett. Grande. Fuerte. Inamovible. Como él.

Las clases en el instituto seguían igual de monótonas, pero el almuerzo se había vuelto más tolerable

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Las clases en el instituto seguían igual de monótonas, pero el almuerzo se había vuelto más tolerable. Bella y yo solíamos sentarnos juntas, y nuestros amigos (Angela, Jessica, Eric, Mike) nos rodeaban en una mesa cada vez más ruidosa.

Bella estaba aprendiendo rápido. Podía entender muchas más palabras en lengua de señas, y hasta intentaba algunas por sí misma. Su esfuerzo me hacía sonreír sin darme cuenta. Era paciente, y aunque sus dedos a veces temblaban, no se rendía.

Esa tarde, mientras desarmaba una barra de granola sobre mi bandeja, Jessica abrió la conversación con su habitual tono de "solo quiero hablar de mí, pero fingiré que me interesa lo que haces".

—¿Qué hicieron ustedes este fin de semana?

Angela, con su voz suave, respondió primero.

—Íbamos a ir a las fuentes termales... pero cambiamos de idea.

Levanté la vista, intrigada. Había algo en su tono que llamó mi atención.

—¿Por qué? —preguntó Bella, frunciendo el ceño.

—Vimos algo... a medio camino. Creímos que era un oso. Era enorme. Negro. Pero se movía... distinto.

Ante la mención del oso, un recuerdo de esa mañana ocupó mi mente.

beastly | emmett cullenDonde viven las historias. Descúbrelo ahora