Jimin es un perdedor, pertenece al club de los perdedores y por eso cada que Yoongi entra a la cafetería donde se reúne con sus amigos piensa en lo genial que sería ser como él
"haces mi tarea y te ayudo a ser cool... ok uhm quítate esos lentes"
"pe...
Abrí los ojos al sentir una presión en mi pecho y cosquillas en mi rostro. Me removí pesadamente y pude notar la cabeza de Yoongi recostada en mi pecho, seguía dormido y con la respiración tan calmada, llevé mi manos hasta su cabello y di un lento masaje que hizo que el pelinegro soltara un par de jadeos.
Tomé aire y lo dejé salir lentamente.
Acomodé mi brazo con el yeso despegándolo de mi cuerpo y pronto me sentí más cómodo, hacía un poco de frío y supuse era porque la ventana estaba abierta.
— Yoongi— murmuré en cuanto moví un poco su hombro.
El pelinegro se removió haciéndome más cosquillas en el rostro y soltó un quejido que me provocó más risas.
— ¿Hmh?
— Tengo hambre— dije. — Y está saliendo el sol, debemos ir al colegio.
— No me quiero levantar— farfulló levantando la cabeza.
— Que perezoso— contesté. — Creí que cuando me despertará ya estaría el desayuno listo, como en las películas.
Yoongi soltó una risita y yo sonreí viendo como sus encías relucían a la par de sus dientes.
— El día que estemos casados con mucho gusto, mientras tanto tendrás que ayudarme.
— Bien— dije cuando lo vi levantarse. Se quitó la camisa y la arrojó a un cesto, no pude evitar dar una rápida mirada.
— Iré a bañarme— avisó tomando su toalla, yo asentí y él sonrió de lado. — Creo que escuché sonar tu celular en la madrugada, pero dormías muy plácidamente, deberías revisarlo.
— Claro, gracias.
Yoongi salió de la habitación y luego de escuchar cerrarse la puerta, extendí mi brazo para tomar mi celular del bolsillo de mi pantalón.
Lo encendí y...
Oh no.
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◆◇◆◇◆◇◆◇
Corrí tan rápido como pude mientras esquivaba a la gente de la banqueta e intentaba llamar a Jihyun por quinta vez. Ni él ni mi papá atendían el teléfono.
Cuando llegué a mi casa todo lucía igual.
Mi padre estaba en la cocina almorzando seguramente mientras veía el obsoleto periódico y Jihyun estaba por irse al trabajo.
— Hey topo, te dejé el almuerzo en el microondas— me dijo mientras tomaba sus llaves. — Siéntate y come.
Aquello sonaba como una orden, fue entonces que vi como señalaba con la mirada a mi padre y entendí que era el momento para hablar con él.