Jimin no podía evitar caminar de un lado a otro en su pequeña habitación. Afuera el viento movía las copas de los árboles con violencia. Era diciembre y el invierno había llegado a Bucheon.
Su vida no había cambiado mucho los últimos dos meses, su rutina era básicamente la misma: Ir al trabajo por la mañana, regresar a casa y no salir del departamento hasta el día siguiente a trabajar de nuevo.
Sin embargo, había pequeños cambios que hacían una gran diferencia en su estado de ánimo.
Si bien seguía un poco triste y melancólico, ya no se sentía tan solo y sonreía mucho más.
Una de las razones de ese cambio era que en el trabajo comenzaba a hacer amigos, incluso había salido a tomar con ellos en un par de ocasiones y se sentía bien en compañía de dos de ellos particularmente, Jang Hyuk un Beta maestro de inglés y Yoo In Na una Alfa que hacía de maestra de educación física; uno centrado y cariñoso y otra alegre y fiestera. Era como tener un hermano mayor que cuida de ti y una hermana menor a la que hay que cuidar. Con ellos, los días y sobre todo, los fines de semana, dejaban de ser una aburrida sucesión de un día tras otro.
Sin embargo la verdadera razón del cambio de Jimin era el misterioso chico del gato que desde ese primer sábado había entrado en su vida a costa de mensajes constantes, coqueteos y fotos subidas de tono. En cuanto Jimin sentía vibrar su celular, su corazón se aceleraba y su estómago se sentía lleno de mariposas. Ansiaba recibir y leer cada uno de esos mensajes, no importaba si llegaban durante una clase o a media noche, pues el horario del Alfa era tan dispar que bien podía dormir al medio día y estar en plena actividad a las 2 de la mañana y no ayudaba que en verdad fuera el chef de uno de los mejores restaurantes de Busan.
Y era precisamente su profesión lo que llevaba al guapo Alfa a visitar Seúl, el dueño de Boksoondoga F1963 quería abrir una sucursal absorbiendo un pequeño pero aclientado restaurante en Seúl y quería que su mejor chef revisara su menú e instalaciones. Jung-Kook estaría un par de días en Seúl pero había hecho espacio para estar al menos un día en Bucheon para poder conocer por fin a Jimin.
En un principio Jimin se había mostrado más que ilusionado con la idea de poder conocer al Alfa de tatuajes que le quitaba el aire con sus fotos y le pintaba sonrisas bobas en el rostro con sus mensajes. Pero al pasar de los días una sombra había comenzado a opacar esa alegría, mientras más se acercaba el día de la visita y Jimin se daba cuenta de que era real, de que se iban a ver por primera vez, más miedo tenía de ese encuentro. El Omega escondía un terrible secreto y no sabía cómo lo podía tomar Jung-Kook.
Se dejó caer en la cama y se cubrió el rostro con la almohada, estaba seguro que cuando Jung-Kook supiera su secreto lo iba a detestar y se iba a ir sin volver a hablarle. Cerró sus ojos y un par de lágrimas traicioneras rodaron por sus mejillas y maldijo su suerte y su pasado.
Jimin no pudo evitar regresar atrás en el tiempo y recordar cómo había llegado a ese punto en su vida, nada tenía sentido.
Nunca se había considerado bello, de pequeño había sido algo regordete y de caderas anchas, quizá demasiado para un hombre, con un trasero abultado y un vientre un poco voluminoso. En la escuela era el blanco de la burla de otros Omegas y de algunos Alfas. Sin embargo al entrar en la adolescencia su cuerpo había cambiado, seguía teniendo unas lindas caderas y un trasero respingado, pero ahora estaba mucho más proporcionado y su abdomen, si bien no era muy musculoso, había adquirido la sombra de abdominales, pues había descubierto que le gustaba el ejercicio y visitaba el gimnasio un par de veces por semana.
También había encontrado su estilo, le gustaba cambiar el color de su cabello cada mes y había pasado por todo el arcoíris. Vestía desenfadado y bohemio, le iban las artes y la creación, era un apasionado de la literatura y nunca huía de una buena discusión filosófica. Por eso había estudiado Arte y Diseño Creativo en la Universidad Nacional de Educación de Busan.
Sus años universitarios habían sido los mejores, había conocido a sus mejores amigos, Yoongi el omega de ojos rasgados, Namjoon un guapo Alfa con el que había salido un tiempo, pero con quien había quedado todo en amistad después de comprobar que no estaban destinados y Hoseok un Beta centrado y tranquilo que siempre tenía que poner orden en aquel cuarteto.
Con ellos había conocido el país viajando durante un par de meses por carretera, había dado su primer beso en una borrachera a Yoongi y su primera vez haciendo el amor con Namjoon. Eran sus mejores amigos, su familia lejos de su familia y los extrañaba a muerte.
Al terminar la Universidad cada uno había tomado su camino, pero seguían siendo cercanos. El primero que se había alejado del grupo había sido él. Jimin había partido de Busan un año después de salir de la escuela para acompañar a su madre un tiempo a sabiendas de que su corazón estaba fallando y necesitaba cuidados.
Lo que Jimin no esperaba era que ella lo terminaría cuidando a él cuando le diagnosticaron un extraño cáncer en el sistema inmunitario, Linfoma de Hodgkin. Nadie en su círculo cercano había escuchado antes de tal enfermedad, pero para cuando la descubrieron ya estaba a medio camino en su cuerpo. El tratamiento había tenido que empezar de inmediato y había tenido que ser agresivo para detener al maldito bicho a tiempo.
Le habían dado 16 sesiones de quimioterapia, una cada quince días, dando apenas tiempo a su cuerpo de descansar y recuperarse antes de la siguiente y al terminar éstas, 20 sesiones de radioterapia en su cuello y dorso. Además, le habían tenido que meter una bomba en el pecho que enviaba el veneno directo al corazón para que lo distribuyera más rápido por el cuerpo.
El tratamiento le había salvado la vida, pero en el proceso, la enfermedad le había quitado lo más preciado en su vida, a su madre. El corazón de la Omega no había podido con el estrés de ver a su hijo pasar por el infierno. Verlo perder peso hasta ser un esqueleto, sin cabello ni en las pestañas y vomitando hasta el agua que tomaba, había sido demasiado y justo un mes después de que a él le dieran las buenas nuevas de que su cáncer estaba en remisión, ella había muerto de un infarto.
Jimin apretó más fuerte la almohada para ahogar los sollozos que brotaban de sus boca, le dolía pensar en su madre, en esa mujer que había sacrificado hasta la vida por él.
Por si fuera poco, el cáncer o la radioterapia mejor dicho, le habían robado otra cosa, le habían quitado su esencia. Debido a las sesiones de radiación que le habían dado en la zona del cuello y el pecho para detener el avance del cáncer, su glándula Omega había quedado prácticamente atrofiada y Jimin apenas si despedía olor, era peor que un Beta, porque sentía como si hubiera un bloqueo o constipación, como si su aroma quisiera salir pero algo se lo impidiera, incluso cuando sus emociones era muy fuertes podía sentir dolor en la zona.
Además Jimin extrañaba su esencia, el olor a lavanda y cítricos que exudaba le encantaba porque era muy parecido al de su madre, que olía a rosas con un toque de naranja.
Jung-Kook no podría sentir atracción por un Omega que era prácticamente invisible, ni el Alfa del gato ni ningún otro alfa podría jamás crear un vínculo con un Omega que tenía atrofiada su glándula, Jimin estaba seguro de eso, había intentado decírselo al chico del gato pero simplemente no tenía el valor, el chico del gato le volvía loco y tenía la estúpida esperanza de que a pesar de no tener esencia el Alfa le querría.
Pero ahora que Jimin estaba a menos de doce horas de conocer a JungKook sentía que el mundo se cerraba frente a él.
La vibración de su celular lo hizo brincar y aventar la almohada con la que todavía se cubría el rostro.
JJK
¿Estás listo para mañana bebé?
Jimin suspiró mientras abrazaba el teléfono, ya no había marcha atrás.
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Mi vida sin mi
Fanfiction¿Qué pasa cuando lo vida que llevaste resultó ser una mentira? Nada ni nadie puede sacarte del remolino que te arrastra cada vez más profundo sin dejarte respirar. Jimin, un dulce pero solitario Omega, cree que ha encontrado al amor de su vida en el...
