Capítulo XVIII

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Los días fríos comenzaban a ser parte del pasado a medida que la primavera se acercaba. Un cambio de temporada significaba también cambios en distintas programaciones, y el canal donde Uraraka trabajaba no era la excepción. Ahora venía doble esfuerzo, puesto que comenzarían con unos pilotos, programas de entretenimiento, etcétera. Al menos, contaban con sus asistentes, por lo que su carga de trabajo no debería sentirse tan pesada.

Por suerte, también, había logrado que sus días libres fueran fijos durante los fines de semana, así que aún tendría tiempo para pasar con su sobrina, y, por supuesto, organizar su inminente matrimonio.

La boda. El solo hecho de pensar en ella le llenaba con una felicidad inmensa, pero a su vez la invadía ese horrible estrés de organizar todo y que nada salga mal. Por supuesto que contaba con la ayuda de su madre, suegra, su cuñada y amigas, sin embargo, su perfeccionista mente la hacía sobre preocuparse.

Aquel sábado de marzo, Ochaco se preparaba para salir con su madre, Naomi y Fuyumi, pues tocaba buscar aquel vestido que debía colocarla como protagonista de su día especial. No pudo contar con Mina ni Kendo, puesto que debían estar en el canal cubriendo, pero prometió enviarles fotografías del elegido.

Fue Fuyumi quien pasó a recogerlas y se trasladaron a uno de los barrios más lujosos de la ciudad. El Boulevard, las tiendas de marcas reconocidas internacionalmente, restaurantes donde se debía reservar al menos con un mes de anticipación era lo más notable, y ninguna parecía querer ocultar su asombro.

—Si vas a hacer algo, debes hacerlo en grande. O al menos eso siempre ha dicho mi padre.

Fue lo que Fuyumi dijo al ver las caras de sus acompañantes. La mención de Enji incomodó a la castaña, pero decidió ignorar aquello y enfocarse en lo que debían hacer.

Estacionaron en un subterráneo y caminaron un par de calles hasta entrar a la boutique en la que la chica Todoroki había reservado una cita hacía unas semanas. Una asesora se acercó de inmediato al reconocer a la albina, y la saludó con un gran abrazo.

—¡Fuyumi, querida! —sonrió la mujer mayor, de cabello platino y ondulado—. No sabía que te casarías, me imagino que el señor Enji debe estar dichoso.

—Oh, no. No es para mí —sonrió y se apartó para presentar a su cuñada—. Ella es Ochaco Uraraka, la novia. Se casará con Shoto en agosto.

La mujer miró de arriba abajo a la castaña y fingió una sonrisa. Uraraka no pudo evitar sentirse familiarmente incómoda: era la misma mirada que la familia de su novio solía darle.

—Ya veo. Bien, adelante. Me imagino que usted debe ser la madre, y tú... ¿la hija? Que valiente del joven Shoto hacerse cargo de otras... cosas.

—Es mi sobrina —contestó Ochaco sintiendo su sangre hervir—. Y creo que su trabajo, señora, no es dar opiniones sobre las vidas de las demás mujeres, si no sobre los costosos vestidos que ofrece su tienda, ¿no? Enfoquémonos en eso, por favor.

Tomoko Uraraka y Fuyumi se vieron sorprendidas por la respuesta de la castaña, mientras que Naomi solo pudo sonreír orgullosa. Adoraba ver como su tía se defendía sin necesitar de la ayuda o intervención de alguien más.

La mujer platinada se mantuvo callada con una expresión molesta en su rostro y comenzó a caminar hacia el fondo del salón, guiando al grupo. Indicó tanto a la novia como a las acompañantes que dieran unas vueltas para que vieran los vestidos, eligieran algunos y procederían con las pruebas. Naomi no dudó ni dos segundos en aventurarse, mientras que las mayores fueron algo más calmadas a recorrer los pasillos.

Finalmente, Fuyumi y Tomoko eligieron uno cada una, mientras que Naomi llegó con tres entre sus brazos y una amplia sonrisa. La castaña sonrió divertida ante ello, y se encaminó hacia los probadores con la desagradable mujer. Esperaba no recibir comentarios mientras la ayudaba.

Bajo Los FocosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora