Capítulo XLVII - Final

509 76 88
                                        


Había salido sin absolutamente nada más que lo que traía puesto. Ese vestido de novia, hermoso a la vista de muchas personas, unos incómodos zapatos de tacón aguja que había decidido tirar por ahí a mitad de su camino, su peinado totalmente desarmado y su maquillaje arruinado. Se agradeció a sí misma no haber llevado el teléfono celular, no soportaría estar sintiendo esas llamadas y mensajes entrantes, todo el mundo preguntándole que qué pasó antes de saber cómo estaba.

Se dejó caer sobre una banca, ya cansada. No sabía cuanto tiempo había pasado, cuántas vueltas se había dado en la ciudad, había ignorado cada mirada y comentario de "chica loca" que la gente hacía al verla.

Solo quería ir a casa, dormir y ojalá no despertar en un buen rato.

Pero no quería ir a su apartamento. Sabía que su familia iría a buscarla allí primero, que la atacarían con preguntas y no podía lidiar con eso, al menos no tan rápido. Y tampoco traía su cartera como para pagar una estadía en algún hotel, y aunque se viera como la real mierda, nadie la dejaría alojarse gratis en un cuarto.

Sabía que había lastimado a Shoto, pero finalmente se sentía tranquila consigo misma. Había hecho lo correcto, y estaba segura que al menos Mina la habría apoyado al ciento diez porciento al respecto. Aunque al cerrar sus ojos, podía recordar perfectamente el rostro de su ex prometido: decepción, tristeza, enojo, aunque en ningún momento intentó alzarle la voz o hacerle algo. No, incluso ella siendo la villana de su historia, él se comportó perfectamente.

Le pidió que se fuera, con un tono de voz plano y sin mirarla a los ojos. Ella en ningún momento, aún dentro de su llanto, rogó por su perdón. Solo asintió en silencio, removió el anillo de su dedo y lo dejó entre sus manos, saliendo sin decir nada más.

Llevó sus manos a su rostro, dejando escapar un suspiro de cansancio, seguido de unos sollozos que no tardaron en anunciar las inminentes lágrimas. Estaba tan asustada, agobiada, pero sobre todo, cansada. Cansada de su disque huida, cansada de tanto pensar, cansada de sentirse culpable por todo.

¿Había tomado la mejor decisión? Eso aún se lo cuestionaba. Parecía bastante segura cuando fue hacia Shoto a decirle todo y acabar con esa farsa, pero ahora, estando sola en una banca Dios sabe dónde, comenzaba a dudar. ¿Qué repercusiones habría? Esa era una excelente pregunta. Seguramente estaría endeudada hasta su muerte, porque conociendo a su exsuegro, le haría pagar -literalmente- hasta lo último que invirtieron en ella y su "boda soñada". Y de partida, ni siquiera era su boda soñada. Era la de Fuyumi y Rei, porque Ochaco solo quería dar el 'sí, acepto', en una oficina de Registro junto a su sobrina y padres.

¿Qué estarían diciendo los demás? ¿Cómo estaría Shoto? ¿Naomi? Su sobrina estaba más que ilusionada con esa boda, con tener una familia y no solo ellas dos. Quería pensar que la adolescente la comprendería una vez que se sentara a conversar con ella, pero no la culparía si estuviera enojada en ese momento. Se lo merecía.

Y, ¿Bakugo? ¿Estaría enterado? ¿Él... la buscaría? Su corazón se aceleró al pensar aquello. Pero debía descartarlo. Ella había sido bastante clara, bastante dura con él la última vez que se vieron. Se había prometido a sí misma mantenerse alejada de él, recordar el principal motivo por el cual no "quería" verlo más: le había mentido. Pero no podía negar que a veces extrañarlo pesaba más que todos aquellos sentimientos negativos.

Dios, lo extrañaba demasiado. Sus gestos hacia ella, esas sonrisas que solo eran para ella, sus caricias, sus besos, sus susurros en el oído, el calor de sus manos contra su piel, la forma en como hacía que su corazón se acelerara con solo una mirada... Ella también se había enamorado perdidamente de Katsuki Bakugo.

Bajo Los FocosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora