Para Ochaco Uraraka, una joven maquilladora de un canal de televisión balancear una familia, un trabajo y su vida personal era algo que creía que comenzaba a dominar de a poco...
...Pero no contaba con que la promesa actoral, Katsuki Bakugo, llegara...
—¡¿Katsuki Bakugo?! ¡¿El Katsuki Bakugo?! Debes estar de broma, tía Ochaco.
—Oh vaya, ese hombre logró que me llamaras tía —rio la castaña, terminando de colocar la mesa.
Desde la cocina se escuchó una carcajada de Shoto igualmente. Naomi ignoró las burlas de sus tíos, acercándose hacia Ochaco y tomándola del brazo, le dio una mirada de cachorrito que sabía que la mayor no resistía.
—Le vas a pedir una foto para tu adorable sobrina, ¿verdad?
—Yo pensaría eso dos veces antes de pedirlo, Naomi —comentó Todoroki, asomándose desde la puerta de la cocina—. El tipo es un plomo.
—Un autógrafo entonces —se cruzó de brazos—. Es que... Ah, es tan guapo —llevó ambas manos a su rostro, en un gesto de ensoñación.
—Lo que tiene de guapo, lo tiene de demonio, enana —Ochaco pinchó su nariz ligeramente—. ¿Está todo listo allá dentro, cariño?
El hombre asintió, volviendo a la cocina para comenzar a servir la cena. Naomi no parecía quedarse quieta ante la idea de obtener una foto de su actor favorito, y se lo haría notar a los adultos.
—¿Y tú, tío Shoto? —el aludido miró confuso a la menor. Debía ser la segunda o tercera vez que ella le llamaba así—. ¿Puedes ayudar a tu futura sobrina favorita?
—En serio, Naomi. Ese sujeto es... difícil de tratar. Tu tía tuvo un día algo pesado gracias a él, imagínate si le insistiera por una foto.
La adolescente frunció el ceño y tomó su tenedor para comenzar a comer.
—De acuerdo.
Ochaco se relajó un poco más y agradeció a su novio con una dulce mirada. A pesar de no compartir mucho tiempo, Shoto sabía de alguna manera hablar con su sobrina y a veces convencerla de cosas que Uraraka no podía.
—Oh, Ochaco —habló la chica nuevamente, mirando a su tía—. Mañana hay junta con los maestros. No puedes faltar.
—Lo que necesitaba —suspiró, escuchando una risita de Naomi—. ¿A qué hora?
—Temprano, a las cuatro. Nos dejarán salir antes —sonrió.
La castaña asintió, tomando su teléfono para añadirlo a su agenda del día siguiente. Tenía trabajo a esa hora, pero sabía que podía hablarlo con su jefe y él no tendría problema en dejarla salir: conocía perfectamente la situación de Uraraka.
Además, escapar de la Bakuaura no sonaba mal.
—Dime que no me toparé con alguna sorpresa.
La chica pelirroja se echó una gran porción de arroz a la boca, para evitar responder.
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—¡Apostemos! ¿Quién será la víctima de la estrella de este canal, hoy?
—Eres una desgracia, Mina —rio Ochaco—. No lo sé, yo ayer creí que no lo contaría. Así que descártenme. Aparte, para cuando llegue yo ya me habré ido.