12. Fiebre

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Neveah:

Estornudo.

Una y dos veces más., niego con la cabeza y termino por colocarme ropa abrigadora, junto a las botas antes de dirigirme al baño y luego bajar las escaleras hacia el comedor.

—Neveah. —La madre de Eric me recibe, quedando delante de mí, su mirada profunda se vuelve incomoda y la observo pasar saliva mientras no sabemos que decir la una ni la otra.

Trago duro igual que ella. —Buenas tardes. —Noto que he dormido bastante y me he perdido las primeras horas del día.

—¿Descansaste bien?. —Interroga con cierta preocupación. —Eric me conto lo de anoche, y no quise despertarte, él también me dijo que te dejara dormir todo el tiempo que el cuerpo te exigiera.

Asiento con la cabeza y me abre paso hacia la mesa.

—Debes tener hambre, déjame servirte un poco de sopa de pollo.

—No es...

—Insisto. —Se adelanta. —Toma asiento, enseguida te sirvo.

Me veo obligada a sentarme, Esther me sirve el plan y en menos de un minuto se encuentra sobre la mesa junto a una cuchara.

—¿Sopa de letras?. —Inquiero observando los fideos que salen a flote formando frases incoherentes.

Paso la saliva y pruebo un poco.

—Es la favorita de Addie, Jhonathan se la prepa...

Esther calla al ver mi mirada y no me permitido disimular el fastidio, ella aprieta los labios y baja la mirada, mientras el silencio nos cubre.

—¿Eric no...?

—Fue a la veterinaria del pueblo. —Responde. —Ahora que está trabajando contigo para la competencia de ecuestre, quiere cerrar los pendientes que tenga.

Vuelvo a tomar de la sopa y escucho una voz aniñada venir del pasillo.

—Oh.. es Addie, ella...—Esther se dirige a la puerta. —Ya termino.

Alzo las cejas y comprendo las palabras cuando se dirige al baño, termino de tomar la sopa y lavo mi plato antes de salir de la casa, observo a Duque comiendo en la pradera y me apresuro en acompañarlo.

Mis manos van a mis bolsillos y con las botas me aseguro de pisar bien en los lugares adecuados, y no caer sobre el lodo provocado por la lluvia de anoche.

—¿Qué tal amigo?. —Le pregunto y el no deja de comer, sonrio acercándome un paso a él. —¿Listo para entrenar?

La sonrisa se me borra al ver el suelo humedecido, suspiro rendida.

—Bueno, tal vez un día de vacaciones no te haga daño, además no estoy sintiéndome muy bien.

Con cuidado doy los siguientes pasos y el caballo retrocede, aprieto los labios y levanto ambas manos acercándome a el con cuidado.

—Tranquilo, no haré nada. —Pronuncio y sus ojos me observan sin apartar.

Esperaba que nos lleváramos bien después de ayer.

—No haré nada. —Vuelvo a pronunciar, Duque da un paso curioso y yo acerco mi mano a su nariz.

Aprieto los ojos un poco y los abro al sentir la humedad, mi tacto se desliza con lentitud y me deja acariciarlo.

Sonrio. —Creo que si dimos un gran paso.



Sueño CanadienseHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora