Neveah:
Al abrir los ojos en la mañana no recuerdo haber llegado a la cama y menos a esta habitación, pese a que todas se parecen puedo distinguir que esta no es la mía y el olor varonil que resulta familiar me dice quién es el dueño porque lo tuve hace unos días sobre mí.
La cara me arde y lo confirmo con la ropa que cuelga sobre la silla.
Paso saliva, me llevo las manos al pecho y mi mente imagina el escenario, sin embargo, al tocar entre mis senos descubro que estoy vestida.
No sé cómo sentirme, pero si me levanto enseguida y abro la puerta, sin embargo, escucho voces y decido juntarlas a esperar que las personas se alejen, cuando ya no oigo nada, escapó de hurtadillas a mi habitación y me dejo caer sobre el colchón.
Quiero cerrar los ojos una vez más, pero sé que si lo hago volveré a dormirme, así que me enfoco en recapitular todo lo que paso anoche.
El chocolate con malvaviscos, Eric y yo en la hamaca de la entrada.
Aprieto los labios y me cubro la cabeza con la almohada.
¿Debe significar algo ahora no?
(***)
Bajo las escaleras y me detengo antes de entrar a la cocina, cierro los ojos y respiro profundo, doy el primer paso con una sonrisa confiada, sonrisa que se va cuando no encuentro a Eric en la mesa.
—Querida, ya despertaste. —Dice al verme la señora Morris, los presentes se vuelven hacia mí y saludan.
Levanto la mano respondiendo y tomo asiento.
—Sírvete lo que gustes, ya lo sabes, estás en casa.
Sonrio agradeciendo y jalo la silla, tomo un pan y mantequilla, hurtándolo sobre él y la señora Morris me entrega una taza de café.
—Eric dijo que hiciste chocolate anoche. —Menciona ya a su vez les sirve el chocolate a sus hijos. —¿El café está bien o prefieres...?
—El café está bien. —Interrumpo.
Ella me da una amable sonrisa y se gira a lavar los trastes, endulzo mi café y soplo bebiendo el contenido de la taza, la garganta me quema un poco y elevo mi voz hacia la señora Morris esperando que me escuche mientras los niños y familiares discuten sobre la mesa.
—¿Eric...?
—¿Eric? Uhmmm... Si, se levantó temprano y fue con mi hijo mayor a la granja.
—¿Otro animal se puso.. —Mi voz se detiene cuando oigo el ruido de un balde golpear algo y es la madera de la repisa.
Mi respuesta es contestada al ver el líquido que resulta ser leche.
Las esquinas de mis labios se elevan un poco.
—Buenos días. —Me saluda.
—Buenos días. —Respondo y esta vez el saluda al resto.
Me aclaro la garganta mientras la dueña le pide tomar asiento, él lo hace junto al hijo mayor con el que fue al establo y mientras intercambian un par de palabras, por momentos tiene la mirada en mí y viceversa.
30 minutos más tarde, todos se levantan de la mesa, me quedo a ayudar a recoger y Eric se ofrece a lavar los últimos trastes, ella no se opone.
Nos quedamos solos y mantengo mi mente ocupada en lo que ocurrió mientras limpió la larga mesa.
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Sueño Canadiense
RomanceEl último recuerdo que la neoyorquina Neveah Tipton tiene de su padre son los viejos atardeceres donde el la llevaba a cabalgar y las competencias de ecuestre en el que ambos trabajaban como equipo. Pero el se ha ido, de una manera distinta a como l...
