25. Tratos

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Neveah:

Tengo los oídos tapados, la boca seca y como dije, no sé cómo sigo de pie si no siento el suelo debajo de ellos.

Cierro los ojos y los abro despacio, intento respirar profundo asimilando las palabras.

—¿Neveah...? ¿Neveah?. —Su voz se escucha lejana, pero está ahí.

Maldita sea, claro que lo está.

Su imagen la veo distorsionada, aunque este parado frente a mí y cuando toma claridad todos mis sentidos vuelven, puedo moverme y...

Abofeteó su rostro y lo empujó lejos de mí, Rex Geller me observa asombrado y lleva la mamo a su mejilla, los jinetes que montan sus caballos se detienen y mantienen la mirada en la loca que acaba de abofetearlo.

Dos hombres a cargo de las caballerizas vienen detrás de él, muy seguro para detenerme.

Rex los obliga a parar, con la vista sobre mí y levantando una mano. —No le hagan nada.

¿Lo vendiste? —Ignoro el favor y sigo reclamándolo. —Hijo de puta, bastardo...

Se sorprende por mi vocabulario, pero eso no para y me voy contra él.

—Maldito bastardo no tenías ningún derecho a venderlo como mercancía. —Me sujeta las muñecas deteniendo mi reacción agresiva.

Sus ojos se encuentran con los mío y me suelta de un empujón.

—¿Que no tengo ningún derecho? Te recuerdo, Neveah Tipton, que ese caballo lo gané justo y... quien no tiene derecho sobre el eres tú, chica de la rocola.

—Hijo de...

—Insúltame si quieres, eso no te devolverá al pinto. Un caballo como el suyo vale millones. —Aclara con una sonrisa. —Pero lamentablemente como esta tan desgastado no pude obtener buena mercancía. —Se burla y mi enojo no hace más que crecer. —¿Sabes lo que significa?

Lo aclara enseguida apartando los ojos de mí y con la mirada al frente.

—Oí que un camión parte hoy, lo podrían trasladar ahí o simplemente..

—¿Que?

—Tal vez ya lo sacrificaron.

Otra vez no siento el suelo, mi presión baja. Solo esta jugando conmigo me repito, quiere que sienta esto.

—¡Te juro que si ...!

—A mí no me jures nada y en lugar de jurar ¿No deberías estar buscándolo? Pierdes tiempo.

No entiendo a este hombre.

Trago saliva. —No creas que te agradeceré por esto.

El sonríe. —Lo sé.

Los ojos se me llenan de lágrimas y retrocedo unos pasos antes de correr en busca de la única persona que puede ayudarme.





Eric:

Sacar las cuentas de todas las horas que debo trabajar para conseguir el monto que necesito pagar la propiedad no me da una solución y menos cuando aún sin dormir ni una hora sea certeza de que vaya a conseguir hasta la última moneda en la fecha estipulado.

Termino de coser la herida de mi paciente, un Pomerania macho color canela y llamo a su dueño, quien se queda con el can hasta que la anestesia se desvanece, me quito los guantes quirúrgicos al acabar y mis ojos prestan atención a Will y Allie, no sé si el que esté ella aquí este bien porque solo la vuelve a mi mente y míralos así de juntos y sonrientes me llena de enojo, trayendo consigo los malos recuerdos de hace varias horas.

Sueño CanadienseHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora