Epílogo

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Neveah:

Salgo de la universidad guardando los dos libros que tengo en la mano dentro de mi bolso. La última clase me dejó agotada mentalmente o, mejor dicho, el último examen de este semestre.

—¡Neveah Tipton!

Me detengo al oír mi nombre y termino girándome, mi compañero de clases Raphael me detiene, tiene el cabello color negro, grandes ojos y mandíbula fuerte, su contextura es normal, aunque se nota el ejercicio y no es uno para impresionar sino por mantenerse saludable.

—¿Salir? —Increpó al captar la palabra.

—Si. —Tiene una sonrisa contagiosa.

Hago una mueca y retrocedo hacia la salida. —Iré a trabajar..

Se ve decepcionado.

—Pero si deseas acompañarme. —Lo invito y el rostro se le trasforma.

—Me encantaría.



(***)




—Presiento que traes aquí a los chicos a que se espanten de ti. —Me suelta el jefe apoyado sobre la reja.

Río. —Piensas.

—Neveah. —Me regaña.

Encojo loa hombros. —Le dije que debía trabajar y se ofreció ayudar. —Digo observando a Raphael, quien se encuentra sobre comandante. —Solo debía darle agua, pero quiso subir a él para buscar impresionar.

Al final me equivoque.

Mi jefe sonríe. —Uhh, este chico no sabe de caballos y todavía el peor de todos.

—Comandante no es el peor de todos, solo....—Encojo los hombros.— Solo hay que saber tratarlos.

—De acuerdo, experta. —Cabecea hacia la zona de entrenamiento. —Tráelo.

Abro la reja que tengo al lado y le sonrió antes de ingresar. —Lo haré.

Logro que comandante pare y Raphael se baja espantado, cae sobre el suelo y se levanta retrocediendo, quejándose por los pantalones con tierra mientras Comandante relincha y él lo toma como burla, me ahorro oír los insultos de no ser como las otras chicas y guardo silencio viendo cómo se marcha para prometer no volver.

Acerco los labios al rostro de Comandante y sonrio acariciando su nariz. —Buen trabajo.

Me giro hacia mi jefe, que sigue en el mismo lugar aunque ahora negando con la cabeza por mi acción.

—Te echare de menos.

Continúe trabajando en el hipódromo y es así como pago las clases, también "obligue" a mamá a que vendiera sus productos de rostro, que logre encontrar intactos en su misma bolsa y sin abrir.

Quien diría que habría tanto dinero invertido ahí

Lo increíble es que recupere todo lo que necesitaba al menos para estudiar el resto del año y estaré a la par con el pago gracias a los ahorros, y el trabajo, pero pronto deberé dejarlo para empezar con prácticas.

—¿Quieres correr un rato?

El relincha me trae recuerdos borrando mi sonrisa, la cual acabo enseguida y me subo a su lomo antes de iniciar la carrera de ambos.

Sueño CanadienseHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora