Me levante de la cama rápido acercándome a la puerta, la abrí desesperado intentando no hacer demasiado ruido.
—¿¡Crees que es fácil aguantarte?! Pareces una niña engreída.
La misma discusión de mis sueños, no entendía lo que estaba ocurriendo. Esta es la tercera vez que despierto en este cuarto, es como si el tiempo se repitiera. Pero eso debería ser imposible… ¿O no?
—Estas enfermo— escuche el portazo de mi mama otra vez.
Decidí hacer lo mismo que antes, esperar a que mi padre pasara a la cocina y así poder escapar de su pedido innecesario. Agarre mi mochila y estuve atento a lo que decía.
—Desgraciada, esta antigüedad vale más que su vida, no sé en qué momento pensé que sería bueno formar una vida con ella— el momento que esperaba.
Escuche sus pasos ya en la cocina y decidí moverme rápido hasta la puerta, esta rechino un poco.
—¿Grey?— la voz de mi padre acelero mi corazón a mil kilómetros por hora.
Salí corriendo de la casa cerrando fuerte la puerta. No mire a los lados mientras cruzaba la calle para llegar a la otra acera, pero nadie pasa por esta calle nunca, poco importa pasar corriendo… ¿Verdad?
—C-creo que me estoy volviendo loco, tal vez estoy soñando, si eso debe ser si eso…— choque contra algo por estar distraído mirando hacia abajo.
Pensé que era Gabriel pero al levantar la mirada note que me había chocado contra una valla de madera. Volví en mí y cambie mi ruta hacia otro lugar cruzando antes de llegar al semáforo donde se supone estaba Lily, pues si esto era un sueño poco importaba a donde fuese.
Recordé aquel lugar donde había lanzado piedras con mi madre cuando era apenas un niñito, un pequeño lago en las afueras de la ciudad, quería ir pero debido a la distancia a la que se encontraba abandone la idea. Al final quise ir a ver por fuera el museo al que quería ir Lily. Vi a una señora que pasaba despreocupada de la vida.
—Emm disculpe señora.
—Niño tengo veinticinco años— fijó la mirada arrugando la boca en forma de desaprobación.
—Y yo tengo catorce, ya no soy un niño— imite su manera de desaprobar mi actitud.
—Estos niños de hoy en día, ¿Qué quieres?— chasqueo los dientes como soltando un suspiro de desagrado.
—¿Sabe dónde está el nuevo museo?
—Queda en la calle donde esta esa tienda de zapatos tan maloliente —lo pensó un momento como buscando algo— creo que se llamaba Baytu o bozes…
—¿Byto’s?
—Sí, odio esa zapatería.
—Gracias— la mire juzgando su aspecto, la verdad si se veía algo joven tal vez por su manera tan selectiva de vestirse, botas negras con short de jeans y una camisa extravagante con la palabra love.
—Sí, sí, ya vete— se encamino de nuevo a quien sabe dónde.
En el fondo pensé que debía sentirme indignado pero la verdad ni me importaba lo que gentuza como esa opinara, intentas ser educado y se quejan.
Camine hasta llegar a la zapatería de Byto’s, me resulto fácil llegar ya que aquí es donde mi madre repara nuestros zapatos cuando se rompen. Algunos decían que olía mal pero a mí me encantaba su olor tan peculiar a suela gastada, era relajante.
Seguí hacia adelante para encontrarme con un enorme establecimiento que emanaba un aire de grandeza y antigüedad. Supe que era el museo cuando vi a dos viejitos bien vestidos discutir sobre quien sabia más de rocas preciosas. El museo se veía grande al menos por fuera, las paredes recién pintadas con el olor a pintura me hicieron estornudar. No se observaba ninguna ventana por fuera, supuse que para que no tomaran ninguna foto desde afuera. Me acerque a la entrada y empuje la puerta, el aire casi helado me invadió dándome una sensación muy refrescante, pues nos encontrábamos a principios de verano. El lobby era lindo pero solo tenía una puerta y la taquilla para pagar. Vi a la pareja de ancianos entregar el dinero al señor de la taquilla y este a su vez presionar un botón que abría la puerta. Me acerque a la taquilla mientras los ancianos pasaban adentro.
—Buenos días.
—Hola— el señor me miro y después miro a mi alrededor como observando si le estaban haciendo una broma.
—¿Cuánto cuesta la entrada?
—Quinientos dólares por persona.
—Gracias.
Me volví hacia la puerta de entrada para salir de ahí un poco avergonzado. Gire un poco la cara para ver de reojo al señor de la taquilla, parecía que contenía una risa a punto de estallar en cuanto me alejara del lugar. No me moleste, pues si yo fuese él también me reiría de mí. Salí de ahí sin saber muy bien que hacer. Por un momento pensé en suicidarme para salir de este extraño sueño. Descarte la idea con el miedo de morir en la vida real aunque eso tampoco sonaba del todo mal considerando la monótona y asquerosa vida que llevaba.
Al final es mejor volver a mi casa y esperar a despertar. El caminar solo por las calles me recordó cuando iba con Lily esta mañana… o en la mañana de mi sueño, la extrañaba un poco ya que era la única persona que me trataba de una manera más o menos agradable a excepción de Gabriel.
Las calles se empezaban a llenar de gente, parece que ya era medio día. Apure el paso antes de que las pocas personas que se veían en las calles se volvieran una multitud cansada de trabajar. En cuanto vi mi casa apure el paso hasta tocar la perilla de la puerta, al abrirla un escalofrió recorrió mi espalda, mi padre estaba mirándome de una manera retorcida cuando me agarro de un brazo.
—S-suéltame, por favor no— me propino una cachetada que me dejo algo aturdido mientras me empujaba haciéndome sentar en el sillón.
—Esto es para que aprendas que cuando te hablo me debes prestar atención— sonrió en una forma tenebrosa —Marcus, es todo tuyo.
Mi padre se retiró de la sala mientras de la cocina salió la persona que más odiaba en este mundo. Marcus era el amigo de mi padre, venia regularmente a la casa para charlar con él, en algunas ocasiones me pegaba o hacia cosas desagradables conmigo.
Me levante del sofá intentando correr hacia el garaje, pero algunos pedazos del tótem que rompió mi madre me lastimaron el pie haciéndome caer, Marcus aprovecho esto volteándome e inmovilizándome al juntar mis brazos mientras los apretaba con mi espalda.
—¿Hoy a que jugaremos pequeño?— me miraba de una forma que podía interpretar como repulsiva, me indicaba que no me pegaría y eso me aterraba.
—¡Suéltame! ¡Ayuda!— sentí el metal frio en mi cuello.
—Sera mejor que te calles— con el brazo que sostenía la navaja empujo mi cabeza hacia el suelo impidiéndome verlo —es hora de acabar con la poca dignidad que te queda— sentí que quito su brazo de mi cabeza, iba a intentar zafarme cuando sentí su mano bajando mi pantalón.
Sentí una enorme vergüenza en ese momento que se apodero de mi mente convirtiéndose en una ira incontrolable que desataron las palabras que tenía encadenadas.
—¡Te matare! ¡Infeliz!
Grite eso con toda la fuerza que tuve, sentí que algo en mí se había liberado. Cerré los ojos esperando mi triste destino. Pasaban segundos que parecían minutos… o tal vez si lo eran. Para cuando abrí los ojos me encontraba otra vez en mi habitación, oculto en las cálidas sombras de esta. No pude evitar alegrarme al volver a este momento.
—He vuelto— mis lágrimas se deslizaban empapando la sonrisa más grande que había tenido en la vida, tanto que dolía.
En ese momento lo entendí, entendí que esto no era un sueño, que esto era la realidad. Una cuarta regla empezaba a nacer, la regla que podía invalidar a las otras y por fin sacarme de esta vida de mierda.
—Si nada funciona, solo repítelo.
Seguí llorando y riéndome como desquiciado en mi habitación, nada me preocupaba ahora que podía volver y cambiar cualquier cosa que quisiera. Era increíble.
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Rewinding...
Fantasy¿Deseaste alguna vez cambiar algún acto poco inteligente que hiciste en tu vida? La posibilidad de anular la constancia del vector tiempo y volverla negativa es una idea descabellada. Obtener algo de tal magnitud es solo un sueño para Grey, su vida...