Más de uno

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Derek

— ¿Y bien?

— No sé si sepas de mi existencia, pero soy un amigo de Amber.

— ¿Otro? – pregunto, me mira con cara de pocos amigos supongo que no le hizo gracia mi comentario. – Ella no vive aquí por ahora.

— Eso ya lo sé. – dice interrumpiéndome.

— ¿Y qué es lo que quieres? – pregunto, suspira y parece nervioso. ¿Piensa pedirme un favor? ¿Dinero tal vez?

— No sé cómo decirte esto sin que creas que ella me envió. – comenta.

— El que estés aquí para mí supone que ella te envió y honestamente no quiero saber nada de ella...

— Amber se está muriendo. – suelta sin darme tiempo de procesar sus palabras. La sangre se me congela.

— ¿Es una broma no? No espera ¿Ese es su plan? – pregunto y sonrió con ironía.

— Vaya, si eres un idiota. – responde, me acerco a él, pero no se mueve ni un milímetro.

— ¿Qué? ¿Piensas intimidarme haciéndome creer que puedes golpearme?

— No sé qué hacer aquí y dile a Amber que no voy a caer en su juego.

— En verdad eres un idiota. – repite.

— No voy a permitir que me insultes en mi propia casa. – comento, él desvía la mirada a Kerstin y dice:

— Piensa en porque se despidió de tu hija. – comenta y da media vuelta. – Pero sabes... creo que, si me equivoque al venir a verte, es mejor que olvides lo que acabo de decirte.

— ¿Cómo sabes eso? – pregunto.

— Intuición masculina. – responde. – Ella me dijo idiota.

— ¡Basta!

— Solo quiero que sepas algo, espero que no la busques, perdón por venir, claramente me equivoque, pero no te estoy mintiendo, solo creí que merecías saber, al final se juraron estar juntos en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad...

— No necesito que recites nuestros votos.

— Bien, pues disculpa y en serio, en serio no la busques, imagina que esto nunca paso. – comenta.

Da media vuelta y sale del departamento, me hace una señal con el dedo índice y medio como si yo fuera un capitán que le dio una orden.

¿Amber muriéndose?

Claro que no, esta debe ser una trampa para que corra a sus brazos, para que me quede con ella sin importar su traición.

Pero... ¿y si no está mintiendo?

— Ven Kris. – digo, mi hija camina con pasos torpes hacia mí, miro la cadena que Amber le dio a cambio de un conejo de peluche.

— Mami. – comenta ella cuando toco la inicial del nombre de Amber.

— Si. – susurro.

No importa lo que pase, siempre estaremos juntas.

No vine a verte a ti, vine a ver a Kerstin.

Sera la última vez que sabrás de mí.

Pero, aunque no te vea, yo siempre voy a estar contigo.

Cada vez que la veas es como si yo estuviera contigo, siempre que la lleves contigo vamos a estar juntas.

Mierda.

ENTRE AMIGOSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora