Recuerdos secretos

608 62 50
                                        



Amber continúa en recuperación, le he pedido a su padre que traiga consigo un par de fotografías que la ayuden a recordar. Wallace está muy preocupado al igual que yo, cada día que pasa no dejo de pensar en que podría haberme olvidado por completo, tanto que jamás me volverá a recordar.

Debí responder el maldito teléfono.

*****************

Abro los ojos y veo a ese hombre, me gusta aspirar su aroma, cierro los ojos para disfrutar de esa delicia de olor. Siento el apretón de mi brazo izquierdo, tengo un inmovilizador y también siento un apretón en mi tobillo izquierdo.

Lo veo encogido entre esa pequeña frazada.

— Buenos días señorita Jinks ¿Cómo se siente hoy? – pregunta una enfermera mientras acomoda una mesa para que pueda comer.

— Supongo que bien. – respondo.

— ¿Algo que los sueños le hayan mostrado? – niego con la cabeza, ese hombre comienza a estirarse hasta por fin quedar sentado en el sillón.

— Buenos días señor Müller.

— Buenos días. – responde. – ¿Puedo? – pregunta cuando la ve acercarme una cuchara con comida.

— Claro, vuelvo en un momento. – comenta y sale de la habitación.

— ¿Cómo te sientes? – pregunta.

— Supongo que bien. – repito.

— Perdón si tuviste alguna emergencia y no escuche yo... estoy muy cansado, pero...

— No importa, todo está bien. – respondo, me mira con la intención de alimentarme, abro la boca y cuando el arroz con verduras entra a mi boca siento ganas de vomitar, es la peor comida que haya ingerido, la escupo y él acerca un pequeño bote de metal para poder vomitar. – Lo siento.

— No te preocupes, supongo que esta comida no es tu favorita. – comenta.

— Sabe terrible. – confieso.

— Lo sé ¿Quieres que traiga algo? – pregunta y niego. – Pero debes comer.

— Quiero agua. – respondo, me acerca un vaso de agua y me mira con cierta ternura que hace que mi cuerpo se estremezca.

— ¿Por qué todos me dicen Jinks? – pregunto, esboza una sonrisa y dice:

— Porque es tu apellido original, Amber Jinks.

— Amber. – susurro mi nombre. Amber.

— No me has dicho quién eres. – digo, mientras indago en los pocos recuerdos que vienen a mi mente.

— Derek Müller, un placer. – toma mi mano y le da un beso a mis nudillos.

— Lo mismo digo Derek.

— Seré como tu enfermero personal. – responde. – Tu papá no tarda en llegar.

— ¿Mi papá? – pregunto, veo a Derek y no tenemos ningún parecido, no puede ser un familiar. – ¿Eres mi novio? – pregunto, sonríe nuevamente, esa sonrisa increíblemente sexy.

— Algo así. – responde.

— Amber. – dice un hombre de edad avanzada, pero bien parecido. – Hija. – deja sus cosas en la puerta, se acerca y me abraza, parpadeo durante unos segundos y trato de recordar su rostro, pero no puedo asociarlo con algo o alguien. – ¿Me recuerdas? – pregunta con la esperanza de tener una respuesta positiva, pero niego y siento pena por romper sus ilusiones. – No importa. – comenta resignado. – Soy Wallace, te quiero enseñar algo.

ENTRE AMIGOSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora