De haber sabido antes, de haber sabido antes que el rojo que teñía tu cabello, que pintaba tus labios era un tono de penante y no pasiones, habría huido tan lejos como me fuera posible, me habría escondido en el rincón mas recóndito, donde no llegase la luz de tu mirada y no me alcanzasen los destellos de tu sonrisa, habría podido escaparme de tu andar alegre, esa aura de felicidad con la que llenabas cualquier lugar y momento, no estaría ahora con esta patada en la memoria de no haber hecho mas, de no haber sido mas rápido y decirte todo lo que me hacías sentir desde aquel momento en que te vi venir hacia mi, hipnotizado intentando memorizar cada centímetro de ti no recuerdo lo que me dijiste, ¿Quien es esa mujer tan hermosa y porque viene para acá? le pregunté a mis amigos, y repetí la pregunta mil veces en mi cabeza en el segundo que te demoraste en llegar a la puerta, ahora es que veo lo absurdo que realmente soy, recordando los detalles que tu seguro ni notaste, como cambiar una letra de lugar en el tablero para unir nuestros nombres, o preguntar que colgante de Star Wars preferirías, terminar escuchando música juntos, canciones que apenas nosotros conocíamos, o eso nos gustaba creer, detesto mirar atrás y recordarlas como alguna especie de código entre los dos, una clave que nadie mas podría entender jamas, juego en que se involucraban mis pañuelos, insignia y bandera de todo lo que no pude hacer en mi claudicada tarea de proteger tu sonrisa, de alegrarte de todo mal, pañuelos, pañuelos blancos que me devolvías bañados en tu aroma ¿Era apropósito? quizá era solo instintivo para ti hacer algo así, en tu afán de alegrar el mundo quizá se diminuto pedazo de ti fue lo que me entregaste para llevar algo de color a mi mundo, para terminar con un "Hubiera podido llegar a amarte", que patético.
Es quizá la frase mas dolorosa que he podido escuchar, una puñalada en el alma, entonces entendí que el rojo tan característico en ti, el rojo que contrastaba con la porcelana que tienes por piel, era la sangre tibia del corazón moribundo que te entregue a escondidas, y pensar que en ese entonces me daba ternura el verte como a un queso con bocadillo andante, y ahora no los puedo tener cerca porque no huelen a ti, pero a este punto ni tu hueles a ti, y aun cuando se puede dar crédito a la inherente naturaleza cambiante del ser, algo me dice que en realidad nunca pude ver mas que lo que quise, quizá por eso fui el único que notó el cambio de tu aroma. Una patada fue esto finalmente, un manojo de arena escurriéndose entre mis dedos entumecidos, atascados en el torbellino que vino y se quedó, encapsulandote en un vaivén, no me culpes, no puedes ¿Como podría yo detener algo así? Fuiste tu quien salto allí, yo solo te vi hacerlo desde la ventana y aun con mil cuerdas y escaleras no has podido salir, ¿Que diferencia haría yo? garabatos desbordados que ni tinta son, todavía recuerdo tu olor, lo grabe en mi mente cuando lo gaste de todos mis pañuelos, y tu voz se quedo con la frase, marca y recuerdo de lo que nunca fue, y quizá nunca habría podido ser, a fin de cuentas nunca han sido lo mio las historias felices.
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Relatos, Cuentos y Azares
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