Quizá no deba... ¿Pero quién lee una hoja en blanco?
Tu mirada tan dulce, tus labios carnosos, besos de humo que jamás volverán.
Y yo no quiero seguir escribiendo poemas para ti. Pero ¿Qué más puedo hacer? Si es la única forma en que podré volver a verte y sentir la brisa que se escapa en tu cabello, la única forma que tengo de sentir tus labios rozando mi nariz los días fríos, ya no están tus manos que me guían en las sombras de estar vivo.
Ahora me gusta salir en las noches y madrugadas, recorrer esas calles de las que siempre hablamos y los barrios en los que queríamos vivir, veo las casas y los apartamentos con sus calidas luces encendidas, los balcones pequeños y solo pienso en estar allí, en un día tranquilo viendo la gente pasar mientras desayunamos en esos balcones, quizá tú estarás viendo un asunto en el computador o leyendo algo que robe toda tu atención, te veo sentada frente a mi absorta en tus cosas mientras te terminas una tostada junto con tu café y yo me levanto, me llevo los platos para lavarlos no sin antes darte un beso en la cabeza que respondes por reflejo, todo está listo para ambos empezar a trabajar pero no sin antes firmar la mañana perfecta con el beso más tierno que exista.
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Relatos, Cuentos y Azares
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