Gabriel y Simón son compañeros de curso hace cuatro años, pero lo único que tenían en común, era un salón de clases.
Gabi siempre tuvo un crush con el castaño, pero hasta donde se sabe: Simón es heterosexual y sale con Eva.
¿Será esta una historia...
Pasaron unos días despues del cumpleaños de Gabi (que al parecer, estaba muy contento con su regalo) y decidimos juntarnos a andar en bici por un lugar al que jamás le había dado atención. Eran senderos bordeados por pequeños árboles de cálidas tonalidades; jugamos a tener unos años menos por un rato. La sonrisa no se me borraba ni con una tormenta eléctrica en ese preciso instante, y parecía que Gabi le proponía el mismo reto al clima. Este último, agotado, decidió sentarse en el césped y tomarme una fotografía, que posteó con el siguiente encabezado: "Tarde with my orange boy"
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Intenté capturar su hermoso rostro también, pero el pelinegro se negaba. Y como dice el dicho: "Donde manda capitán, no manda marinero." -¿Querés venir a comer a casa? -pregunté, mientras estabamos copio la acción de mi compañía. Gabi levanta su vista, y hace una cara de incomodidad ya que el resplandor del sol obstaculizaba su vista. -Tengo una cena con mi padre. -dijo algo decepcionado. Quiere tener un momento "padre e hijo" o alguna excusa para poder alimentar su esperanza de que su hijo sea heterosexual. -rió y podría jurar que el medidor de serotonina en mi cuerpo podía superar el límite con sólo escuchar su risa. -Y, ¿Qué te parece el viernes a la noche? Es que mi mamá estuvo preguntando y quiere conocer quien es el dueño del nuevo cuadro de mi pared. -dije con un tono burlonamente elegante haciendo referencia al chico de mi lado. -Decime que es mentira que colgaste el dibujo horrible que te hice la primera vez que fui a tu casa. -No...Por ahora, sólo la versión 2.0 con los chicos; pero estoy esperando a que me hagas otro o a tener muchas fotos juntos y mandarlas a imprimir. -digo bajando mi vista y sonrojandome un poco ante el cursi acto que se me acababa de ocurrir. -Así que tengo no sólo tengo un admirador, si no que su madre tambien lo es... -contestó.- Que lástima que no me gustan las mujeres, porque si no, tu vieja tendría una oportunidad. Muerdo mi labio inferior mientras sonrío y empujo a Gabi por la tontería que acababa de decir. -Que tonto que sos. -le digo negando con mi cabeza. -Que envidioso que sos. -dijo el pelinegro acercando su rostro, sonriéndome y abriendo sus ojos tan...suyos. -Y si tan sólo gustaras de mí, no tendría que competir el viernes por tu amor, Gabi. -le digo de forma sarcástica. -Y si vos me dieras una señal, me ahorraría un viaje -me replicó el pelinegro. -¿Cómo cuál? -pregunté de forma tranquila, aunque mi curiosidad aumentaba a medida que los segundos avanzaban. -Y no sé, eso ya está en tus manos. No sé como te confesaste anteriormente, pero depende mucho de tus tácticas... -Y...yo soy una persona MUY cursi, por si no quedó claro -río aunque un poco apenado- así que, si una persona me gusta, se lo trato de comunicar en la música o en la escritura. Aunque creo que si vos me gustaras, probaría hacer otra cosa además de mis especialidades. -Maravillosa jugada Leónidas. ¿Y podrías darme un ejemplo? -me miró a los ojos, con deseo de algo; tal vez de que me confiese, tal vez de que le cuente cual era mi otra acción, o simplemente yo sólo estaba poniendo palabras que no iban. -Un mago jamás revela sus secretos -dije intentando ser misterioso, pero huyendo de la situación en realidad. -Será cuestión de esperarte... -dijo sonriendo insatisfecho y guiñandome un ojo. Más te vale -dije internamente. -No niego ni afirmo, Torres -respondí devolviéndole una sonrisa insatisfecha también. Esperamos a que baje el sol, hablando desde filósofos hasta de lo que comimos hace unas horas. Desde lo más común hasta lo más ilógico podía ser compartido con el pelinegro. En concordancia o en disidencia a muerte, pero todo tenía una chispa. Me encantaría ser la llama que avive su pecho en todas las ocasiones. Me despedí de Gabi con un abrazo, porque incluso a 15 minutos de distacia, siempre iba a extrañar mi segundo hogar.