capitulo 14

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14.
Clarke tendió la mano amablemente a William.
—En cuanto tengamos la sentencia nos pondremos en contacto con usted.
—¿Pero crees que ha ido bien? —insistió de nuevo. Llevaba más de quince minutos
respondiendo a la misma pregunta. Clarke suspiró—. William, como ya le he dicho no sé lo
que va a dictar el juez. El juicio ha ido bien, ha realizado un buen interrogatorio, pero hay
pruebas que le incriminan… y mucho. No le voy a mentir. Es muy difícil que salga
declarado inocente, pero como ya le he explicado podemos realizar un recurso de
apelación posteriormente. —William se removió inquieto, lo cierto es que estaba muy
nervioso—. No se preocupe, ahora olvídese de todo hasta que le llamemos. ¿De acuerdo?
—Entonces ¿me llamaréis seguro? —volvió a preguntar con impaciencia.
—En cuanto tengamos la sentencia.
—¿Y nos volveremos a ver?
—Sí, cuando la recibamos le llamaremos para quedar. Viene al despacho y le
entregamos la sentencia y le explicamos en qué consiste el fallo.
Soltó su mano y se dio media vuelta para ir hacia su vehículo pero William la interceptó de nuevo.
—¿Cuánto tardarán?
Clarke intentó parecer relajada.
—Ya se lo he comentado, no creo que tarde más de dos semanas.
—Por favor, llámame en cuanto la sepas.
Colocó una mano en su hombro intentando calmarlo y aceptó.
—Así lo haré —dijo distanciándose de él a paso bastante acelerado. Por Dios, sabía que
debía de estar pasándolo mal, pero no quería tener que estar repitiendo lo mismo todo el rato.
Fue hasta el coche a toda prisa y se montó. Nada más comenzar a circular conectó el
manos libres y llamó a su amiga Raven indicándole que ya se dirigía hacia casa y que por lo tanto ya podía ir a buscar a Pluto.
No le extrañó cuando llegó y su coche ya estaba allí. La muy…
Pluto la recibió con saltos y bailes. Tanto Lexa como Raven estaban sentadas en la
mesa de la cocina, ambas con una taza de café, charlando animadamente.
—Hola.
Raven saltó de la silla y se abrazó a ella directamente.
—Hola Clarke, ¿qué tal todo?
—Bien, qué pronto has llegado —dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
—Sí, estaba cerca cuando has llamado.
Dejó el maletín sobre la mesa y miró a Lexa.
—¿Lo tienes todo preparado?
—Ajá —pronunció mientras acariciaba la cabecita de Pluto.
—Bien, voy a acabar de preparar el neceser y ya nos… —Se quedó callada cuando su
móvil comenzó a vibrar. Lo observó. William de nuevo. Resopló al momento y depositó el
móvil sobre la mesa—. ¡Pero qué pesado! —acabó gritando.
Lexa la observó mientras se levantaba de la mesa.
—¿Quién es?
—Un cliente —explicó dirigiéndose al comedor—. No deja de llamarme. Acabo de realizar el juicio con él.
Lexa la siguió intrigado hacia la escalera.
—¿Y qué le ocurre?
—Lo que le ocurre es que está desesperado.
—¿Qué ha hecho?
Ella se quedó quieta y le sonrió de una forma un tanto maliciosa.
—Mejor que no lo sepas. —Acto seguido subió las escaleras, cuando llegó a lo alto se
quedó parada—. ¡Raven! —gritó—. Ayúdame.
Se metió en el cuarto de baño y buscó un pequeño neceser para meter los jabones, cepillos de dientes…
Raven apareció bajo el marco de la puerta, con una increíble sonrisa, pero acto seguido
entró y cerró la puerta tras ella. Clarke la miró con una ceja enarcada.
—¡Qué fuerte! ¡Qué fuerte! —pronunció mientras daba unas palmadas.
Ella cogió el desodorante y lo metió también en el neceser.
—¿El qué? —preguntó sin mirarla.
—¡Te vas de vacaciones con la buenorra! —Ella suspiró mientras abría los cajones
cogiendo un cepillo y un peine— ¿Compartís habitación? —preguntó entusiasmada.
Ella puso los ojos en blanco ignorándola y fue hacia la ducha.
—Escucha, Pluto come siempre pienso, pero puedes darle algo de lo que tú comas mientras no sea dulce…
—Eh, no me ignores —Se quejó acercándose a ella.
Clarke cogió la esponja y se giró.
—No, Raven, no vamos a compartir habitación. ¿Estás loca?
—¿Estás loca tú? —preguntó casi en un grito.
—Shhhhh —susurró mirando hacia la puerta cerrada—. Haz el favor de no gritar.
Apenas le conozco…
—Eso es lo bueno —explicó—. Tienes a una Adonis durante veintisiete días, ¡para ti sola!
¿Y no vas a aprovecharte? Por Dios, luego volverá a su época y si ha pasado algo no me acuerdo…
—No es tan fácil —Se quejó, pero aquel comentario hizo que Raven inclinase una ceja
hacia ella y se cruzase de brazos. La miró de arriba a abajo, estudiándola—. ¿Qué?
—¿Te estás enamorando de ella? —Clarke abrió los ojos como platos y automáticamente
los puso en blanco—. Oh, no, no… a mí no me vengas con estas. Te estás enamorando de ella.
—acabó diciendo en un tono más alto.
—Shhhh… ¡calla! —Se giró hacia la ducha y cogió un bote de jabón—. No me estoy enamorando de ella.
—Ya, claro… ¿sabes? Te conozco lo suficiente como para…
—Eh —le cortó—. Se acabó el tema. Ahora me voy de vacaciones, algo que necesito con urgencia—. Es lo único que me importa ahora.
—Ya, claro, ¿y no te importa tener a una tía como esa para ti sola durante una semana?
—Arggggggg…. —pronunció dirigiéndose hacia la puerta, pero Raven le cortó el paso.
—Vamos, Clarke… —continuó con voz más animada—. No seas boba —Luego se llevó la mano al bolsillo y le dio un sobre.
Ella la miró enarcando una ceja.
—¿Esto qué es?
Raven se encogió de hombros.
—Un regalito.
Miró el sobre. En la parte de atrás había escrito con una letra enorme un «Que lo
disfrutes». Abrió el sobre y al momento gritó. Automáticamente se lo volvió a tender.
—Toma esto —gritó abochornada.
—No, tienes que llevar encima… nunca se sabe.
—¿Preservativos? ¿Me has preparado un sobre con preservativos?
—Eh, soy tu amiga —comentó extendiendo los brazos hacia ella—. Tengo que procurar que mantengas unas relaciones sanas.
—Tú no tienes que procurarme nada —pronunció queriendo darle el sobre, pero Raven
esquivó su mano—. Ya me las procuro yo solita.
Raven volvió a esquivarla mientras ella intentaba meterle el sobre en el bolsillo de su pantalón.
—Que no… que no… ¡Tienes que llevar siempre encima!
—Quieres hacer el favor —dijo desesperada mientras Raven daba un salto hacia atrás.
—No pienso cogerlo. Es un regalo.
—Tus regalos no me gustan.
Raven se encogió de hombros.
—Oye, llévatelos, si luego no los usas pues no pasa nada, pero, ¿y si los necesitas? Luego te arrepentirías de no…
—No pienso usarlos, Raven —susurró acercándose más a ella—. Lexa se marchará y no…
—¿No vas a catarla? —bromeó acabando su frase.
Rechinó de dientes.
—No volveré a verle más —acabó ella—. No quiero acostarme con una persona que va a desaparecer de mi vida.
Raven pestañeó repetidas veces.
—Pero bueno, ¿a ti te han sacado de una novela romántica o qué? ¿Qué tontería es esa?
—Es la verdad.
—A ti Lexa te gusta… —pronunció como si hubiese tenido una revelación—. Te gusta de verdad…
Resopló, dejó con un golpe el sobre que le había dado Raven sobre el mármol y la rodeó para salir fuera del aseo.
No esperó a intercambiar ninguna frase más con Raven. Bajó directamente hacia el
comedor donde Lexa seguía jugando con Pluto. Lo cierto es que era una mujer impresionante. Se puso erguida y le sonrió.
—¿Ya nos marchamos? —preguntó con una gran sonrisa.
Aquella sonrisa la dejó trastocada.
—Sí —susurró dirigiéndose a su maleta, guardando el neceser en su interior. Raven
entró en el comedor con el sobre en la mano, aún con una sonrisa en su rostro—. Raven, esa
es la bolsa de Pluto. —Fue hacia ella y se la señaló—. Le he puesto unos cuantos juguetes
para que se entretenga, y te he puesto un plato nuevo que he comprado para… ¿qué
haces? —preguntó al verla dirigirse a su maleta y abrirla.
Raven le sonrió y luego miró también a Lexa, la cual las observaba. Luego le mostró el sobre.
—Desde luego Clarke, eres un desastre. —Clarke enarcó una ceja y puso su espalda recta.
—. Si no llego a ir detrás de ti se te olvida lo más importante. —Cogió el sobre y se lo metió
en la maleta—. Hala, ya está —sonrió cerrando la maleta ante la mirada enfurecida de su
amiga—. Lo he puesto al lado de tu ropa interior —dijo divertida haciendo que ella volviese a rechinar de dientes.
Lexa las miraba sin comprender. No sabía lo que ocurría, pero estaba claro que algo estaba pasando.
—Bien… mmmm…. Te ayudo a llevar lo de Pluto a tu coche —Se ofreció Lexa cogiendo las bolsas.
—Oh, claro, qué gentil —dijo Raven mientras le seguía hacia la puerta. Antes de salir se giró hacia Clarke, que aún la observaba con el rostro totalmente colorado—. Está
buenísima… ¡Fíjate qué culo! —artículo en sus labios sin emitir voz.
Suspiró mientras se pasaba la mano por su rostro y observaba como se dirigían hacia el coche de Raven.
Lexa volvió a mirar el GPS confundida y luego la miró a ella enarcando una ceja.
—La verdad es que esto de los… ¿cómo has dicho que se llaman?
—Satélites.
—Eso, satélites —repitió como si le costase decir la palabra—. ¿Están flotando por el cielo y a ti te dicen hacia dónde debes ir?
Ella movió su rostro no muy segura.
—Sí, creo que es algo así. No he estudiado telecomunicaciones ni ingeniería.
—¿Qué? —preguntó como si se tratase de un insulto.
Ella resopló.
—Igual que yo he estudiado para ejercer como abogada, hay gente que estudia los satélites. Esa carrera, esos estudios… se llama telecomunicaciones.
—Entiendo… —dijo pensativa. Tomó el desvío hacia la derecha y comenzaron a
circular por un camino de tierra y piedras, demasiado rápido para el gusto de Lexa—. Eh, no corras tanto —Se quejó.
Ella le sonrió maliciosamente mientras el coche iba dando botes de un lado a otro.
—¿Quieres conducir tú?
—No.
—Pues no te quejes tanto —bromeó—. Son unos bachecitos de nada —rió mientras la
maleta que llevaba en la parte de atrás volcaba y recibía una mirada enfurecida por parte de Lexa.
Lexa resopló y miró hacia el final del camino donde había una pequeña casa de
madera. El lugar era impresionante, rodeado de altas montañas pobladas de vegetación. Al
lado de aquel camino de tierra que conducía a esa pequeña casa había pastos verdes.
Se llegaba a la casa a través de una rotonda repleta de flores, donde había una
pequeña fuente que echaba un chorro de agua hacia arriba.
Observo que a los lados había más coches aparcados.
—¿Ya hemos llegado? —preguntó Lexa mientras observaba la casa.
—Sí. —Detuvo el vehículo aparcándolo al lado de una furgoneta.
—Menos mal —susurró con agonía. Abrió la puerta y salió notando el viento helado y la
mirada inquisidora de ella—. Hemos llegado vivas. Es un milagro —bromeó.
—Ja, ja…
Sacaron las maletas que habían depositado en el asiento de atrás y tras cerrar el
vehículo se dirigieron al pequeño hotel. Parecía muy acogedor, mucho más de lo que
parecía en las fotografías que ofrecía la web donde lo habían contratado.
Una mujer de unos sesenta años los esperaba con una sonrisa, tras un pequeño mostrador.
—Buenas tardes —saludó Clarke mientras le entregaba el documento con la reserva.
Lexa se entretuvo mirando. Era un salón bastante pequeño, todo enmoquetado en
una alfombra de color verde. Toda la casa era de una madera clara, barnizada, y sobre las
paredes había algunos cuadros que no lograba entender. Círculos de colores, cuadrados…
aquellas pinturas no las comprendía, pero le daban colorido a la estancia.
La luz que emanaba del techo era cálida.
—Es en la segunda planta —indicó la mujer mientras le pasaba dos llaves—. El desayuno
se sirve de siete a once de la mañana. También disponemos de menús para el mediodía y la cena.
—De acuerdo, muchas gracias —contestó Clarke. Miró de un lado a otro—. Disculpe, ¿el ascensor?
La mujer pareció avergonzada.
—Lo siento, no disponemos de ascensor.
—No, no pasa nada, tranquila —dijo cogiendo su maleta, dirigiéndose a la escalera.
Agarró el asa y comenzó a subir escalones. Por suerte, la maleta no pesaba demasiado
aunque después de subir hasta la primera planta se obligó a soltarla para relajar un poco la tensión de la mano.
Iba a cogerla de nuevo cuando Lexa se adelantó y sin decir nada la cogió subiendo hasta la segunda planta.
Clarke le siguió sin decir nada.
—¿Qué habitaciones son?
Ella comprobó los llaveros que colgaban de las dos llaves.
—La veinticuatro y la veintiséis.
Lexa avanzó por el pasillo hasta llegar a esas habitaciones y soltó las maletas
mientras contemplaba las dos puertas, una al lado de la otra.
—¿Cuál es la mía?
Ella se encogió de hombros.
—La que prefieras —pronunció tímidamente mientras cogía su maleta.
—Me quedo con la veintiséis —dijo cogiéndole la llave de la mano.
Ella aceptó mientras metía su llave en la cerradura.
—De acuerdo… mmmm… ¿nos vemos en diez minutos? Podríamos ir a dar una vuelta.
—Claro —dijo abriendo la puerta.
—Perfecto y… gracias por subirme la maleta.
—No hay de qué —respondió entrando en su habitación.
Clarke se mordió el labio mientras entraba y cerraba la puerta. La observó mientras se
apartaba el cabello de su rostro, no había mucho lujo, pero era cálida y acogedora.

 La observó mientras seapartaba el cabello de su rostro, no había mucho lujo, pero era cálida y acogedora

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Lexa observó de un lado a otro. Aquella era una de las habitaciones más lujosas que
había visto en su vida. Toda de madera. Tenía una enorme ventana desde donde podían
verse los verdes pastos y las montañas. En el centro había una gran cama que parecía
bastante cómoda, con una pequeña mesa donde había una lámpara. A su lado había un
enorme armario de madera y al otro lado un pequeño escritorio con una silla y, sobre él,
un enorme televisor de pantalla plana.
—Un televisor —pronunció sorprendida—. Fantástico —dijo sonriente mientras se
dirigía a la puerta que conducía al aseo. Era espacioso, luminoso y estaba muy limpio. Tras
observar la enorme ducha salió y se quedó observando una puerta que había al lado del escritorio. ¿Qué más podía haber?
Fue hasta ella y la abrió con determinación, pero lo único que encontró fue otra
puerta al otro lado. Se quedó observándola fijamente. ¿Una puerta detrás de otra puerta?
¿A dónde conducía aquello? Golpeó repetidas veces hasta que escuchó unos pasos rápidos y la puerta se abrió.
—¿Clarke? —preguntó sorprendida al verla aparecer.
Ella se encogió de hombros.
—Sí, ¿qué?
Lexa arqueó una ceja y luego observó su habitación. Era igual que la suya. Había
colocado la maleta sobre la cama y parecía estar deshaciendo el equipaje.
—Perdona, no sabía que estabas detrás de esta puerta.
Ella le sonrió y fue hacia la maleta dejando la puerta abierta.
—La mayoría de las habitaciones se comunican. Es una cuestión de seguridad, así si
hay un incendio o sucede algo en una habitación es más fácil acceder a ella.
—Ajá —pronunció entrando y observándola de un lado a otro—. Son iguales.
—Sí, claro. —Se giró y le observó acercarse para mirar por la ventana. Parecía gustarle
el lugar, su mirada transmitía entusiasmo y a la vez añoranza—. Bueno, ¿lista para salir a investigar? —preguntó divertida.

 Bueno, ¿lista para salir a investigar? —preguntó divertida

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Ojos verdes. (Clexa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora