capítulo 19

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19.
Volvió a mirar su móvil mientras se desperezaba en la cama. Se había duchado y se
había tirado sobre el enorme colchón, girando sin cesar. Hacía tiempo que no dormía tan
a gusto. Aquellas últimas noches compartiendo habitación con Lexa habían sido las más especiales de su vida.
Las noches que había compartido con Finn se habían convertido en un recuerdo difuso, borroso. Sí, aquello era vida, y eso se lo debía agradecer a aquella enorme y hermosa
mujer que la observaba desde debajo del marco de la puerta del aseo, con solo una toalla enrollada.

 Sí, aquello era vida, y eso se lo debía agradecer a aquella enorme y hermosamujer que la observaba desde debajo del marco de la puerta del aseo, con solo una toalla enrollada

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—¿Eso también es típico de esta época? —preguntó con una ceja alzada y una sonrisa al verla rodar sobre la cama.
Ella se detuvo y le sonrió. Se incorporó en la cama y de un salto aterrizó sobre el parquet.
—¿Qué hacemos hoy? Es nuestro último día aquí.
Lexa se acercó a la ventana y observó. Hacía mal día, podía asegurar que descargaría una gran tormenta.
—Me parece que no vamos a poder alejarnos mucho de la casa.
Ella chasqueó la lengua y luego le sonrió de forma pícara.
—Vamos, ¿me vas a decir que no disfrutaste la última vez que corrimos bajo la lluvia?
—Disfruté más cuando llegamos a la casa —apuntó con una sonrisa mientras se dirigía a su mochila y sacaba unos tejanos y la ropa interior. Arrojó la toalla al suelo y comenzó a
vestirse sin ningún pudor.
Bueno, a ella ya le parecía bien, los últimos días se había dicho a sí misma que debía disfrutar todo lo que pudiese. Aquel periodo de tiempo tenía caducidad y quería aprovechar cada uno de los segundos.
Recorrió el cuerpo de Lexa, sin miramientos, hasta que acabó de vestirse.
—Podríamos dar un paseo por aquí cerca —propuso Clarke.
—O podríamos quedarnos aquí frente a la chimenea viendo como llueve y tomando una copa de vino.
—De acuerdo —respondió rápidamente. Aquella idea le gustaba más.
Dicho y hecho, habían pasado todo el día frente a la chimenea, sentadas en el sofá y viendo películas, haciendo el amor y explicándose cosas sobre ellas.
Le había sorprendido ver que Lexa también reaccionaba de forma positiva ante el fútbol. Había elegido uno de los equipos y lo había animado a que ganase. Desde luego,
daba igual la época de la que uno viniese, el fútbol era un deporte que movía masas y estaba claro que no le era indiferente a Lexa.
Cerca de las seis de la tarde habían recogido todo y se habían dispuesto a abandonar aquella casita en medio del bosque para volver a su hogar.
—Es una pena que esto se acabe —dijo Lexa sentándose en el asiento del copiloto mientras se ponía el cinturón de seguridad.
—Bueno, aún nos quedan un par de fines de semana. Podríamos hacer otra excursión, aunque más corta. ¿Te gustaría?
—Me encantaría —respondió mientras observaba como se alejaban de la pequeña casita en el bosque. Se giró hacia ella con una sonrisa—. ¿Y este fin de semana qué vamos a
hacer?
—Tengo una cena de empresa —dijo con algo de fastidio.
—¿Una cena de empresa?
—Sí, mi jefe organiza una cena cada año. Invita a todos los trabajadores. No somos muchos tampoco, pero claro… todos van con… —Luego le observó de reojo y se quedó
unos segundos pensativa.
—¿Qué pasa?
—Oye, ¿te gustaría venir?
—¿A esa cena? —preguntó sorprendida.
—Sí, claro. Siempre voy sola. Todos van con su pareja o su marido… —Ambas se quedaron mirando durante unos segundos hasta que ella se forzó a apartar la mirada y
mirar de nuevo a la carretera. Mierda, no se había dado cuenta de lo que había dicho hasta
que aquellas palabras habían salido de su boca. «Todas iban con sus parejas o maridos» y
le estaba pidiendo precisamente a ella que le acompañase… tierra trágame.
—Claro, me encantaría acompañarte —respondió con una sonrisa. Luego volvió su rostro al frente—. Puede ser divertido ver cómo los abogados cenáis juntos, las conversaciones que mantenéis…
En ese momento se puso en tensión.
—Eh, eh… ni hablar. Si vas a comportarte como el otro día no pienso llevarte a…
—¿Comportarme cómo? —preguntó de nuevo con una sonrisa.
—Pues… mmmm… —Ella resopló—. Nada de sacar el tema de a quién defendemos…
—Ajá.
—Ni de que el mundo está loco.
—Ajá.
—Ni de porqué tenemos clientes que son delincuentes.
—Ajá.
—Ni de porqué cobramos por ello…
—A…
—¡Quieres para de decir eso!
Lexa la miró de una forma divertida.
—Ajá. —Clarke resopló y puso los ojos en blanco—. Oye, tranquila. Sé comportarme, te aseguro que puedo tener unos modales mucho más recatados que los hombres de esta
época.
Ella le miró de reojo y tras unos segundos acabó afirmando.
—Está bien —susurró—. Pero tendremos que comprarte ropa más elegante, no puedes venir a una cena de mi empresa con tejanos… —Lexa iba a hablar cuando ella le
interrumpió de nuevo—. Ni con tu falda escocesa —reaccionó rápidamente haciendo que Lexa cerrase la boca. —Mañana por la mañana avisaré a mi jefe de que llevo acompañante e
iremos a comprarte algo.
El resto del viaje lo pasaron conversando amistosamente, escuchando la radio e
incluso se animó a ponerse a cantar ante la mirada divertida de Lexa.
Cuando les quedaba poco más de media hora para llegar había llamado a Raven para informarle de que pasarían a recoger a Pluto por casa. Raven había intentado sonsacarle
información pero le había cortado de forma directa.
—Tengo el manos libres. —Había pronunciado de una forma clara. Por lo menos, había pillado la indirecta, pero podía asegurar que nada más llegar intentaría arrinconarla y
sacarle toda la información que pudiese.
Debía ser rápida y veloz. Tenía un plan diseñado. Entrar, coger a Pluto y salir corriendo de aquella casa.
Detuvo el vehículo frente a la puerta de la vivienda de Raven y se quedó observando.
—Oye. —Se giró hacia Lexa—. Tenemos que ser rápidas.
—¿Qué?
—Sí, Raven interroga como nadie. Intentará sonsacar información.
—¿Información? —preguntó enarcando una ceja.
—Sí, sobre… ya sabes. Sobre si ha pasado… si ha pasado algo entre nosotrs… mmm… ehhh…
—Ya, entiendo.
—¿Entiendes?
—Sí, por supuesto. —Se quitó el cinturón y salió del vehículo sin esperar a que ella le diese permiso.
—Pero no digas nada sobre…
—Tranquila —pronunció con una sonrisa—. No tienes por qué preocuparte, sé enfrentarme a un interrogatorio.
Ella le miró con una actitud divertida mientras cerraba el vehículo.
—Se nota que no has sido víctima de un interrogatorio suyo —susurró.
—No, he sufrido interrogatorios mucho peores. No olvides que estuve en una guerra —
pronunció mirando hacia la vivienda. Clarke se quedó totalmente parada al escuchar
aquello. Era cierto, Lexa venía de una época donde torturaban a las personas para
obtener información. Durante unos segundos se preguntó si a ella le habría ocurrido algo
así, pero la palmada de Lexa la distrajo —. Vamos a buscar a Pluto —dijo feliz—. Tengo ganas de verlo.
Aquel comentario le hizo sonreír.
Raven tenía que estar observándoles desde la ventana, porque antes de que llegasen a
la puerta, la abrió con una gran sonrisa y extendió los brazos hacia ellas.
—¡Mis chicas! —gritó, y se lanzó directamente hacia Clarke abrazándola y dando saltitos de alegría.
—Pero si ha sido solo una semana —dijo intentando deshacerse de los brazos de ella.
—Sí, te echaba de menos —gritó ella sin separarse, luego se arrimó a su oído intentando disimular—. Tienes que explicármelo todo —susurró—. Y cuando digo todo, es
todo. Se distanció de ella con una sonrisa algo tímida y observó a Lexa que se detenía a su lado con las manos en los bolsillos y una extraña sonrisa en su rostro.
—¡Lexa! —gritó Raven mientras se abalanzaba hacia ella abrazándole. Lexa se quedó
con los brazos suspendidos, realmente sorprendida por aquel gesto y miró a Clarke con un gesto incómodo—. ¿Cómo ha ido todo por este siglo? ¿Te ha gustado lo que has visto?
Lexa se separó sonriente, mirando de soslayo a Clarke, con las manos en los bolsillos.
—Muy bonito todo. ¿Y Pluto? —preguntó directamente.
En ese momento los ladridos de Pluto llegaron hasta ellos, acompañados de unos pasos muy rápidos. Pluto apareció por la puerta derrapando y se echó directamente
encima de Clarke dando saltos y buscando caricias.
—Qué contento está —rió Raven.
Clarke lo acarició durante un rato, mientras Pluto no dejaba de saltar. Poco después el perro miró a Lexa y se lanzó también hacia ella. Lexa no dudó en agacharse y darle las
caricias que el animal necesitaba mientras este iba dando saltos, ladrando y arrastrando su lengua por la mejilla de Lexa.
Se quedó unos segundos observándole. Lexa era encantadora con el perro, y lo había sido con ella. Notó como sus mejillas se encendían hasta que la mirada fija y suspicaz de
Raven la distrajo.
—¿Lo tienes todo preparado? —preguntó entrando finalmente en el comedor.
Raven la siguió mientras Lexa cogía al perro en brazos, que no dejaba de intentar lamerle la cara.
—Sí, está todo preparado. ¿Os quedáis a cenar? —preguntó esperanzada.
—¿Son estas bolsas? —preguntó Lexa dejando a Pluto en el suelo, que volvió a correr hacia su dueña.
—Sí, son esas.
—No podemos Raven —dijo Clarke cogiendo una de las bolsas—. Tengo que poner un montón de lavadoras, secadoras, planchar… —Observó el gesto algo triste de su amiga—.
Pero he pensado que mañana por la mañana podríamos vernos —continuó, haciendo que Raven volviese a sonreír—. Tengo que ir a comprarle algo de ropa a Lexa, para que me
acompañe a la cena de empresa de mañana…
—¿Vas a ir a la cena de empresa?
—Ajá —respondió Lexa volviendo a acariciar a Pluto que se había levantado sobre sus dos patas traseras, apoyado en su pierna.
—Ahhh…vaya… —dijo Raven con una sonrisa hacia Clarke. Sabía lo que insinuaba.
—Sí, podrías venirte al centro comercial—continuó ella—. Así me ayudas a escoger algo de ropa para ella y podemos comer por ahí.
—Me parece estupendo —reaccionó Raven dando palmas.
—Vale, pues… ¿te pasamos a buscar mañana sobre las once de la mañana? —preguntó mientras salía disparada por la puerta de la casa con una de las bolsas que había preparado para Pluto.
—Claro. —Se giró y observó como Lexa cogía otra de las bolsas y se agachaba para coger de nuevo a Pluto con una mano. Se acercó con una gran sonrisa mientras Lexa iba
inclinando más su ceja. Sabía lo que iba a ocurrir, Clarke le había prevenido—. Así que ha ido todo muy bien, ¿no?
—Aja —respondió algo seria mientras comenzaba a avanzar.
—¿Te gusta este siglo? —preguntó siguiéndole hacia la puerta.
—Aja.
—¿Habéis visto muchas cosas?
Lexa suspiró mientras salía por la puerta sin siquiera girarse.
—Aja.
—Y… ¿Has disfrutado de la compañía de Clarke? —preguntó con un tono algo picajoso.
Lexa puso su espalda recta, sin girarse, y dudó durante unos segundos.
—A… —Tragó saliva—. Hasta mañana, Raven —pronunció mientras se dirigía al vehículo donde ella le esperaba con el maletero abierto y en su rostro se reflejaba algo parecido a
la ansiedad.
—Aja —pronunció Raven desde la puerta con tono burlesco—. Nos vemos mañana. Adiós Plutoooo —canturreó, y automáticamente cerró la puerta.
Clarke miró de reojo a Lexa, la cual resoplaba a la vez que recibía lametazos en la mejilla por parte de Pluto e iba dejando todo en el maletero.
—De verdad… —pronunció mientras se sentaba y colocaba a Pluto en sus rodillas, el
cual puso sus patitas en su pecho y volvió a atacar su rostro—. No entiendo a las mujeres de este siglo —dijo mientras esquivaba los lametazos.
Aquella frase le hubiese sentado mal en otro momento, pero realmente se le veía abatida, como si le costase encajar aquello. Una sonrisa inundó su rostro mientras arrancaba el vehículo rumbo a su hogar.
Tras pedir unas pizzas habían cenado y había puesto una lavadora tanto con su ropa
como con la de Lexa. Marcaban las diez y media cuando acabó de doblarla y fue guardándola en su armario.
Al menos, aún tenía el fin de semana por delante. Ahora mismo no le apetecía nada
volver al trabajo. Normalmente estaba ansiosa por ir a trabajar, por mantenerse distraída, pero ahora debía confesar que la distracción la tenía en casa.
Escuchó los pasos de Lexa por el pasillo y al momento apareció seguido de Pluto.
Pluto no se separaba de Lexa, parecía que le había cogido cariño. No era de extrañar. Ella también lo había hecho.
Lexa vestía solo con los tejanos, sin nada más. Se apoyó contra el marco de la puerta con una sonrisa un tanto traviesa. ¿Y ahora qué le pasaba?
—¿Qué pasa?
Lexa se encogió de hombros y metió las manos en sus bolsillos mientras se acercaba a ella.
—¿Qué haces?
—He guardado toda mi ropa. Ya he acabado —explicó cerrando el armario. Ambas se quedaron mirando unos segundos. Debía estar perdiendo la cabeza, pero se estaba
enamorando de esa mujer locamente—. Ah… mmmm… ¿has guardado tus armas?
—Sí —dijo cruzándose de brazos y mirando su habitación.
¿Pero qué le pasaba? Observó como ella lo miraba todo hasta que sus ojos se detuvieron en la cama. Lexa se rascó el cabello y la miró de nuevo sonriente.
—Mañana hay que madrugar, ¿no? —preguntó con aquella extraña sonrisa.
Clarke tragó saliva. A esta le pasaba algo, su actitud era extraña, sobre todo cuando había detenido su mirada en la cama. Ahí estaba ella, plantada delante de ella desnuda de
cintura para arriba, pasándose la mano por el cabello de forma despreocupada y con una mirada intensa. Notó como sus mejillas se encendían y el calor comenzaba a desplazarse por su cuerpo.
—Sí —susurró sofocada—. Bueno, más o menos, con que nos levantemos sobre las
nueve y media ya está —intentó dar un tono normal a su voz.
Lexa aceptó pensativa.
Miró de nuevo la habitación de ella y colocó las manos en su cintura, luego volvió a
sonreír de soslayo y la miró con una ceja enarcada.
Lo mejor sería ir al grano, no había dejado de pensar en eso desde que había entrado por la puerta de aquella casa.
—¿Tengo que dormir en mi habitación?
Ella tragó saliva. Lo que se imaginaba.
—No —susurró.
Lexa aceptó.
—Perfecto —pronunció ansiosa. Fue hacia ella, la cogió por la cintura acercándola a ella y la besó de forma apasionada, aunque el ladrido de Pluto le interrumpió. Se giró un
segundo y lo señaló. —Pluto. Largo. —El perro ladró como si no estuviese de acuerdo con aquella orden—. Fuera —pronunció en un tono más divertido, tras lo cual Pluto salió a paso
lento.Cuando el animal abandonó la habitación se giró con una sonrisa y volvió a besarla con pasión.

Clarke se estaba metiendo en su corazón lentamente, sabía que en breve se alejaría de ella, no la volvería a ver y quería aprovechar cada segundo a su lado

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Clarke se estaba metiendo en su corazón lentamente, sabía que en breve se alejaría de ella, no la volvería a ver y quería aprovechar cada segundo a su lado. Aquello le entristecía.
La abrazó y la llevó hasta la cama.
Ella no se resistía, había pensado que cuando acabase de ordenar su habitación le diría que durmiese con ella, pero aún sentía cierta timidez, no quería que pensase mal de
ella, pero estaba claro que Lexa sentía la misma necesidad, lo cual no sabía si alegrarle o asustarle.
Se tumbó sobre ella y acarició su mejilla. Era lo más dulce que había tenido nunca, y pensar que la perdería en pocos días hacía que su necesidad por ella aumentase.
Ella le contempló directamente a los ojos. Su verde era más oscuro, como si la lujuria
se hubiese apoderado de ella. Lo que transmitían sus ojos le hizo comenzar a vibrar. La necesitaba, la necesitaba con toda su alma.
—¿Hay que ponerse el provorativo? —preguntó Lexa mientras le subía la camiseta y comenzaba a pasar su lengua de forma sensual cerca de su ombligo.
—Mmmmm…. ¿el qué? —preguntó adormilada.
—El provorativo.
Ella abrió los ojos y arqueó una ceja como si no comprendiese. Lexa también parecía
estar aturdida, como si no entendiese aquel gesto en ella. Al momento, ella comenzó a reír.
—¿Te refieres al preservativo?
—Sí, eso. —Ella afirmó— ¿Dónde están? —preguntó con ansia.
—En el cajón de la mesita —Le señaló con la mano.
Lexa se desplazó hacia un lado y mientras lo hacía fue desnudándose del todo.
No se hizo esperar, parecía que le había cogido el truco. Se colocó sobre ella y entró en su interior con urgencia, con un leve gruñido y haciendo que ella arquease la espalda.
Comenzó a moverse de forma lenta, como si saborease cada uno de los movimientos
que hacía sobre ella, deleitándose en los susurros y gemidos que le provocaba a Clarke.
Si algo tenía claro es que si estuviese en su época la habría convertido en su esposa,
ahora, la figura de Costia se iba difuminando cada vez más, a cada minuto que pasaba con
ella su recuerdo se iba perdiendo e iba tomando más consciencia el de Clarke.
Se abrazó más fuerte a ella, acompañándole en cada embestida hasta que finalmente se derrumbó sobre ella con un gruñido.
Ahora tenía algo claro, sabía que Lexa se marcharía, pero jamás podría sacarla de su mente ni de su corazón.

Ojos verdes. (Clexa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora