21.
Una de las compañeras más antiguas del despacho, Sylvia, se acercó a ella mientras sujetaba su copa de vino y le dio con el codo en el costado para llamar su atención.
—Qué guardado te lo tenías —sonrió mientras con un leve movimiento de cabeza señalaba a Lexa.
Clarke miró directamente hacia ella. Se encontraba a varios metros de ellas, charlando animadamente con algunos compañeros del despacho. Lo cierto es que se le veía
imponente. Sabía que había sido la comidilla de todas las mujeres nada más entrar por la puerta.
Observó como otra de sus compañeras, una chica más joven, concretamente la administrativa del despacho, pasaba al lado de Lexa y la observaba de la cabeza a los pies.
—No —sonrió Clarke—. Es solo una amiga.
—¿Una amiga?
—Sí.
—Ammmm… —pronunció disgustada—. ¿Y a qué se dedica tu amiga?
Casi se atragantó. No había pensado en las preguntas que iban a hacerle.
—Es profesora de gaélico.
—Qué interesante —susurró.
Volvió a mirarlo y al momento entró en tensión. Lexa se encontraba hablando con su jefe y el compañero que llevaba los temas de divorcios. Mierda.
—Si me disculpas un momento —se disculpó mientras se alejaba de su compañera y se dirigía directamente hacia Lexa.
Se había sorprendido, Lexa había sido muy gentil en la cena, por eso suponía que se había relajado y le había dejado un poco de lado para que interactuase con el resto de personas. No había sacado el tema del derecho para nada y había incluso conversado de temas de actualidad, sin dar muchos datos, pero el problema podía venir si le hacían
alguna pregunta comprometida, y no había sido consciente de ello hasta el momento en que Sylvia había pronunciado aquella pregunta. Mierda, debería haber ensayado algo con
Lexa.
—Hola —saludó colocándose a su lado.
Lexa la miró sonriente.
—Vaya, ¿dónde le tenías guardada? —preguntó su jefe colocando una mano en el hombro de Lexa, lo cual le sorprendió bastante. Ella sonrió de forma abierta, sin saber
cómo reaccionar ante aquel gesto—. Nunca me habías hablado de ella —continuó su jefe.
Ella se encogió de hombros.
—Bueno, realmente no…
—Hacía tiempo que no nos veíamos —interrumpió Lexa—. Demasiado —pronunció cogiéndola por los hombros y aproximándola a ella, abrazándola—. Por eso me ha invitado,
ha tenido un detalle muy bonito, y debo agradecerle también a usted que me haya recibido. La cena ha sido impresionante y la compañía muy agradable. Hacía tiempo que no me divertía tanto.
Clarke le miró de reojo y sonrió. No, si desde luego cuando quería sabía ganarse a la gente, su jefe sonreía sin parar.
—Por supuesto, estoy encantado de haberte conocido. Últimamente me he aficionado bastante al pádel, y he pensado que podrías unirte al equipo que estamos montando. Con
ese brazo seguro que debes dar unos buenos saques.
Lexa sonrió y miró hacia ella, aunque estaba claro que una duda le asaltaba. De acuerdo, no tenía ni idea de lo que era el pádel.
—Bueno, a Lexa lo que son los deportes que consisten en coger una raqueta con la mano y golpear una pelota no le gustan mucho —rió ella dándole una explicación de forma
disimulada.
—Oh —dijo Lexa sorprendida, luego se giró directamente hacia su jefe—. Soy más de montar a caballo
Ella suspiró, de nuevo los caballos.
—La equitación —dijo su jefe a modo explicativo.
—Sí —respondió Lexa no muy segura—. He montado desde pequeña.
Bueno, al menos sabía llevarse la gente a su terreno, de eso no cabía duda.
—Debes ser buena.
—Lo es —respondió ella.
Su jefe dejó la copa de vino sobre una de las mesas circulares que había cerca y cogió otra del camarero que pasaba. Ambos aprovecharon para echarse miradas furtivas
durante unos segundos.
—Bueno, Lexa, no me has dicho a qué te dedicas.
—Es profesora de gaélico —dijo rápidamente ella—. Tiene un doctorado —dio un sorbo a
su copa de vino y miró de reojo a Lexa que parecía relajada, aunque la mirada que le
echaba de reojo le hacía darse cuenta de que era todo lo contrario.
—Qué interesante. ¿Y lo hablas? Poca gente lo hace.
Lexa sonrió, luego dio un sorbo a su copa de vino intentando ganar algo de tiempo.
Mierda, tampoco sabía lo que era un doctorado.
—Sí, Lexa lo habla perfectamente, da clases a estudiantes. Es lo que más deseaba, por eso se sacó el doctorado.
—Sí.
—Muy interesante.
—Así es.
—¿Y dónde da clases?
Lexa sonrió.
—En casa —sonrió de forma absurda Clarke—. Aunque ahora estás con las oposiciones, ¿no? —reaccionó rápidamente. Lexa la observó y afirmó rápidamente hacia su jefe—.
Espero que consigas plaza fija de una vez en una universidad o facultad de historia.
—Eso espero —sonrió Lexa no muy segura de lo que decía, mientras daba otro sorbo a su copa de vino.
—Eso es muy importante, muchacha. Hoy en día tener un trabajo estable es lo mejor que hay.
Clarke afirmaba con su rostro, nerviosa. Debía cambiar de tema como fuese, intentar centrar la atención en otra cosa.
—Hablando de trabajo, no te he preguntado. ¿Cómo ha ido esta semana? —preguntó directamente.
Su jefe la miró sonriente.
—Oh, deja eso. —Le reprendió en tono bromista, acto seguido miró a Lexa—. Esta
muchacha está obsesionada con el trabajo, deberías disfrutar más. —Ella lo observó sin
comprender. ¿Ahora su jefe se quejaba de que trabajase tan duro?— Deberías sacarla más por ahí, que disfrute de la vida. —Lexa le miró muy sonriente—. Una chica tan joven y
fíjate… cuando le pregunto cómo ha ido el fin de semana solo me dice que ha visto alguna película, o ha leído un libro. —Clarke notó como sus mejillas se encendían. Desde luego, su
jefe había tomado unas copas de más, normalmente no era tan sociable, al contrario.
Carraspeó intencionadamente—. No, no carraspees Clarke. ——Lexa sonrió aún más—. No todo en esta vida es el trabajo—. Luego miró a Lexa—. Es una de las mejores trabajadoras
que tengo, muy buena abogada, pero… eres muy joven Clarke, deberías cogerte vacaciones más a menudo.
Tuvo deseos de estrellar la copa de vino en la cabeza de su jefe. ¿Que se cogiese vacaciones más a menudo? ¡Pero si ni siquiera podía disfrutar muchas veces del fin de
semana porque le mandaba los casos del lunes! Estuvo a punto de gritar aquellos pensamientos, pero se contuvo.
—Claro jefe, lo tendré en cuenta.
—Hazme caso, luego te das cuenta y tienes cincuenta años y no has disfrutado de la vida, y ya es demasiado tarde.
—Claro —sonrió algo tirante, luego miró a Lexa, la cual parecía divertirle aquella situación—. Mmmm… es tarde ya. Quizá será mejor que nos vayamos, estoy algo cansada
del viaje y aún tengo que llevarte a tu casa —mintió.
—¿Lo ve? —pronunció hacia Lexa—. A eso me refiero, las doce y ya quieres ir a dormir.
—Estoy bastante cansada. Te agradezco mucho la cena —susurró cohibida mientras se
cogía al brazo de Lexa—. Me gustaría descansar, pasado mañana hay que madrugar para trabajar. —Sonrió a su jefe, tendiéndole la mano.
Su jefe estrechó la mano de ella y luego se la tendió a Lexa la cual dudó, pero
posteriormente estrechó también la mano de su jefe, aunque quizá con demasiada fuerza.
—Ah, vaya, caray —comentó moviendo la mano como si le hubiese hecho daño—.
Menudo apretón, en serio, plantéate lo de apuntarte a pádel —pronunció impresionado.
—Je, je… está fuerte, eh —bromeó Clarke mientras comenzaba a tirar de Lexa.
—Encantado de conocerte, espero poder verte otro día —Se despidió su jefe mientras se alejaban.
—Igualmente.
Se despidieron de algunos compañeros más y solo cuando salieron al exterior del restaurante pudo respirar más tranquila.
—Al fin —susurró incrementando el paso hacia su vehículo, que estaba aparcado unas cuantas calles más abajo—. Menudo desastre.
Lexa aceleró el paso colocándose a su lado.
—Tu jefe parece agradable.
Ella lo miró de reojo.
—Mi jefe es un entrometido —pronunció cortante—. Dice que disfrute más de la vida y
luego es él el que no para de darme los casos complicados, los que requieren más estudio.
—Buscó las llaves en su bolso y abrió la puerta mientras Lexa rodeaba el coche—. Eso es
hipocresía. —Dio un portazo y comenzó a ponerse el cinturón de seguridad con movimientos acelerados.
Lexa la observó fijamente, con una ceja enarcada.
—¿Por qué estás enfadada?
—Yo no estoy enfadada —respondió rápidamente—. Él intenta parecer simpático, pero
lo único que hace es darme los expedientes que él no puede solucionar para que los haga
yo. No es tan simpático como parece. Y luego va y me dice que me coja más a menudo vacaciones.
—Quizá lo hace porque confía en ti. Ya has oído lo que ha dicho, eres buena trabajadora. Seguro que a otro no le da esos casos.
Aquello le hizo reflexionar y ladeó su rostro hacia ella.
—Ahhh —dijo pensativa. Arrancó el coche y se adentró en la carretera.
Lexa observó la multitud de personas que caminaban por la calle, de un bar a otro.
—Hay mucha gente para ser de noche.
Clarke le observó un segundo antes de detenerse en un semáforo.
—La gente sale por la noche de fiesta.
—¿De fiesta?
—Sí, salen con los amigos a bailar, tomar una copa, hablan, ríen…
—Ah.
—La semana que viene si quieres te sacaré a tomar algo por la noche.
Ella se giró para observarla.
—¿A tomar una copa? —pronunció divertida.
—Sí, te pediré un whisky con coca cola —bromeó.
Lexa se encogió de hombros y aceptó.
—¿Tú sales mucho de fiesta? —preguntó sin mirarla, observando a través de la ventana
a un grupo de jóvenes que parecían estar armando alboroto, sentados en un banco.
—No mucho.
—¿Por qué?
—No sé Lexa, no me gusta. Me gusta más leer o ver una película en casa.
Lexa la contempló de reojo.
—Puede que tu jefe tenga razón y debas divertirte más.
El cuero del volante crujió bajo sus manos.
—Salgo algunas veces, con Raven, pero… ¿sabes lo que pasa? —Ella se giró para observarla
con gesto confundido—. Cuando una chica entra en una discoteca los chicos se abalanzan sobre ella.
—¿Se abalanzan?
—Sí, ya sabes… buscan… eso.
—¿El qué? —Ella inclinó una ceja hacia ella hasta que finalmente pareció comprender.
Puso su espalda más recta—. Entonces, es algo peligroso.
—¡Que va a ser peligroso! Es solo que a mí ese tipo de ambiente no me acaba de gustar. En tu época también había bailes y cosas así, ¿verdad?
—Sí, aunque creo que era bastante diferente. Eran reuniones sociales, y allí podías aprovechar para cortejar a una dama e ir conociéndola. También se bailaba. —Lexa la
miró de los pies a la cabeza—. Dime, ¿vistes así cuando sales?
—No empieces otra vez, no es una cuestión de ropa.
Lexa ladeó su rostro para observarla.
—Yo creo que sí. Si los hombres te ven así querrán llevarte a la cama.
Clarke no supo si darle un guantazo o echarse a reír allí mismo. Estaba claro, parecía que aquel vestido había dejado huella en ella.
—Ya, ¿tú crees? —Le retó con la mirada algo enfadada.
—No es que lo crea, lo sé.
Aquellas palabras la dejaron aturdida.
En cuanto entraron por la puerta de casa, Pluto les hizo su espectacular baile corriendo de un lado a otro del salón.
Lexa volvió a agacharse para acariciarlo y Pluto se tumbó mostrándole la barriga
para que lo hiciese. La imagen volvió a enternecerle. Aunque era una mujer de carácter, mostraba una faceta tierna que la tenía totalmente embriagada. Se le iba a hacer
extremadamente duro dejarle ir.
Volver al trabajo tras las vacaciones era más difícil de lo que había esperado, y más
cuando las noticias no eran buenas. Los primeros días de la semana habían pasado rápido,
al menos cuando llegaba a casa Lexa la estaba esperando en el jardín, jugando con Pluto.
Era agradable llegar y estar acompañada, pero ahora el mundo se estaba abriendo bajo sus pies.
Volvió a leer la sentencia que acababa de comunicarle el procurador vía fax. Tres años
de prisión para William. Se iba a enfadar. Al menos, aquella semana, solo le había llamado
un par de veces para preguntarle si tenía la sentencia, pero sin duda era el peor cliente
que había tenido nunca. Qué listo había sido su jefe al pasárselo.
Suspiró mientras cogía el teléfono y marcaba el número de William. No tardó más de dos tonos en cogerlo.
—¿Sí?
—William, buenas tardes, soy Clarke, la abogada.
—Sí, ya sé quien es —respondió de forma apresurada.
Suspiró de nuevo y miró el fallo de la sentencia.
—El procurador me acaba de hacer llegar la sentencia.
—¿Y? —le interrumpió.
Clarke tragó saliva.
—No son buenas noticias, si quiere pase mañana por el despacho y lo comentamos…
—Me han condenado, ¿verdad? —preguntó en un tono más serio.
Guardó unos segundos de silencio.
—Sí, le han condenado a tres años de prisión.
William tardó un poco en contestar.
—¿Y tendría que entrar en prisión? —preguntó con un grito.
—Me temo que con esta condena sí debería entrar —acabó pronunciando—.
Igualmente es lo que le comenté, podemos recurrir…
—Joder —Le interrumpió—. La puta de mi ex va a conseguirlo. Es decir, que ella me
pone los cuernos, me jode la vida y yo encima tengo que ir a prisión por su puta culpa —
Cada vez iba subiendo más el tono de voz.
—William —intentó calmarlo—. Esta sentencia no es firme, para ello debe pasar un
plazo en el que, si recurrimos, los jueces deberán volver a deliberar y tendrá que salir otro fallo.
—Ya, claro, qué bien —ironizó—. Pero me vais a pedir más dinero, ¿no?
Clarke se pasó la mano por los ojos armándose de valor.
—Se trata de otro procedimiento, una apelación…
—Es decir: que sí.
—Al ser un caso derivado del primero el precio sería inferior…
—Joder —volvió a interrumpirla.
—Lo siento mucho William, de veras, pero lo mejor sería que viniese esta misma
semana al despacho y hablásemos del procedimiento y las formas que tenemos de actuar
frente a ello. Si no recurrimos la sentencia será firme y se abrirá el plazo de ejecución, lo
cual implica que se le dará un plazo en el que voluntariamente deberá ingresar en prisión.
Si no lo hace, se le pondrá en búsqueda y captura, por eso es importante apelar.
—Ya, claro, ¿pero servirá de algo?
—Ojala pudiese darle una respuesta al cien por cien segura, lo único que puedo decirle es que si no lo intenta ingresará en prisión sí o sí.
Escuchó el gruñido de William al otro lado.
—Debería habérmela cargado…
—William —le interrumpió al ver por dónde iba a ir la conversación—. Dígame un día de esta semana que le vaya bien.
—El viernes por la mañana.
—Está bien —dijo cogiendo la agenda. Miró el día y buscó una hora libre— ¿Le va bien a las doce?
—Allí estaré.
—De acuerdo, nos vemos el viernes.
William ni siquiera contestó, colgó directamente. ¿Y qué esperaba? Había estado a
punto de matar a su mujer y a su amante. Se merecía lo que le estaba ocurriendo, por lo
que podía ver era un hombre sumamente violento. No le iría nada mal pasar una temporada en prisión.
Se pasó la mano por los ojos, agotada, y lo único que le hizo sonreír fue el recuerdo
de Lexa. Miró el reloj de pared y vio que marcaba las cuatro y cuarto del mediodía. En
un par de horas volvería a estar junto a ella.
Comprobó la agenda del día siguiente y cogió el expediente del juicio que tenía
marcado para el jueves. Ese juicio era sencillo, una alcoholemia en la que podría negociar con el fiscal sin ningún problema.
Cogió el móvil y volvió a observar las fotos que se había tomado con Lexa en la
cascada. Debería hacerse más foto con ella, pensó mientras sonreía. Quedaban pocos días para que ella tuviese que marcharse.
Seguramente, llevarle un par de horas de fiesta en la noche del sábado podía ser muy divertido. Le hacía gracia cuando sacaba aquella vena protectora hacia ella.
Sí, se pondría un vestido aún más corto que el otro día cuando saliesen por la noche.
Comenzó a escribir un mensaje a Raven.
Clarke: Hola Jane, ¿te apetece plan para este viernes o sábado por la noche?
En ese momento llamaron a la puerta. Su jefe volvía a aparecer con aquel gesto serio,
desde luego, estaba mucho más divertido con un par de copas.
—¿Le has notificado la sentencia a William?
—Acabo de hacerlo —explicó mientras dejaba el móvil sobre la mesa y cogía el expediente del juicio del jueves.
—¿Qué tal ha ido?
—Imagínate. No se lo ha tomado muy bien —pronunció ojeando el expediente—.
Vendrá el viernes para que le explique el tema de la apelación y le dé presupuesto.
—¿A qué hora?
—A las doce.
—De acuerdo. Haremos la visita juntos.
Ella aceptó. Iba a explicarle más o menos la conversación que había mantenido
cuando escuchó como la administrativa llamaba a su jefe.
—Perdona —pronunció—. Luego hablamos.
Acto seguido cerró la puerta, dejándola sola de nuevo.
Resopló y volvió a coger el expediente cuando se dio cuenta de que la luz de su móvil parpadeaba.
Raven: Me parece perfecto. Mejor el viernes.
Clarke sonrió. Se lo iban a pasar bien.
Clarke: De acuerdo. ¿Quedamos para cenar y tomar algo?
Raven estaba en línea, así que no tardó en responder.
Raven: Siii. ¿Y Lexa?
Clarke: Quiero enseñarle a Lexa lo que es salir de fiesta.
Raven: jajajaja. ¿Le emborrachamos?
Clarke: Lo dudo. Creo que tiene mas aguante que nosotras. Pero podemos intentarlo.
Raven: Puede ser divertido. Podemos ir donde la discoteca de Franks. Creo que este finde no trabaja, pero seguro que nos invita a copas.
Clarke comenzó a reír.
Clarke: Hecho.
Al menos, esa conversación le había devuelto su buen humor. Podía ser divertido ver las reacciones de Lexa.
Tras varias horas de preparar unos cuantos casos llegó la hora de volver a casa, sin duda, lo mejor del día.
A medida que se acercaba a su hogar su sonrisa se iba incrementando, sabía que
Lexa estaría esperándola en el portal, seguramente arrojando la pelota a Pluto unas vez
tras otra, pero nada más aparcar en la puerta supo que algo no iba bien.
Lexa no estaba esperándola, por contra, el coche de Finn estaba aparcado a unos metros de la entrada.
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Ojos verdes. (Clexa)
RandomTrescientos años las separan. Todos los derechos a su autor.
