capitulo 17

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17.
Disfrutó de una relajada y caliente ducha. No se dio prisa, simplemente disfrutó del agua resbalando por su piel.
Cuando se arregló el pelo y se puso el pijama bajó a la planta baja. Lexa llevaba sus
tejanos y una camiseta de manga larga.

En ese momento cayó en la cuenta, no le había comprado un pijama

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En ese momento cayó en la cuenta, no le había comprado un pijama. ¿Dormiría desnuda?
Se encontraba arrodillado frente a la chimenea, removiendo los troncos de los cuales
brotaba una alta llamarada. Sí, había acertado. Lexa sabía cómo encender un fuego.
—También hay calefacción —pronunció bajando las escaleras.
Lexa la observó durante un segundo y volvió su atención hacia la chimenea.
—¿El qué?
Ella sonrió.
—Tienes razón, no sabes qué es. Se inventó con la revolución industrial… —Lexa se giró y
arqueó una ceja hacia ella—. Tampoco sabes qué es la revolución industrial. Bueno —
Suspiró arrodillándose a su lado—, son unos tubos que se distribuyen por toda la casa con
agua caliente y dan calor. —Ella la miró confundida pero aceptó—. Pero es más bonita la
chimenea —susurró observando las llamas bailar de un lado a otro.
Lexa cerró la compuerta y dejó el palo de hierro en su colgador. Se giró hacia ella y le sonrió.
—Dime, ¿qué tienes pensado hacer estos días?
Clarke se encogió de hombros.
—Podemos explorar la zona.
—Conozco algunos sitios por aquí —informó.
—Podríamos ir. —Aunque al momento miró hacia la ventana—. Si el tiempo nos lo
permite. Menuda tormenta. —Volvió su rostro para observarle, Lexa la miraba de una
forma tierna. Aquello la descolocó un poco y se puso en pie de inmediato—. Mañana deberíamos ir a comprar comida para estos días.
Lexa parecía algo tensa. ¿Puede que verla con aquel pijama sedoso y fino le
estuviese alterando? Podía asegurar que sí.
Ella aceptó sin saber qué hacer y miró directamente hacia el sofá.
—¿Vemos la televisión? —preguntó con una sonrisa.
—Claro.
Iba a sentarse justo cuando la luz se apagó. Lexa miró de un lado a otro sin
comprender. Dio al botón del mando a distancia repetidas veces pero no funcionaba. Al
menos, la luz que emanaba de la chimenea los iluminaba lo suficiente.
—Deja de darle al botón compulsivamente. Se ha ido la luz.
—¿Se ha ido la luz? ¿Adónde?
Ella estuvo a punto de echarse a reír.
—Se ha estropeado, pasa a veces cuando hay tormenta.
—¿Y se arreglará rápido?
Ella se encogió de hombros.
—A veces tarda unos minutos, otras veces horas.
Lexa depositó el mando a distancia sobre la mesita mientras chasqueaba la lengua.
Ella subió los pies sobre el sofá apoyándose contra la esquina, girándose hacia Lexa.
—Bueno, cuéntame cosas sobre tu época.
Ella inclinó una ceja.
—¿Sobre mi época? —preguntó apoyándose en el sofá, adoptando una postura parecida a la de ella.
—Sí.
—¿Qué quieres saber?
Ella se mordió el labio y le miró pensativa. Recorrió su cuerpo y volvió a observar el anillo que llevaba en su mano.
—¿Puedo hacerte una pregunta personal? —Lexa se encogió de hombros—. Me dijiste
que para ti, tu mujer estaba muerta… —Lexa esquivó su mirada y apretó su mandíbula—. ¿Qué ocurrió?
Se quedó mirando el fuego durante unos segundos, pensativa, y finalmente la miró.
—Preferiría no hablar del tema —susurró.
Ella aceptó arrepentida por lo que había preguntado, parecía bastante dolida por los recuerdos.
—Lo siento, no tenía que haberte preguntado eso —susurró.
—No te preocupes —respondió de forma tierna—. Es solo que ahora mismo estoy bien,
y no quiero estropear el momento hablando sobre eso.
Ella volvió a aceptar.
—¿Y tu hermano? ¿De él quieres hablar?
Lexa sonrió al ver que ella parecía elegir con cuidado las palabras que pronunciaba, como si no quisiese herir sus sentimientos.
—Se llama Declan. Tiene dos años menos que yo —explicó. Luego una duda asaltó su
mente—. No sé qué edad tienes tú —dijo como si no hubiese sido consciente de ello hasta ahora.
—Veintiseis —apuntó divertida. Ella le devolvió la sonrisa—. Soy más joven que tú. Tú tienes, técnicamente, veintiocho, ¿no?
—Cumplo veintinueve en junio —apuntó y luego sonrió más abiertamente—. Y lo de
joven… bueno —se encogió de hombros—. Sí, eres más joven, y más inexperta también.
—Claro, casi tres años da para tener mucha más experiencia.
—Más madurez, me refiero. —Luego miró la casa—. Me doy cuenta de que en esta
época tenéis muchas más facilidades. Todo es mucho más sencillo.
Ella se removió no muy de acuerdo.
—Yo creo que es al revés, es más complicado. El problema es que solo puedes adquirir
estas cosas si tienes dinero, si puedes permitírtelas. La gente no se ayuda y hoy en día
para un joven recién salido de la universidad es muy difícil encontrar un trabajo, ganarse la vida. No es tan fácil como piensas.
—Pero tú eres joven y eres abogada.
Ella se encogió de hombros.
—¿Te confieso una cosa? Soy abogada desde que tenía veintitrés años, recién
cumplidos —matizó. Luego se encogió de hombros—. Reconozco que tuve suerte. Hice las
prácticas en ese despacho de abogados y dio la casualidad de que uno de ellos abandonó su puesto. Así que me ofrecieron quedarme.
Ella aceptó, escuchándola atenta.
—¿Y siempre has querido dedicarte a ello?
—Sí, siempre me ha gustado.
Se contemplaron durante unos segundos y finalmente Lexa suspiró.
—¿Puedo hacerte una pregunta personal esta vez yo?
—Está bien.
Ella aceptó pensativa.
—Verás, llevo días dándole vueltas a este asunto. Al hecho de que yo me encuentre
aquí… —Ella lo miró intrigada—. Tú hiciste un conjuro de amor… yo pedí un cambio de
vida. —Se quedó pensativa unos segundos— ¿Crees que nos han juntado por algo?
Clarke se removió incómoda en el sofá.
—La verdad es que no lo sé —susurró—. Estoy igual de perdida que tú en este tema.
Escapa a mi comprensión. A veces pienso que se me ha ido la cabeza. Si no fuese porque
Raven también te ha visto pensaría que sufro alucinaciones —acabó riendo.
Ella le sonrió, pero hubo algo en su rostro que llamó su atención. Tragó saliva algo preocupada.
—¿Ocurre algo?
Ella negó directamente.
—No, es… es que todo esto es bastante complicado.
—Sí, asusta un poco —susurró Clarke—. Dudo que alguien en este mundo pueda
comprenderlo. —Se quedaron unos segundos en silencio reflexionando—. ¿Prefieres tu época o la mía?
Lexa la miró sorprendida por aquella pregunta.
—Reconozco que tu siglo tiene cierto encanto, hay… hay cosas impresionantes —
Señaló con un movimiento de cabeza la televisión—. Pero me siento demasiado desubicada. Y tengo a mi familia allí.
Ella sonrió tristemente.
—Sí, supongo que el hecho de tener una familia hace que tu siglo gane puntos — pronunció con una sonrisa triste.
Lexa inclinó una ceja y la miró con ternura.
—Te sientes muy sola, ¿verdad? —preguntó.
—Bueno, antes tenía a Finn, él era mi familia y me sentí traicionada por él —explicó—.
Tengo a Raven y a Pluto, y amigos, pero… no son mi familia, aunque los considere como tal.
Tengo a mis tíos en Inglaterra, pero… están lejos y ya no mantengo mucho el contacto con ellos desde que vine a estudiar aquí.
—¿Por qué?
Ella se mordió el labio y se encogió de hombros.
—No han tenido hijos y… bueno, a menudo pensaba que era una carga para ellos —
volvió a encogerse de hombros—. A ellos les gustaba viajar, hacer su vida, y el hecho de
tener que encargarse de una adolescente, por mucho que fuese su sobrina, y dada la mala
relación que tenía mi tío con mi madre pues… —Se quedó callada durante unos segundos
—. Por eso me vine a Escocia a estudiar. Decidí comenzar una nueva vida.
Lexa la miró fijamente.
—No has tenido una vida fácil.
Ella negó.
—Ya te he dicho que este siglo no es tan fácil como parece.
—Ya veo —reflexionó—. Mi familia es bastante extensa, y luego tenemos el clan. Somos una gran familia.
—Tienes suerte. No me extraña que tengas ganas de volver. Debes echarlos de menos.
Ella chasqueó la lengua y le sonrió algo traviesa.
—Bueno, mi familia no es muy tranquila que digamos. Siempre hay algún
enfrentamiento o… disputa —reconoció—. La verdad es que es bastante entretenido, no nos hace falta la televisión —bromeó.
Ella rio por su comentario.
—Pero debe ser bonito formar parte de un clan, contar con el apoyo de las personas que tienes a tu alrededor. Estar siempre acompañada.
—Tiene sus ventajas, aunque también sus inconvenientes. La mayor parte del tiempo
estoy deseando matar a algún familiar o miembro del clan —volvió a reír.
Un trueno hizo que los cristales retumbasen y Clarke se giró para observar la ventana.
Estaba cayendo una buena tormenta. Solo esperaba que fuese pasajera para poder disfrutar de los días que le quedaban de vacaciones.
Cuando volvió a girarse Lexa la contemplaba fijamente. Las llamas hacían que sus
ojos verdes brillasen aún más, su piel parecía bronceada y su cabello castaño oscuro brillaba.
Notó como aquella mirada la quemaba. Jamás había visto en una persona una mirada tan penetrante como aquella.
Se sintió intimidada y se sentó correctamente en el sofá, luego se puso en pie. Al
momento Lexa también se puso en pie, algo que llamó su atención.
—Creo que será mejor que vayamos a descansar. Si mañana hace buen día podemos madrugar y aprovecharlo al máximo.
Lexa afirmó aún con aquella mirada cargada de sentimientos. No sabía cómo la
describiría: ¿Era pasión? ¿Cariño? ¿Ternura? ¿O lástima por ella?
Pasó por su lado y se dirigió a las escaleras. Lexa la siguió en silencio. Al llegar a la
planta alta tuvo que ir palpando las paredes para no darse algún golpe, pues no conocía la
casa y no había nada de luz. Por contra, Lexa parecía moverse con más vitalidad que ella.
—¿Te ubicas? —preguntó pasando por su lado.
—Creo que sí. —Abrió la puerta de su dormitorio y al momento notó la presencia de Lexa a su lado.
—Está bien, que descanses. Buenas noches.
Notó como colocaba su mano en su hombro, acariciándolo.
—Buenas noches —susurró girando su rostro hacia ella.
Se quedó unos segundos quieta hasta que Lexa abandonó su contacto y se dirigió a su habitación.
Una vez escuchó que Clarke cerraba la puerta entró en el suyo y tuvo que apoyarse
contra la puerta respirando profundamente. Clarke era una mujer extremadamente fuerte,
valiente… pero en aquel momento le había parecido tan vulnerable que había sentido
deseos de quedarse a su lado para siempre. Estaba sola en el mundo, totalmente sola, sin
nadie que pudiese ayudarla, cuidarla y protegerla.
¿Por qué le habían mandado hasta allí si no podía quedarse?
Estuvo a punto de gritar por la impotencia que sentía, por el dolor que en cierto
modo le embargaba. En ese momento fue consciente, ella comenzaba a importarle,
demasiado. La figura de su esposa, de Costia, se difuminaba lentamente y cada vez
cobraba más importancia la de ella. Clarke era vulnerable, aunque ella intentase aparentar
fortaleza era una chica perdida, que necesitaba del cariño y del amor de alguien.
Se alejó unos pasos de la puerta y la contempló fijamente, debatiéndose en ir hacia su
dormitorio, en besarla, abrazarla, e incluso hacerle el amor de forma desesperada, pero
tuvo que contenerse, aquello empeoraría las cosas y le causaría mucho más dolor a su partida.
Ya había sufrido suficiente por Costia, no quería volver a sentir aquel dolor que llegaba a desgarrar las entrañas y el corazón.
Cuando el móvil sonó se dio media vuelta, lo cogió, lo apagó y volvió a acurrucarse
entre las mantas. Parecía que el día seguía nublado, pues entraba poca luz por la ventana.
Se estaba tan relajada ahí, tan a gusto.
No supo cuánto tiempo más estuvo dormida, pero se despertó asustada por los golpes en su puerta.
—¿Clarke? —escuchó la voz de Lexa al otro lado.
Se incorporó de inmediato en la cama apartándose el cabello y cogió el móvil para
observar la hora. ¡Las once de la mañana! ¿En serio?
—¿Clarke? —volvió a preguntar mientras aporreaba la puerta— ¿Estás bien?
Se levantó de inmediato poniéndose las zapatillas.
—Sí, sí… perdona. Me he quedado dormida. Lo sientooooo —gritó mientras se miraba
en el espejo. Menudas pintas llevaba. El pelo totalmente revuelto y la marca de la
almohada en la mejilla. Resopló y miró hacia la puerta. Necesitaba una ducha urgente.
Abrió su maleta acelerada y cogió la ropa que iba a ponerse. Parecía que el día seguía
nublado, y seguramente haría bastante frío. Cogió unos tejanos, un jersey azul cielo, ropa interior y se dirigió a la puerta.
Lexa la esperaba apoyada contra la pared, aunque se sorprendió cuando la vio salir con el pijama.
—Lo siento —volvió a gemir—. No me he dado cuenta.
—No te preocupes —pronunció mirándola con detenimiento mientras se dirigía al
aseo—. Era solo que estaba preocupada. Como habíamos quedado que nos levantaríamos pronto…
—Sí, sí… lo sé —volvió a decir con voz culpable.
—¿Vas a darte una ducha?
—No tardo nada —dijo mientras cerraba la puerta.
Nada más cerrar se metió bajo la ducha. Qué injusto era el mundo. Lexa parecía sacada
de una revista de moda. Olía bien, arreglada… en todos estos días no le había visto una sola vez que no estuviese deslumbrante.
Se dio uno ducha rápida y cuando bajó a la planta baja Lexa le esperaba con un café preparado para ella.
—Vaya, gracias. —Lo aceptó sonriente mientras se sentaba a la mesa. Lexa se colocó
frente a ella—. Menudo día hace hoy también —pronunció mirando por la ventana que tenía justo frente a ella.
—Sí, pero al menos no llueve —sonrió—. He dado un paseo por los alrededores.
Casi se atragantó.
—¿Has salido a pasear?
Lexa se encogió de hombros.
—Como no te levantabas he decidido aprovechar. Me he encontrado con la
propietaria de la casa —siguió explicando—. Dice que hay una tienda en un pueblo
cercano, a unos diez minutos en coche. Podríamos ir a comprar.
—Me parece buena idea. Aquí no hay de nada.
—Hay café —apuntó divertida.
—Sí, café, pero nada más.
—Sí, y me muero de hambre —siguió bromeando—. También me ha dicho un par de
sitios para visitar. Dice que a una hora y poco a pie hay una cascada. Podríamos ir a verla.
Ella aceptó.
—Sí, claro.
—Yo ya he estado, así que sé dónde encontrarla. No nos perderemos. —Ella se mordió
el labio y aceptó—. Podríamos ir caminando, aunque me ha dicho que aquí cerca hay una
granja que tiene caballos… —Ella lo miró sospechosa a lo que Lexa comenzó a reír—. De
acuerdo, mensaje captado. Nada de caballos.
—Exacto. Nada de caballos —acabó su café y metió la taza en el lavavajillas—. Bueno —
suspiró—, pues vamos a comprar.





SE VIENE LO BUENO😏

SE VIENE LO BUENO😏

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Ojos verdes. (Clexa)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora